Esta especie fue introducida a América, junto a otras cientos de especies, por los europeos colonizadores y tenían como destino la caza y producción. En Argentina, los jabalíes llegaron en el siglo XIX de la mano del terrateniente francés Pedro Luro en su campo de La Pampa.
En ese entonces, varios animales se escaparon y huyeron hacia el norte, poblando buena parte de las provincias del centro/norte del país y generando un serio desbalance ecosistémico en forma de plaga. De hecho, el jabalí no cuenta con un predador natural, por lo que el crecimiento de esa especie es descontrolado.
Ahora, Córdoba permite la cacería de estos animales (en zonas permitidas) a cupo liberado y a todas horas. El problema es que se concentran en zonas donde el cazador no puede efectuar su actividad por poner en riesgo a otras especies.