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¿Fue Chávez o Grupo Polar o ambos? Los dilemas del caso Fernández Barrueco
La caida de Ricardo Fernández Barruecos, estrella refulgente del universo chavista, tendría que preocupar a más de un efervescente burqués de estos tiempos kirchneristas. Protagonista, victimario y finalmente víctima de una guerra de poder & dinero, en la que también participa el capital tradicional que procura sobrevivir.
30 de diciembre de 2009 - 01:59
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Más allá de las versiones Polar/El Nuevo Herald (pobres Gerardo Reyes y Casto Ocando, en un tema tan interesante tener que circunscribirse al punto de vista de Lorenzo Alejandro Mendoza Giménez, la 3ra. generación de Lorenzo Mendoza Fleury, el fundador del Grupo Polar, aunque a los periodistas nunca los llevarán a Nassau en avión privado... ), la desgracia de Ricardo Fernández Barruecos merece una pesquisa apropiada, según lo dicen todos en el Country Club de Caracas.
El lamento por Gerardy y Casto tiene antecedentes, ¿o acaso no fue Carlos Roubicek el hacedor de la fortuna de Polar al modificar la fórmula de la cerveza, pilar del éxito corporativo? Sin embargo, Polar es sinónimo de los Mendoza, no de Roubicek ni de Marko Markoff. Así es la vida...
Pero vayamos al fondo de la cuestión: el grupo Fernández Barrueco incluye a 4 hermanos: Ricardo -hoy preso-, Bernardo, el financiero Felipe y el abogado Gustavo.
Las versiones indican que los Fernández Barrueco entran al entorno presidencial durante el paro petrolero de 2002, cuando Bernardo Fernández Barrueocs, quien actualmente dirige las operaciones del grupo en Panamá, reaparece en Barinas y
se vincula con Adán Coromoto Chávez Frías, con quien inician una relación estrecha de negocios e inversiones.
Adán Coromoto Chávez Frías es un docente en Física, hermano mayor del presidente Hugo Chávez, e hijo de los también docentes Hugo de los Reyes Chávez y Elena Frías de Chávez, de Sabaneta, estado Barinas. Adán es gobernador de Barinas, reemplazando a su padre.
Además, Fernández Barrueco era mencionado por sus negocios apoyados por el ministro de Obras Públicas y Vivienda, el ex vicepresidente Diosdado Cabello.
Sin embargo, hay una versión complicada sobre Fernández Barruecos: "(...) creyéndose un estratega político, Ricardo Fernández Barrueco había hecho acercamientos con un sector opositor, intentando su salvación una vez que termine el gobierno de Chávez. De hecho, la campaña de Wilmer Azuaje en Barinas, fue financiada por éste personaje quien además comparte abogado (Reinaldo Gadea Pérez) con el copropietario de Globovisión, Nelson Mezerhane."
Si esto fuese cierto, su desgracia tendría alguna similitud con la del 'oligarca' hoy preso Mikhail Khodorkovsky, creador de la defenestrada (por Vladimir Putin) Yukos Oil Company.
A Ricardo Fernández Barruecos, hoy tan preso como Khodorkovsky, le llaman 'boliburgués' (bolivarianos burgueses, gente ascendente como lo fueron los oligarcas rusos en días de Boris Yeltsin).
Pero en un Aló Presidente de marzo de 2006, Hugo Chávez Frías defendió a Fernández Barruecos, en vivo y en directo. Y el empresario salió de compras: aseguradoras, telefónicas, buques, contratos de petróleo, proveedor del Mercal y bancos... hasta que cayó.
Entonces, ¿hubo o no complot contra el 'boliburgués'? Y si la respuesta es sí, ¿de parte de quién?
En la 1ra. semana noviembre, el Ejecutivo venezolano ordenó informar al Banco Central de Venezuela cualquier intención de adquirir hasta un 10% de entidades financieras a través de una Oferta Pública de Adquisición (OPA) o de una Oferta Pública de Toma de Control (OPTC). ¿A quién iba dirigida la ofensiva en días cuando había mucha compraventa accionaria en el sector bancario?
