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A $ 5,10, corramos a endeudarnos para comprar...

¿Quién venderá dólares a $ 5,10 en el mercado libre? Solamente el Estado puede ser tan necio. O Aníbal Fernández, si Cristina Fernández, enojado con él, le obliga a vender sus tenencias. Irrealidades de una Administración desconcertada... y eso que esto recién comienza...

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Lunes 04/06 importante, no solamente por la irregular Asamblea de Accionistas que convocará el kirchnerista y nada prestigioso Alejandro Vanoli sino también por las acciones del Ejecutivo Nacional para forzar al mercado libre a operar en $ 5,10, tal como ha prometido el senador nacional Aníbal Fernández.
 
Es el 2do. capítulo de una tarea que ya realizó Guillermo Moreno meses atrás, provocó que el mercado libre de cambios se retrajera fuertemente y 2 semanas regresó para el presente, que horroriza a la Administración Cristina y fuerza el nuevo intento interventor.
 
Por lo tanto, ¿es mercado libre o no es mercado libre?
 
¿Es mercado negro o no es mercado negro? Esta locura de pretender regular el mercado negro solamente puede ocurrir en el kirchnerismo cristinista...
 
Acerca del dólar, algunas lecturas para tener en cuenta:
 
Hugo E Grimaldi en La Gaceta, de San Miguel de Tucumán:
 
"(...) Preferir el peso al dólar parece al menos de ingenuos y mucho más si uno de los operadores más hábiles del Gobierno se enreda en su propio discurso y mete más ruido en la línea, como le pasó al senador oficialista Aníbal Fernández. 
 
> El lunes dijo que "liberar el dólar sería un suicidio"; 
 
> el martes que "la Argentina tiene que empezar a pensar en pesos"; 
 
> el miércoles que "detrás de las decisiones de Guillermo Moreno está la Presidenta"; 
 
> el jueves explotó y dijo que tiene dólares "porque se me antoja, es mi derecho, hago lo que quiero con mi plata"; 
 
> el viernes bajó los decibeles con un "me equivoqué porque me calenté" y el sábado sorprendió con que este lunes el "blue" podría abrir "a $ 5,10 en las casas de cambio". (...)".
 
 
Responden desde el oficialismo, citando a un anónimo funcionario del Banco Central (¿Matías Kulfas, el gerente general?), Ignacio Chausis y Randy Stagnaro, en  Tiempo Argentino:
 
"Luego de una semana en la que sobraron operaciones de todo tipo en relación a la política cambiaria, y en la que se escucharon muchas voces en relación al dólar, el Banco Central salió ayer a ratificar el rumbo sostenido hasta el momento, a la vez que rechazó cualquier modificación en el tipo de cambio. 
 
“No habrá ninguna modificación en el tipo de cambio administrado”, expresó ayer a este diario una alta fuente de la entidad que preside Mercedes Marcó del Pont. “Tanto el Banco Central como la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) van a seguir combatiendo el mercado paralelo del dólar, que cada vez se reduce más”, agregó la fuente, que prefirió el anonimato.
 
(N. de la R.: ¡Cuidado! En su defensa ante un oficio judicial, la Afip respondió que no tiene nada que ver con las restricciones a la compra de divisas).
 
Según los datos que maneja la entidad de regulación monetaria, las operaciones en el mercado ilegal –conocido también como dólar blue– cayeron en la última semana. “El mercado ilegal representaba el 2,5% de los montos registrados en el mercado oficial, cuando actualmente no alcanza al 2 por ciento. No hay ninguna lógica por la cual alguien pague seis pesos por un dólar”, señaló.
 
Si bien retrocedió en los últimos días, el dólar ilegal cerró el mes de mayo con un alza de 17%, extendiendo la brecha con la cotización oficial, estabilizada en torno a los $ 4,5. En medio de este escenario, algunas de las versiones periodísticas de los últimos días hablaban de un desdoblamiento del tipo de cambio para diversas actividades económicas, o incluso de una repentina pesificación total de la economía.
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“No vemos una devaluación en el horizonte, más allá de que algunos sectores la estén impulsando fuertemente. Todos los que aventuren una cotización para el dólar se van a equivocar. Hoy el Central tiene reservas sólidas, hay estabilidad”, manifestaron desde la autoridad monetaria. (...)".
 
