Y ello a pesar del maquillaje provisto por una ayuda contable de nada menos que $ 7.285 millones en concepto de rentas de la propiedad ($ 5.140 millones de la Seguridad Social y $ 1.940 millones del BCRA).
Esto quiere decir que sin esa ayuda extra el déficit primario habría escalado a $ 8.000 millones.
Aun sin maquillaje, este año cerraría con un déficit primario de al menos 0,5 % del PBI, lo que constituiría el peor desempeño de las últimas 2 décadas.
> El déficit final —computados los pagos del servicio de la deuda y maquillaje mediante— fue $ 3.767 millones, 14 % mayor al de junio del 2011 pese a que se pagaron $ 1.200 millones menos de intereses este año.
** Sin la ayuda contable mencionada, el déficit final —financiero, en la jerga de las finanzas públicas— asciende a más de $ 11.000 millones.
** Aun contando la ayuda de las rentas de la propiedad, el año podría cerrar con un déficit final de 3 % del PBI.
> El acumulado del 2do. trimestre evidencia también el pronunciado deterioro.
> El déficit final estalló 203% respecto al mismo trimestre de 2011.
> Y el resultado primario se deterioró 55%.
> Sin la ayuda de las rentas de la propiedad este año el déficit final del 2do. trimestre habría superado los $ 14.900 millones.
> Siguiendo el mismo procedimiento, el déficit final del 1er. semestre se ubicaría en los $ 24.000 millones mientras que en la primera mitad de 2011 había sido de $ 10.000 millones.
> El gobierno maneja el Fondo de Sustentabilidad del Sistema de Seguridad Social como si se tratara una empresa comercial en manos del estado, a la que se le ordeñan dividendos.
> Este adueñamiento del gobierno de supuestas ganancias del Fondo de Sustentabilidad y su apropiación para las más disparatadas finalidades (desde el Fútbol para Todos a solventar las erogaciones de los fiscales), constituye un vaciamiento progresivo de la caja previsional, perpetuando el desamparo y al defraudación de futuras generaciones de jubilados.
> Por otro lado el recurrir repetidamente a adelantos transitorios y supuestas ganancias —no realizadas ni realizables— del BCRA demuestra una tendencia a monetizar buena parte del quebranto del Tesoro.
> Cuando se analiza en detalle el cuadro fiscal, las dinámicas inversas de ingresos y gastos resultan particularmente alarmantes.
La aceleración en el deterioro de las cuentas fiscales obedece al impacto sobre los ingresos de la caída de la actividad económica frente a un gasto público en permanente crecimiento en términos reales.
> Se observa una notable desaceleración en los dos principales rubros de ingresos, impuestos y recaudación del sistema de Seguridad Social.
> En el caso de los ingresos tributarios, el frenazo es particularmente brusco: en junio aumentaron 16 % interanual —muy por debajo de la inflación— mientras que en el mismo mes del año pasado crecían 50 % más rápido.
Esta desaceleración, con una economía que se encuentra en plena contracción, podría convertirse en un estancamiento en términos nominales del principal rubro de recursos.
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> La recaudación de contribuciones a la Seguridad Social también ha comenzado a sufrir una desaceleración, aun incipiente pero que se profundizará en los próximos meses: en junio aumentaron 28 % interanual frente a 33,5 % con que lo hacían un año antes.
> El crecimiento combinado de impuestos y recursos apropiados a la Seguridad Social, es 22,4 % interanual, lo que es negativo en términos reales.
> Lo grave es que estos dos rubros, además de explicar más de 4/5 de los ingresos, son los que más aumentan (salvo las tramposas rentas de la propiedad, que saltan más de 130%).
> Los gastos, por su parte, siguen creciendo a un ritmo de 30% interanual.
> Las prestaciones de la Seguridad Social, el gasto de consumo y operación del estado y el rubro otros —sumados representan dos tercios de las erogaciones corrientes— crecen 42%, 30% y 39%, respectivamente.