Pareciera que Fernández vio venir el vendaval. A comienzos de noviembre,
Juan Carlos Zapata escribió, desde Caracas (aunque ¿quién dijo que 'los viejos capitales ya están derrotados'? Si él mismo terminó mencionando a Grupo Polar... ):
"En el entorno de Ricardo Fernández Barrueco lo reconocen: "somos víctimas de un complot". Si la operación es cierta –tiene todos los elementos de serla- podemos estar en presencia de un conflicto de grandes proporciones que involucra todas las partes del poder.
1. Uno, la lucha de los boliburgueses que comienzan a competirse, y a envidiarse, y a aniquilarse visto que, señalan, los viejos capitales ya están derrotados.
2. La lucha intergrupal del poder político chavista: basta con leer la letra pequeña del Gabinete y de las vicepresidencias gubernamentales y de los conflictos regionales; no paran aquí las confrontaciones entre Diosdado, Ramírez, Alí, Carrizales, Adán, Argenis, Carreño, Maduro, y sus respectivos aliados.
3. La subida al complot de banqueros que se hicieron grandes en la crisis bancaria de los 90’ y que una vez más al ofrecer la cabeza de Ricardo Fernández –como en el pasado entregaron la de Gómez López- creen que con eso ya están a salvo.
4. La arremetida de Chávez que no termina de entender la dinámica del capital, o se hace. Queriendo sustituir a unos empresarios por otros ha propiciado a estos boliburgueses de gran tamaño. Defendió a Fernández en un Aló Presidente de marzo de 2006 y eso fue carta blanca para actuar. Y actuando, el grupo creció y salió de compras, y acumulando empresas y activos, despertó suspicacias, celos, y competencias.
¿Qué dijo el banquero europeo la semana pasada? Ser grande entraña muchos riesgos en la Venezuela de hoy. Eso pasa con Ricardo Fernández. Salió de compras y no se puso límites. Bancos, aseguradoras, telefónicas, barcos, contratos de petróleo, más ser el proveedor principal de Mercal y Pdval y líder en la producción de atún. Demasiado se dijeron los competidores.
Esto se transforma en un problema, apuntaron. ¿Qué viene después del poder económico? El poder político. Y ya la influencia de Fernández se hace sentir, sin necesidad de levantar el perfil ni dejarse ver. En consecuencia, desde el Gobierno y con varios empresarios de la vieja estirpe prestándose para la cirugía, parte el complot para echar por tierra la compra de Digitel. Los enemigos calentaron orejas. Alertaron: el hombre está creciendo mucho. Crecía y además se aliaba: a Pedro Torres que también compraba, a Omar Farías, que también crecía. Y junto a los aliados boliburgueses, también los aliados políticos.
Es así como en torno a Fernández hay una reacción de grupos. Como también hay otra en torno a Wilmer Ruperti, sólo que Ruperti se ha puesto a buen resguardo en el exterior, viviendo entre Nueva York, Madrid y Boston, haciéndose miembro del directorio de Rockefeller Center, vinculándose a la Escuela Naval de Massachusetts, y a la academia de Harvard, componiendo canciones, y pensando en su próximo paso: ser tiburón en Wall Street.
Lo difícil es terminar el complot. Lo complicado es ponerle punto final. ¿Qué van a hacer desde la Superintendencia de Bancos? ¿Obligarlo a vender todos los bancos? Ya él anda vendiendo el Bolívar. ¿Están midiendo en el Gobierno el impacto de la operación? ¿A quiénes favorecen tumbando a Fernández? Al capital tradicional, banqueros, Polar…
¿Qué pensarán los otros "empresarios amigos" de la revolución? Si hay complot contra Ricardo Fernández, ¿qué no puede haber contra los demás? ¿Vale la pena ser amigo del gobierno? ¿Vale la pena acercarse a factores del gobierno? ¿Vale la pena seguir arriesgando e invirtiendo?