 
Mucho más poderoso que los inexistentes funcionarios del BCRA es Axel Kicillof, y acerca de él escribió Mariano Spezzapria en El Día, de La Plata:
 
"(...) La reaparición pública del viceministro Kicillof no fue casual, por cierto. La presidenta Cristina Kirchner lo mandó a poner la cara porque a él, precisamente, le atribuyeron un proyecto para pesificar integralmente la economía que provocó mucho ruido, más que el aconsejable, entre los empresarios de primera línea.
 
Tampoco vienen reaccionando bien los ahorristas desde que el Gobierno instrumentó las restricciones al mercado cambiario, a juzgar por el hecho de que fue retirado el 25% de los depósitos en dólares en los últimos siete meses. La cruzada "cultural" del Gobierno choca así contra un muro de desconfianza.
 
¿Por qué la gente se refugia en el dólar, más allá de si lo deja en el banco o debajo del colchón? Los economistas hacen una cuenta sencilla: quien compró dolares el año pasado a $4,20 y vendió ahora en el mercado paralelo a un promedio de $5,90, ganó casi un 40% apostando sus ahorros al billete norteamericano.
 
Ese 40% es justamente lo que "el mercado" está señalando como la "tasa de devaluación" del peso argentino. En boca de un intendente oficialista del Conurbano: "Te aseguro que el dólar va a estar a cinco mangos para fin de año. El Gobierno es operativo, no dogmático", pronosticó ante este columnista.
 
Ese nivel, en torno a los cinco pesos, es el que Moreno comenzó a exigir para la cotización del dólar "blue" a los dueños de las casas de cambio que manejan las operaciones en la City porteña. Por lo visto, el Gobierno no aspira a eliminar el mercado paralelo, sino a contenerlo para administrar la devaluación. (...").
 
 
También sobre el tan mentado Kicillof, Carlos La Rosa, en Los Andes, de la ciudad de Mendoza:
 
"(...) Sin embargo, el niño Axel será revolucionario pero no estúpido, por lo cual sus dardos contra el enemigo inventado los estaba lanzando hacia los únicos culpables de que se haya instalado el rumor de la pesificación compulsiva: todas astillas de su palo. Astillas que de tanto sobreactuar obediencia pueden devenir los principales enemigos objetivos del gobierno, como tan bien entiende el lúcido de Axel.
 
Betty, la mala
 
La primera en salir al ruedo fue la segunda de Guillermo Moreno (el angoleño), una señora de armas tomar llamada Beatriz Paglieri, la misma que cuando su inmediato superior dispuso en 2007 que de allí en más estaría prohibido hablar de algo que no existía, la inflación, echó a taconazos a todos los pobres empleados del Indec por el solo crimen de decir, a lo Galileo Galilei: no habrá inflación, eppur il peso si muove. 
 
Ahora, Paglieri, queriendo superar en chifladura a Moreno, le indicó a los gritos a uno de los periodistas más leales al “proyecto”, Eduardo Anguita, que en la Argentina ¡no hay fugas de dólares! Pero como el cronista insistió en que algo de fuga había, ella remató diciéndole que “no se puede trasmitir información que le haga daño al país”, acusando al confundido escriba oficialista de ser otro cipayo más, traidor a la patria. 
 
Por supuesto que, como le pasó a Moreno, que mientras más inflación negaba más ésta crecía, desde que “Betty, la mala” aseguró que no hay fuga de dólares y que si la hay está prohibido hablar de ella, todos los dólares que pudieron irse al exterior no dudaron en acelerar la huida, y los que no, alcanzaron para agotar el stock de colchones y de cajas de seguridad.
 
