El faltante de anestesias se debe a que “uno de los componentes químicos se importa de Alemania. Y los tubos en los que se distribuyen son mexicanos. Si bien hay cosas que se fabrican en el país, sin componente y sin envase no hay anestesia”, clarifica el odontólogo Alberto Valente.
En cuanto a la ortodoncia, se detalla que “faltan brackets, por ejemplo. Y ya estamos sustituyendo algunas siliconas para tomar impresiones por marcas locales. El problema es que al menos el 80% de los insumos odontológicos son importados y el mercado local no está dando abasto para sustituir lo que falta. La sensación es que tenemos encima la espada de Damocles: si nos quedamos sin insumos mañana no trabajamos. No sé a dónde apuntan con las trabas a las importaciones pero así los únicos perjudicados son los ciudadanos”, opina Braun.
“Adhesivos para pegar brackets de primera calidad ya no hay. O a veces hay y a veces no. El otro día no había ácido, que es lo que ponemos antes de los brackets para dejar el diente poroso. Eso es todo importado. El tema es que industria nacional de brackets no existe”, añade el ortodoncista Javier Frenck.
En La Pampa, los odontólogos se reunieron el martes (14/08) para evaluar la gravedad de la situación. “Además de los insumos básicos, acá quedan pocos materiales para hacer arreglos de caries, amalgamas, agujas para las jeringas”.
El segundo problema derivado es el aumento de precios. “ Acá, en Tucumán, las anestesias no se están vendiendo en cajas sino en blisters de 10 unidades. Es un tema delicado porque es como cuando falta combustible: no se si hay escasez o especulación”, dijo el odontólogo Roque Avellaneda.
En la Ciudad de Buenos Aires, Valente, suma: “Es que cuando conseguimos los productos el precio está duplicado o triplicado. Ya absorbimos los costos de la inflación y ahora, por cada compra, tenemos que llamar a 10 lugares distintos y hacer una pequeña licitación para ver dónde está el precio más bajo. Si uno tiene un consultorio privado puede subir los honorarios pero si trabaja por intermedio de una obra social o una prepaga, está restringido por esa tercerización”.
“Las amalgamas también se están consiguiendo al doble de lo que valen. Y por cada producto hay que montar toda una búsqueda: faltaban ciertas marcas de adhesivos y conseguimos después de llamar todo el día para ver a qué distribuidor le quedaban”, coincide Esteban Repetto, especializado en cirugía odontológica.
“Lo mismo nos pasó con la silicona fluida, las gasas para cirugía o el hueso, un polvo que usamos para hacer implantes. Hay marcas nacionales que valen menos pero son de menor calidad”.
Detrás de la pelea están los pacientes que, aún cuando saben que un implante o un tratamiento de ortodoncia ya es un artículo de lujo, piden un turno igual. Lo que reciben, ahora, es un: “Vamos a tener que suspenderlo”. Es más: “Les estoy pidiendo a mis pacientes que extremen sus cuidados –cuenta Saitúa– porque si esto sigue así vamos a atender sólo las urgencias y a posponer todo el resto”.