"La prestación no es normal, está totalmente alterada. La capacidad prestacional es muy baja. La cantidad de cirugías que se pueden hacer no es la que el paciente de PAMI necesita", afirmó.
El reclamo por las consultas oftalmológicas
Pero uno de los principales cuestionamientos de la asociación apunta al valor de las consultas oftalmológicas. Según explicó Mancini, mientras otras especialidades perciben alrededor de 33.000 pesos por consulta, los oftalmólogos reciben cerca de 12.000 pesos, pese a que la atención requiere equipamiento específico y tiempos de evaluación más extensos.
"Un paciente de PAMI demanda mucho más de 15 o 20 minutos de atención porque en ese grupo etario aumenta la cantidad de patologías que pueden llegar a tener. Una consulta de un paciente de PAMI se tiene que hacer en 20 minutos, media hora, y se tiene que hacer entre seis meses y un año entre consulta y consulta", explicó.
"Yo creo que si el conflicto sigue va a ir a cuenta gotas reduciéndose la cantidad de médicos que atiendan PAMI mientras no haya una mesa de diálogo", concluyó.
La CAMEOF avisa que la "oftalmología argentina está al límite"
La Cámara de Medicina Oftalmológica (CAMEOF) avala desde Buenos Aires las declaraciones del rionegrino en un informe donde contrasta número que asustan y advierten por una "oftalmología argentina al límite". El sistema ya no puede más con aranceles congelados, inflación galopante y silencio oficial: los prestadores de salud visual enfrentan una tormenta perfecta que amenaza con dejar a millones de argentinos sin atención oftalmológica.
En un documento recuerda que durante 2025, la inflación acumulada en Argentina alcanzó el 32,5%; que en ese mismo período, las prepagas y obras sociales aumentaron sus cuotas en un promedio del 26%: aún insuficiente para el bolsillo de los afiliados, pero al menos dentro del orden de magnitud de la suba de precios, y que sin embargo, los aranceles que perciben los médicos oftalmólogos por sus prestaciones aumentaron solo un 12,5% promedio anual.
De esta manera, remarcan que los ingresos de los profesionales de la salud visual crecen al ritmo de la mitad de la inflación real.
No es una caída abrupta sino un goteo silencioso, una erosión lenta que destruye la viabilidad de consultorios y clínicas sin que nadie encienda una alarma No es una caída abrupta sino un goteo silencioso, una erosión lenta que destruye la viabilidad de consultorios y clínicas sin que nadie encienda una alarma
Una tormenta que no amaina
Y este año, todo empeoró desde los primeros meses: las cuotas de medicina prepaga siguen subiendo por encima de los aranceles reconocidos a los prestadores.
Los oftalmólogos observan, impotentes, cómo el dinero que cobran por cada consulta o intervención representa cada mes una fracción menor de sus costos operativos reales.
El rezago viene desde hace años cuando los valores de referencia ya corrían detrás de la inflación. Lo que 2025 y 2026 añaden es una aceleración de ese deterioro, sin señales de corrección a la vista El rezago viene desde hace años cuando los valores de referencia ya corrían detrás de la inflación. Lo que 2025 y 2026 añaden es una aceleración de ese deterioro, sin señales de corrección a la vista
Los aranceles
Esta crisis viene acompañada por la caída de la actividad económica general que golpea al sector salud de manera directa e indirecta. Directa, porque sube el costo de insumos médicos, equipamientos y alquileres. Indirecta, porque la destrucción de empleo formal arrastra consigo la pérdida de cobertura de salud para miles de familias.
Cuando un trabajador pierde su empleo en blanco pierde también la obra social. Y quien queda fuera del sistema formal no cuenta con recursos para asumir el costo de una consulta privada.
En este marco, no hay ninguna iniciativa oficial —ni desde el Ministerio de Salud, ni desde organismos reguladores, ni desde las carteras económicas— orientada a salvaguardar la situación de los prestadores de salud visual ni la de los millones de pacientes afectados.
Ni el sector público ni el privado reciben señales de una política de corrección arancelaria sistemática, y los oftalmólogos se ven atrapados entre las obligaciones de sus contratos con prepagas y obras sociales y una realidad económica que los exprime mes a mes.
Las distorsiones que genera la inflación
En cuanto a la distorsión estructural que genera la inflación, remarca que el arancel que percibe hoy un oftalmólogo por una consulta, aproximadamente $12.000 pesos, solo alcanza para un trayecto en taxi de media distancia, una entrada al cine con pochoclo, y otros bienes y servicios que no requieren formación universitaria de seis años, especialización de cuatro más, equipamiento de alta tecnología ni el peso de una responsabilidad sanitaria sobre la salud de otra persona...
Sin tener en cuenta el costo del alquiler del consultorio, la amortización de la inversión inicial de montarlo, los impuestos, las cargas sociales, insumos, etc, etc...
Las cuentas no cierra, y cuando ello sucede por meses y años, llega un momento en que el consultorio cierra también Las cuentas no cierra, y cuando ello sucede por meses y años, llega un momento en que el consultorio cierra también
Por eso advierten que si las condiciones actuales no se modifican, si la asimetría entre inflación y aranceles persiste, si el Estado continúa ausente y los pacientes sin cobertura siguen creciendo, la oftalmología en Argentina sufrirá un retroceso difícil de revertir.
No de golpe, sino por el mismo goteo silencioso que ya viene erosionando el sector: un consultorio que no abre, un especialista que emigra, una máquina que no se repone, una lista de espera que se extiende al infinito...
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