El entrenador de River Plate, Marcelo Gallardo, se pronunció el sábado pasado al respecto. “Me preocupa la situación del pueblo chileno. Nuestro partido pasa a segundo plano. Esperemos tener mayores precisiones sobre la sede, pero hay cosas más importantes y delicadas”, indicó entonces el DT “Millonario”.
Desde la Conmebol ratificaron la intención de jugar en la capital trasandina y la semana pasada el gobierno de Sebastián Piñera confirmó la decisión de recibir la final, mientras volvía a suspender la jornada del fútbol local. Toda una contradicción. El conflicto social no para y se esperan novedades respecto de la organización del crucial partido.
El paraguayo Alejandro Domínguez, presidente de Conmebol, pretende mantener la sede para evitar los problemas de logística, en especial para los hinchas que ya compraron entradas. Pero la realidad en Chile podría obligar a evaluar seriamente la posibilidad de jugar la final en el estadio La Nueva Olla de Asunción.
El fin de semana empezaron a circular fuertes versiones de una movilización popular para evitar que el partido se juegue en el estadio Nacional de Chile. Esto puso en alerta a la Conmebol y también al gobierno chileno.
Incluso, algunas firmas que tienen convenio con la Conmebol empezaron a suspender concursos hasta que no se confirme de manera definitiva la sede.
River y Flamengo definirán el sábado (23/11) quién se consagra campeón de América, pero todavía no tienen en claro si se jugará en Santiago de Chile o finalmente habrá un cambio de apuro. Las dudas crecen y se espera una resolución cuando faltan 19 días para el partido.
En medio de toda la incertidumbre, Conmebol llamó a una reunión de urgencia a los presidentes de los clubes finalistas y a los presidentes de las Asociaciones de Argentina, Brasil y Chile. Claudio Tapia (AFA), Rogério Caboclo (CBF), Sebastián Moreno (ANFP), Rodolfo D`Onofrio (River) y Rodolfo Landim (Flamengo) estarán presentes.