Llamó también la atención que entre tantos jugadores con trayectoria y espaldas anchas no surgiera alguno con un mínimo atisbo de liderazgo. Lo único contagioso en River fueron la impotencia y el nerviosismo.
Demasiado avanzado está el campeonato y mayores son las responsabilidades a estas alturas como para que River se permita un patinazo como el de ayer. Si bien en su tránsito por la categoría es un equipo que en muy pocas ocasiones ofrece plenas garantías, la derrota contra un estupendo Atlanta transmitió las peores señales posibles.
Ya no le caben las excusas de la adaptación a un torneo que desconocía ni la motivación potenciada del rival de turno. Este River sigue sin ponerse los pantalones largos.
La derrota de River ante Atlanta podrá quedar en la estadística como la cuarta en lo que va de la inédita experiencia millonaria en el Nacional B.
Sin embargo, es mucho más que eso. Porque es la primera en 2012, y se da en un momento donde el campeonato entra en su etapa decisiva, de cara a la soñada vuelta a primera división. Cuando los planteles terminan de afianzarse, River sufre este golpe a su estabilidad.