> Esto significa que dos terceras partes de los gastos corrientes —de muy difícil reestructuración— crecen a un feroz ritmo promedio de 38,8% interanual.
> El déficit operativo de las empresas públicas sigue alzándose en junio a un vertiginoso 97 % interanual y en el 1er. semestre representó casi 20 % del déficit final (y eso sin considerar otras cuentas donde la contabilidad oficial esconde el quebranto de las compañías estatales).
La pérdida de estas empresas y los misteriosos otros gastos corrientes representan tanto como 90% del déficit fiscal de la 1ra. mitad del año.
> Un alivio importante para los números de junio fue la caída de 28 % interanual en lo abonado en concepto de intereses de la deuda.
> Las transferencias al sector privado crecieron en junio 28 % interanual, lo que significó un salto frente al ritmo de 18 % interanual al que promedió el 2do. trimestre.
** En los primeros 6 meses del año se gastaron más de $ 54.100 millones en subsidios al sector privado.
** Eso equivale a 4 veces lo erogado en obras públicas durante ese mismo período.
** La semana pasada el gobierno anunció que congelará los aportes para el transporte, que representan poco más de 11% del total erogado en concepto de subsidios al sector privado.
> Fue en las correspondientes al sector público —provincias, municipios y universidades— donde se observó una contracción en términos reales, al aumentar 20,6 % interanual en términos nominales.
> Pero son las transferencias de capital para obras en las provincias las que están sobrellevando el grueso del ajuste K.
** Prácticamente se estancaron en términos nominales —apenas aumentan 1% interanual— lo que supone una muy fuerte caída en términos reales.
** Este comportamiento no fue privativo de junio sino que caracterizó a los meses previos: durante el segundo trimestre aumentaron 6% nominal interanual mientras que en el primero trepaban 35%.
> Las erogaciones para obras públicas federales que saltaban 52 % interanual en los primeros 3 meses del año, se desaceleraron a un alza de 30 % en el 2do. trimestre.
> Esta trayectoria divergente entre gastos al alza e ingresos contrayéndose en términos reales sólo podrá financiarse con la continua asistencia del BCRA y nuevos manotazos al Fondo jubilatorio.
> En este marco, todo hace pensar que la ya altísima tasa de expansión de los medios de pago —la base creció en junio 33,9% interanual— se acelerará en lo que resta del año.
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> Más emisión monetaria, más presión tributaria y más controles nos condenan a los padecimientos de la estanflación y a un atraso cambiario siempre creciente.
> Esto marca una gran diferencia —en contra— con lo que vivimos 3 años atrás.
> En aquel momento, la recesión originada por la crisis internacional —y ayudada por el enfrentamiento con el campo— fue acompañada de una desaceleración de la inflación, que llegó a converger a 13,5%.
> Otra diferencia no menos significativa es que en esa oportunidad no se registró el incipiente deterioro en el nivel empleo que comenzó a observarse en el segundo trimestre de este año.
> La paradoja de una recesión conviviendo con alta inflación se explica fácilmente.
> En el presente cuadro de desconfianza y temores, retraso cambiario, tasas negativas y acelerada emisión monetaria son las únicas válvulas de escape son los bienes (precios) y el dólar marginal (tipo de cambio real).
> Pero esa mayor demanda ocasional de algunos bienes no es soporte suficiente para un incremento de la actividad productiva en un clima tan enrarecido y con una economía tan cerrada.
> El agravamiento del atraso cambiario —la inflación aventajará entre 8 y 10 puntos porcentuales a la tasa de devaluación— acentuará los problemas de la balanza comercial no agrícola, complicando más la actividad y potenciando las tensiones cambiarias.
> Con la soja a precios de fantasía, fuerte atraso cambiario y creciente falta de competitividad de los sectores secundario y terciario, la Argentina apunta a constituir un nuevo paradigma de la denominada enfermedad holandesa.