De hecho, en medio de esta recesión, ahora es cuando el capital privado, cercano o lejano al gobierno, importa y es clave para salir de ella."
A los 44 años, Ricardo Fernández Barrueco era el amo y señor mucho más allá de su domicilio, en Residencias Altonueve, Penthouse, Avenida Miguel Otero Silva, Urbanizacion Sebucan, Caracas.
Fernández Barrueco era el propietario de 41 empresas, principalmente en servicios, agricultura, agroindustria, pesca, productos forestales y el transporte marítimo, de la siguiente manera:
Pero autoridades policiales panameñas afirmaban que Fernández Barrueco sabía demasiado sobre el secuestro en Panamá y el regreso forzoso a Venezuela del ciudadano venezolano Gustavo Arraiz, preso en la sede la Disip (Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención) en Caracas, junto con el ex titular del Banco Bolívar, Eligio Cedeño.
Y que Fernández Barrueco estaría implicado en el intento de asesinato de la esposa de un abogado panameño que se enfrentó a quien era conocido como 'el Rey del Mercal' (porque controlaba el conglomerado agroindustrial Proarepa, proveedor de harina de maíz precocido y otros productos para el programa bolivariano Mercados de Alimentos o Mercal) y/o 'el Zar del Atún' (por la Fábrica de Exquisiteces de Atún o Fextún, y 5 pesqueras que venden atún congelado: Costa Dorada, Costa Brava, Costa del Sol, Costa de la Luz y Navisa, todas con sede en Sucre, Venezuela).
Y en Venezuela, ya en 2005, se mencionó a Fernández Barruecos relacionado con el secuestro de Jorge Azpurua, cuyo padre era propietario mayoritario de Banpro, que Fernández Barrueco compró poco después.
Y también con el secuestro, en febrero 2009, del banquero Germán García Velutini, en medio de una puja por el Banco Venezolano de Crédito, que ambicionaban controlar amigos de Diosdado Cabello.
Entonces, ¿víctima o victimario?
Probablemente ambas condiciones.
Beneficiario del poder. Pero, ahora, también su prisionero.
Y justo cuando estaba extendiendo sus inversiones a Ecuador, controlando la procesadora de atún Pespesca S.A., vía sus panameñas Comercial Atunera y Corporación Pesquera Marinero F.
Pero regresemos a una teoría inicial: la disputa entre boliburgueses.
Fernández Barruecos fue el encargado de quitarle a Eligio Cedeño, hoy en Miami, varios de sus trofeos como Banpro Banco Universal, que antes perteneció a la familia Azpúrua Rodríguez.
Varios colaboradores de Hugo Chavez se han disputado negocios y fortunas, aprovechándose que Chávez pretendió sustituir a unos empresarios por otros.
Basta con recordar el desastre bancario de 1994, cuando trastabillaron los Gustavo Gómez López, José Álvarez Stelling, los Brillembourg, Eugenio Lascurain, Juan Santaella, Juan Carlos Lagorio, José Bouza... aunque para recuperar la libertad bastaba con contratar los servicios de cierta agraciada abogada caraqueña.
¿A quién habrá que contratar ahora?, se preguntará Fernández Barruecos.
