La idea del oficialismo es que los principales bancos presten hasta el 5% de sus depósitos en un plazo mínimo de 3 años con una tasa fija anual del 15 por ciento.
La mitad de los fondos debe destinarse a las pymes. El piso estimado de ese fondeo son $15.000 millones.
Se trata de la tasa de interés que presta el Banco de la Nación Argentina, institución que no tiene obligación de generar utilidades y que administra fondos de costo diverso (la tasa de interés activa -la que cobra una entidad- no es solamente consecuencia de la rentabilidad esperada sino también de la tasa de captación -la pasiva- de los fondos prestables).
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Pero la iniciativa encontró dificultades para ser aceptada, sobre todo entre los bancos de capitales extranjeros, señalaron al diario oficialista BAE fuentes oficiales.
Resulta evidente la influencia de lo que ocurre en Brasil, donde Dilma Rousseff empujó hacia abajo la tasa de interés del sistema bancario, pero habría que recordarle a Cristina Fernández que, antes de exigirle a los bancos una menor tasa activa, Dilma provocó que el Banco Central bajara la tasa Selic (la tasa de interés básica que fija la autoridad monetaria), y también descendió la tasa de interés pasiva, a partir de una modificación en lo que paga la Caixa Federal por los depósitos más populares.