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Advierten sobre el peligro del proteccionismo de Cristina

La etapa proteccionista recién está comenzando, le dijo Carolina Hollige, de la Universidad Austral, a Wharton Universia: “Veo este escenario prolongándose más allá de este Gobierno, pero no puedo arriesgar cuánto más…”

 

PENNSYLVANIA (Wharton Universia). Ya no más productos importados gourmet en los supermercados argentinos, ni electrodomésticos Made in China, calzado brasileño o prendas de países baratos. El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner prefiere el “compre nacional” y apuesta a una economía cerrada en la que hay ganadores y perdedores.
 
Desde que el mundo sufre una de las crisis económicas más desestabilizadoras, que comenzó en 2008 con la explosión de la burbuja de las hipotecas en Estados Unidos y siguió con la depresión griega y española, el crecimiento del comercio mundial se desaceleró un 8,8% entre 2010 y 2011, según la Organización Mundial del Comercio (OMC). Es decir, mientras en 2010 el comercio aumentaba un 13,8%, en 2011 solo lo hizo en un 5%.
 
Los informes de seguimiento presentados por este organismo internacional indican que entre el estallido de la crisis a finales de 2008 y el final del cuarto trimestre de 2011 se adoptaron 1.243 medidas comerciales proteccionistas. Además, en junio de este año la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea señaló en un comunicado: “... la UE constata un aumento vertiginoso del proteccionismo en todo el mundo, reflejado en las 123 nuevas restricciones al comercio introducidas en los últimos ocho meses…”.
 
Es decir, que tanto países industrializados como en vías de desarrollo han acudido a medidas proteccionistas como primera reacción ante una crisis grave para “salvar lo propio” y priorizar la economía interna, dice Lourdes Casanova, profesora de Estrategia en Insead y de Johnson School of Business, en Cornell University.
 
Los riesgos del caso argentino
 
Argentina refleja esta realidad a través de una larga lista de medidas impuestas en el último año, que enumera Ernesto O’Connor, director del Programa de Análisis de Coyuntura de la Escuela de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA): cupos y licencias no automáticas para importaciones, solicitudes de compensación de balance comercial para empresas importadoras (que exporten otros bienes por igual monto) y la suba del arancel externo común para 100 productos industriales en acuerdo con el Mercosur. A esto se suman las restricciones a las exportaciones de carnes, lácteos, trigo y maíz vigentes desde hace cinco años con el fin de abastecer el mercado interno.
 
El cepo cambiario, o sea la imposibilidad que le impuso el Gobierno a partir de este año a los argentinos de poder comprar monedas extranjeras, también constituye una forma de cerrar la economía ya que cada vez le resulta más caro a los locales viajar al exterior; y tampoco pueden ahorrar en dólares, una costumbre histórica argentina. En la última semana de agosto se sumó un impuesto del 15% sobre el uso de tarjetas de crédito en el exterior, lo que encarece el consumo de los argentinos e incita a gastar en el país.
 
“Todas estas medidas muestran que Argentina ha dado un vuelco importante en su política de inserción internacional, apuntando a una economía más cerrada y buscando ser autosuficiente”, sostiene Sebastián Auguste, director de MBA y EMBA de la Universidad Torcuato Di Tella. 
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Según explica el Dr. Marcelo Pedro Dabos, director del MBA y Centro de Investigaciones en Economía y Finanzas Aplicadas (CIEFA) de la Escuela de Posgrado en Negocios, Universidad de Belgrano, el motivo de este giro en la política económica argentina no está en la búsqueda de protección frente a la crisis internacional, su objetivo principal es mantener “la producción, el consumo y el empleo de la población elevado, financiar al Estado y preservar y acrecentar en lo posible las reservas internacionales del país para cumplir con los compromisos internacionales de deuda y pagos”. Y añade que estas metas “son funcionales al bienestar de la población y a ganar las elecciones por parte de los políticos”. De hecho, se comenta que la medida de frenar la compra de divisas responde a la fuga de capitales, que en los últimos meses llegaron a un promedio de 600 millones de dólares al mes, según datos del Banco Central.
 
Las clases media y alta de la sociedad son quienes más resisten y sufren las prohibiciones en cuanto a las divisas ya que sienten que afecta directamente a sus bolsillos; mientras que las empresas que necesitan insumos del exterior para producir a nivel local encuentran dificultades para cumplir con sus niveles productivos por el cierre de importaciones.
 
Sin embargo, la industria local puede beneficiarse de que el Gobierno incentive su desarrollo, siempre y cuando haya reemplazo local, sostiene Carolina Hollige, profesora de Comercialización de la Facultad Ciencias empresariales de la Universidad Austral. Es decir, las medidas proteccionistas deben estar acompañadas de medidas que incentiven el desarrollo de la industria local, “buscando alcanzar los niveles de tecnología, calidad y prestación estándar en el mercado globalizado. Si sólo se genera proteccionismo per se, los resultados pueden ser perjudiciales”, advierte.
 
