- El déficit fiscal.
- Crecimiento económico.
- Relación entre los ingresos sobre la deuda.
- Grado de apertura comercial y financiera.
- Grado de diversificación de las exportaciones.
- Turbulencias políticas.
- Confianza hacia las instituciones.
- Estabilidad jurídica y tributaria.
- Presiones políticas sobre el gasto público.
Dicho índice, en general, se mide entre la diferencia de la tasa de interés que paga ese país por la deuda que contrae en relación a la tasa de interés que pagan los bonos de la Reserva Federal de Estados Unidos. Se toma de referencia a EE.UU. porque sus inversiones son consideradas las que enfrentan menos riesgos de algún incumplimiento.
Si el riesgo de un país es alto, entonces la rentabilidad deberá ser alta y a menor plazo para lograr atraer a los inversores. A rentabilidad más alta y menor plazo, los negocios posibles son más limitados. A riesgo más elevado, mayores serán los intereses a pagar por el endeudamiento. Mientras que un riesgo país más bajo permite una rentabilidad más baja, un plazo más largo y menores intereses a pagar por los acreedores. No es complicado de entender.
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Bombardeo en Ucrania: ¿De qué esta hablando el riesgo país de la Argentina?
La comparación
Si comparamos Argentina con Ucrania o Rusia vemos que los fundamentals macroeconómicos se encuentran más deteriorados en nuestro país.
El déficit fiscal cerró en 2021 en un 4,6% del PBI para Argentina, en tanto en Ucrania fue del 4,0% y en Rusia tan solo del 0,7%. La deuda en % del PBI fue del 80,6% para Argentina, mientras que en Ucrania fue del 49% y en Rusia del 17%.
Argentina se encuentra entre los 10 primeros países con mayor número de defaults, que han sumado 8 en total -hasta ahora-, después de Venezuela y Ecuador que lideran con 10. En tanto, Rusia solo tuvo 2 defaults, siendo el de la semana pasada el 2do. en casi un siglo y hay un debate entre los bancos si técnicamente es un default ya que han surgido formas de recupero del dinero.
Por su parte, en el índice de percepción de corrupción (1 no percepción / 180 mucha percepción), Argentina se encuentra en el puesto Nº96 entre 180 países, por arriba de Rusia (Nº 136) y Ucrania (Nº 122), pero Uruguay es Nº 18 y Chile es Nº 27.
Lo más preocupante es que la Argentina se encuentra en el puesto Nº 97 entre 167 países en el subíndice de participación ciudadana y confianza en las instituciones, etc. en el Índice de Prosperidad de Legatum, muy por debajo de Rusia (Nº 62).
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Vladimir Putin ofrece más seguridad jurídica en Rusia súper sancionada por Occidente que la Argentina que supimos conseguir.
La realidad es que Argentina no garantiza derechos básicos de propiedad privada. Basta con solo recordar, como ejemplo, como en el año 2020 intentaron expropiar Vicentin, y a diario se conocen nuevas elucubraciones en contra de la actividad privada de riesgo. Más restricciones, más cepos, para acceder a dólares o bien a algún político tal como Horacio Rodríguez Larreta se le ocurre un nuevo impuesto -esta vez a la “capacidad ociosa”-. Por tal motivo, el riesgo para traer capitales a la Argentina es tan elevado.
Si no se le asegura al inversor que pueda ejecutar su plan de negocios sin contratiempos administrativos o jurídicos que modifican en forma caprichosa, la tasa de retorno deberá ser muy alta para que lo haga. Si no se le asegura al inversor que pueda ejecutar su plan de negocios sin contratiempos administrativos o jurídicos que modifican en forma caprichosa, la tasa de retorno deberá ser muy alta para que lo haga.
Cabe destacar que la expropiación no sólo se da de forma explícita sino implícita por medio de tres vías que los argentinos conocemos bien:
-
Más impuestos. Hoy una Pyme de 60 empleados paga un 106% por sobre sus ganancias netas en impuestos. Esa transferencia de ingresos desde el sector privado hasta el sector público no hace más que afectar la incorporación de tecnología en la matriz productiva; la capacidad de innovación; los niveles de productividad; la calidad de bienes y servicios ofrecidos; y, el crecimiento de los salarios reales.
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Más deuda. La deuda contraída hoy no es más que impuestos que se deberán pagar en el futuro.
-
Más emisión monetaria. Esa inyección de papeles de colores para financiar el déficit, en un contexto en el que la demanda de dinero se contrae no es más que impuesto inflacionario. Una redistribución de ingresos desde los que menos tienen hacia los que tienen un negocio con el Estado. Para este año ya estamos proyectando una inflación piso del 72%, la más alta de los últimos 30 años.
Por otro lado, no tenemos un mercado financiero muy desarrollado.
Dado que el Estado gasta más de lo que recauda, termina absorbiendo los capitales internos para financiar su déficit, que, sumado a la corrosión de la calidad institucional, genera que el sistema financiero sea pequeño y poco diversificado.
El crédito interno proporcionado por el sector financiero en % del PBI no supera el 40% en Argentina, cuando en Rusia es del 87% y en Ucrania del 51%. Asimismo, el crédito interno al sector privado (en % del PBI) es del 16,0% para nuestro país, del 60% para Rusia y del 28% para Ucrania.
Más fundamental, es necesario que haya reglas de juego claras.
Si los cambios en política son muy abruptos y afectan de forma brusca e inesperada los fundamentals macroeconómicos; las variables de volatilidad se acrecientan y el riesgo se dispara.
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Argentina puede ser más peligrosa que un país en guerra, para los inversores: CFK y Silvina Batakis.
Con el recambio en el Ministerio de Economía, el riesgo país subió en 300 puntos. El recambio significó la victoria de la política sobre la economía, el delirio del poder sobre la razón. Eso provocó la caída de los activos en pesos y a la evolución de las cuentas fiscales, que afectó el riesgo país.
Este último punto es importante ya que los mercados percibieron que CFK, en su afán de resolver su problemática judicial personal y familiar, que es el verdadero eje de todo lo que sucede en el Frente de Todos y en la Argentina, o colocó o avaló a una persona de su confianza que acrecentase el populismo vía suba del gasto corriente en detrimento de las metas fiscales pautadas con el FMI porque su necesidad exige intentar prorrogar sus fueros en 2023. Cada vez que hay presiones políticas sobre el sentido común, el riesgo país se dispara.
Lamentablemente, somos un país que no cuenta con los consensos básicos para generar cierto grado de confianza que baje el riesgo.
En tanto y en cuanto los intereses políticos sigan primando sobre la prosperidad de todos, seguiremos siendo más riesgosos que si estuviésemos en guerra.
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