La locura de los argentinos. Después le tocó el turno al jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina, en su primera aparición en el Congreso. Allí el hombre afirmó que “hay que avanzar en un proceso de desdolarización para volvernos más normales”. No dijo pesificación, sino desdolarización, pero salvo que haya querido sugerir cambiar dólares por euros, no parece haber mucha diferencia entre desdolarizar y pesificar.
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No obstante, Abal Medina avanzó un paso más en la identificación de enemigos a los que nos tiene acostumbrados el gobierno. Dijo que hay un “gran problema cultural con los argentinos que piensan en dólares” (vale decir, con los cuarenta millones de argentinos, Aníbal incluido como enseguida veremos), y a continuación, devenido psicoanalista de café, explicó que los que compran dólares están dominados por “una manía obsesiva compulsiva de pensar en dólares”. En otras palabras, la gente compra billetes verdes porque está rematadamente loca."
 
 
Pero el kirchnerismo cristinista no se rinde y sigue enviando sus consignas.
 
A propósito de Eduardo Anguita, quien de economía entiende poco y nada pero hace de vocero porque le pagan para ello, habló con un funcionario económico y en el semanario hiperoficialista Miradas Al Sur, escribió el parte gubernamental:
 
"(...) “El atesoramiento en dólares terminó”, dijo a este cronista una de las autoridades más altas del área económica del Gobierno. “Era indispensable frenar la demanda de dólares” porque el posicionamiento en moneda norteamericana era una condición para presionar a la devaluación, y agregó: “Vamos a administrar los dólares, no vamos a devaluar”. 
 
El desafío consiste en transitar a una Argentina que no emite sus pesos en función de las reservas en dólares sino en función de las necesidades de su producción. “Los dólares se necesitan para otra cosa” –fue enfática esta fuente– y no para alimentar el colchón que, dicho sea de paso, en general consiste en quitar billetes verdes de la circulación oficial y mezclarlos con los dólares provenientes de mercados ilegales (llamados paralelos, pero que cuidan puntillosamente de no pagar los impuestos). “Los dólares que hay en la Argentina no alcanzan para que la gente atesore en esa moneda”, dijo sin vueltas el interlocutor, aclarando que los “dólares genuinos” ingresan por la liquidación de exportaciones. (...)
 
“Hay condiciones objetivas –afirma la fuente– para desdolarizar. Esta no puede ser más una economía bimonetaria.” Las incomodidades que resaltan muchos analistas deben ser sopesadas en relación a las recetas de los sectores de poder económico: “Ellos siempre son devaluacionistas o endeudadores” a la hora de manejar la economía.
 
“Nosotros no somos ni una cosa ni la otra –afirma– y tenemos las reservas suficientes (en el Banco Central) como para resistir embates.”
 
Respecto de quienes están pagando casi 600 pesos por la plancha de 100 dólares de los Boden 2012 que vencen el 3 de agosto, dijo que no hay ninguna idea de diferir los pagos y que no constituye más que una presión puntual. “La Afip sabe muy bien quiénes son los que tienen los cupones de Boden y si quieren pasar los dólares al circuito ilegal los pueden enganchar”, dijo. Los mecanismos de control existen también para algún operador financiero que quiera sacar dinero de los circuitos legales.
 
Si bien reconoce la lentitud de la liquidación de exportaciones de granos, aclara que no tienen otra salida que ingresar en forma legal por el mercado único de cambios y que las especulaciones devaluatorias evalúan mal la fortaleza del Gobierno. “El Banco Central puede bancar de sobra”, grafica. En ese sentido, resalta la decisión tomada a fines de 2012 respecto de que las petroleras y mineras estén obligadas a liquidar sus utilidades en la Argentina. Dado el enojo de las grandes mineras y su resistencia a cumplir con estas medidas, recientemente se tomó una medida (resolución 197 del Ministerio de Economía) que obligaba a esa liquidación en un plazo de 15 días. Dada la operatoria del transporte en barco de ciertos minerales, que insume en algunos casos hasta un mes, el plazo se extendió a 30 días. No se trató de una concesión sino de una adecuación.
 