En la misma línea, Di Tella añade que “aunque las medidas proteccionistas se tradujeran en inversión, el riesgo de esta política es que, ante las señales de escasez que da el mercado por la falta de productos importados, esta inversión se canalice en industrias que no son competitivas ni en el corto ni en el largo plazo en el país”. Y denuncia que “falta una estrategia de desarrollo”.
 
De momento, el efecto inmediato más negativo ha sido la subida de precios ante la incertidumbre y la falta de acceso al mercado de crédito. La inflación anual argentina supera el 25%, según las estimaciones de organizaciones privadas.
 
Argentina no está sola
 
El cartel de “cerrado” o “closed” no está solo en la puerta de las fronteras argentinas y corresponde, en parte, a una tendencia del Mercosur -el bloque comercial que une a Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay e incluye, desde el 31 de julio, a Venezuela- de incrementar el proteccionismo.
 
Brasil, que hoy se posiciona como una nueva potencia mundial, aplicó recetas de distinto tipo con el objetivo de depreciar su moneda respecto del dólar en un 19% ante la llegada de capitales especulativos. Lourdes Casanova señala que, desde 2010, el Gobierno brasileño impuso encajes o restricciones a las inversiones de no residentes, un impuesto de un 6% sobre las operaciones, bajó las tasas de interés e intervino en el mercado cambiario para bajar el valor del real.
 
Los expertos señalan que la tendencia proteccionista de Mercosur adquiere una mayor profundidad con la reciente incorporación de Venezuela al bloque. “En Argentina y Venezuela se observa un Estado interventor, que estatiza compañías que operan en la órbita privada, y que a la vez no invierte lo necesario en infraestructura básica”, detalla Auguste, de la Di Tella.
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La realidad es que a partir de la retracción del comercio internacional a través del proteccionismo aumentaron las disputas ante la OMC. Argentina, al menos, acumula quejas de unos 40 países contra las licencias no automáticas y otras medidas que el país impone a las importaciones de un abanico de mercancías, como neumáticos, tractores, electrodomésticos, químicos, automóviles, maquinarias, medicamentos, textiles o papelería.
 
Sin ir muy lejos, el presidente del vecino Uruguay, Pepe Mújica, se quejó ante los medios porque "la Argentina toma medidas crudamente proteccionistas, que tiene el derecho fundamental de su soberanía, pero que nos pueden perjudicar". El cepo al dólar y el impuesto del 15% a las compras con tarjetas impactarán en las próximas vacaciones de verano, a partir de diciembre, ya que Uruguay es destino de miles de turistas argentinos que adoran sus playas. Además, es un polo de inversión inmobiliaria que en este momento está parado.
 
¿Seguir o parar?
 
Dabos, de la UB, cree que el proteccionismo ha llegado para quedarse. En primer lugar, porque los países desarrollados no están dispuestos a su renuncia, sobre todo en el ámbito agrícola, y “los países en desarrollo tampoco puesto que están consiguiendo tasas de crecimiento relativamente altas a pesar de la crisis en los países desarrollados”, dice. “Otra importante razón es que no resulta razonable que los países cuyas economías están más desarrolladas exijan a los países en desarrollo el cumplimiento de normas de comercio internacional que ellos mismos no cumplen”. Y en el caso particular de Argentina y Brasil, continua Dabos, “el proceso de industrialización tiende a profundizar el desarrollo de su industria nacional, el cual posibilita el empleo de sus poblaciones más allá del medio rural”.
 
Desde la otra vereda, Auguste, profesor de Di Tella, preferiría que en la Argentina este modelo de sustitución de importaciones sea momentáneo para pasar a otro promotor de exportaciones de alto valor agregado. Hoy, dice Auguste, “el país puede exportar commodites pero también bienes manufacturados; servicios de calidad, como la industria del software; diseño textil; publicidad, etc. Es exportador de genética y tiene un muy buen potencial en biotecnología. Para apuntalar esto se necesita un tipo de cambio competitivo, un Estado que acompañe con la infraestructura necesaria, con la educación, con políticas que abran mercados, apoyando la difusión de tecnologías”.
 
Casanova cree que en el medio plazo todo debería volver a equilibrarse, ya que “la competencia global es un gran incentivo para mejorar la productividad y fomentar la innovación. No se puede perder de vista esto para que se logren mejoras económicas sostenibles a largo plazo”.
 
Y bajo la óptica de Carolina Hollige, de la Universidad Austral, la etapa proteccionista recién está comenzando. “Veo este escenario prolongándose más allá de este Gobierno, pero no puedo arriesgar cuánto más…” La incógnita queda abierta.

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