En cuanto al contexto mundial, “esto es anticiparse al mundo como un caldero” –dijo–; un caldero del cual la Argentina no será ajeno. Pero, agrega, con control sobre su endeudamiento externo, con superávit fiscal y con reservas suficientes.
 
La Argentina tiene un 2012 con muchos desafíos. El año pasado marcó un récord en la remisión de utilidades de las grandes corporaciones económicas. Con las medidas tomadas –las comentadas en estas líneas y muchas otras– está la determinación de revertirlo. También se marcha a una lenta –y dificultosa– sustitución de importaciones, que requerirá de mucho más estímulo crediticio y fiscal. Se intenta un camino que requiere el acompañamiento de los actores económicos, tanto empresarios como de los trabajadores.
 
En ese camino, el imaginario de la cara de Washington es uno de los espejos que deberían dejar de devolver la imagen del ahorrista argentino. Cabe preguntarse quiénes serán las caras argentinas que deban acompañar nuestros billetes para que el cambio cultural sea de identidad con lo nacional y popular. No parece que los billetes de cien pesos tengan el rostro adecuado. Más bien todo lo contrario. Un detalle, pero un detalle de un cambio cultural complejo. (...)".
 
 
Entre tanta locura, y anticipando el debate cambiario, en pleno paro agropecuario bonaerense, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Hugo Biolcati, enemigo público N°1 o N°2 para el kirchnerismo cristinista, él calificó de "delictivo" al aparente pacto entre el gobierno y las casas de cambio por el cual las mismas venderían a partir la divisa a $ 5,10.
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Además, el dirigente ruralista estimó: "Lo que estamos juntando con pala en este momento son los problemas que tenemos. Nosotros pagamos nuestros insumos con unos costos que se arriman a un dólar de $ 6, y el dólar con el que vendemos nuestro producto, lo que nos entrega el gobierno por cada dólar que nosotros importamos al país, es $ 2,75", añadió.
 
"El dólar de Aníbal Fernández, ya me olvidé cuál es. Creo que es el dólar paralelo delictivo pactado con el gobierno", señaló Biolcati a Radio 10.
 
 
Néstor Scibona escribió en La Nación:
 
"(...) Hasta el inefable Aníbal Fernández cometió el "sincericidio" de admitir, con otras palabras, que no hay dólares para todos al actual tipo de cambio oficial (al que consideró suicida liberar). Pero los controles provocaron mayores costos económicos que beneficios. En los últimos siete meses las reservas repuntaron apenas 1000 millones de dólares (de 46.000 a 47.000 millones), pese a la caída de las importaciones (-14% interanual en abril) que debilitó las exportaciones (-6%). A ello se suma el derrumbe de la inversión durante los últimos tres trimestres y el resurgimiento del mercado blue.
 
La "batalla cultural" contra el dólar que ahora pregona el Gobierno agrega más desconfianza. Por eso debió negar urgentemente versiones periodísticas sobre una eventual ley de pesificación e indexación de contratos. Esa hipótesis no resolvería el problema de desconocer la inflación y su correlato de deterioro cambiario.
 
Al fin y al cabo, la salida de dólares del circuito económico (hacia cajas de seguridad, colchones o cuentas en el exterior) es el efecto de una política económica que en los últimos años incluyó una virtual "tablita cambiaria", a través de la cual el tipo de cambio oficial se ajustó menos de un tercio que la inflación real de dos dígitos anuales. Los argentinos operan en pesos y quienes pueden ahorrar lo hacen en dólares. Pero incluso quienes ahorran en pesos arbitran con una tasa de interés negativa frente a la inflación, pero alta en dólares, que al final se capitaliza en salida de capitales. Lo mismo que las empresas que aumentan su facturación en dólares debido a la inflación.
 
El problema no es entonces "desdolarizar" sino "desinflacionar" la economía. Pero esto parece misión imposible con un gobierno que -con reservas y sin crisis- prefiere recorrer el túnel del tiempo, aunque muchos sospechen que desemboca en recetas conocidas y fracasadas. (...)".

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