Para el final (de esta entrega, que no será la última), una nota de Alfredo Meza en el diario TalCual:
Una paradoja resume la vida pública del empresario Ricardo Fernández Barrueco: la de acumular fortuna y pretender que nadie hable de él. El dinero, como la tos, no se puede disimular. La frenética carrera de Fernández Barrueco, de 44 años nacido en Caracas en 1965 y de ancestros españoles, por esquivar las preguntas de la opinión pública sobre el explosivo crecimiento de sus negocios se ha topado de pronto con un paredón alto. Desde el pasado viernes, cuando la Superintendencia de Bancos decidió intervenir cuatro entidades financieras en las que posee mayoría accionaria, sabe que no podrá jugar a las escondidas. Es la segunda vez que su nombre encabeza titulares de la prensa en Venezuela, donde es un personaje desconocido para las mayorías, a pesar de que cada uno de sus pasos modifica la vida de cientos de personas. En Estados Unidos, en Panamá y Ecuador, en cambio, sus inversiones llamaron la atención de la prensa. En 2007, por ejemplo, un avión de su propiedad, valorado en cinco millones de dólares, fue confiscado por la DEA debido a irregularidades en el registro de la matrícula estadounidense. Un año después sus abogados lograron un acuerdo con el Gobierno federal y cancelaron US$ 1,1 millón de multa para cerrar el caso. Hace tres años y medio Ricardo Fernández Barrueco había tenido que salir de ese voluntario anonimato después de que Hugo Chávez lo mencionara en la edición de Aló, Presidente, del 19 de marzo de 2006. En esa oportunidad, el primer mandatario dijo que Fernández Barrueco formaba parte "de un esquema concertado para establecer una estructura financiera secreta para contener fondos saqueados de Pdvsa y el Tesoro Nacional". Pero Chávez no lo acusó de formar parte de una banda de delincuentes. Más bien salió en su defensa y atribuyó el informe a una campaña de descrédito internacional contra Venezuela. No podía ser Ricardo Fernández un hombre contrario a los intereses del Gobierno. En 2002, cuando se detuvo la industria petrolera, fue uno de los empresarios que prestó la infraestructura de su negocio para superar la emergencia ocasionada por el llamado a paro apoyado por Fedecámaras y la CTV. Al igual que Wilmer Ruperti vio en ese lance la ocasión de establecer una relación provechosa en el largo plazo. Y no se equivocó. Fernández Barrueco pagó entonces un extenso remitido en el diario El Universal, publicado el domingo 26 de marzo de 2006, que pretendió aclarar las leyendas negras que se tejían a su alrededor. Los quince puntos resumían lo que siempre ha sostenido delante de los suyos: que no debía su éxito como empresario a la ayuda que había dado al Gobierno, sino al esfuerzo de sus empleados y las inversiones de sus socios. En efecto, en los registros mercantiles de Caracas se puede rastrear parte de esa actividad. Junto a Sarkis Arslanians Beyloune fundó el 5 de abril de 1995, cuando Chávez era nada o casi nada, la empresa Venezolana de Granos con un capital de 50 millones de bolívares antiguos y el 26 de junio de ese año estableció una sucursal en Araure, estado Portuguesa. "El tenía tres camiones y transportaba el arroz que sembraba. No tenía esa inmensa fortuna que hoy acumula", asegura un productor de la zona que lo conoció en aquellos años.Le fue muy bien en el negocio a la empresa. En 1997 aumentaron el capital a 1.927.694.282 de bolívares. La actividad principal de Venezolana de Granos era es- la recepción y procesamiento de arroz paddy a través de dos plantas en Las Majaguas, estado Portuguesa, comercializados por medio de la marca Arroz Doña Antonia y la venta de productos derivados. Fernández tenía su propia red de distribución. Jamás podrá ocultar, sin embargo, que la buena relación que forjó con el Gobierno le permitió aumentar exponencialmente su fortuna. En 2006, el Ministerio de Alimentación convocó a una licitación para ver quién le vendía la harina de maíz a Mercal. Y Ricardo Fernández fue el favorecido. Polar y Cargill no pudieron superar su oferta por el tipo de negocio que planteaba: no incluir en el precio final del producto el costo del empaque, ni de la distribución. El Minal sí se lo exigió a Polar y Cargill, aseguraron dos fuentes que conocieron la licitación. Fernández también se hizo de la empresa Fextum (Fábrica de Exquisiteces de Atún) el 27 de octubre de 2004, y abrió una sucursal en Panamá, país en el que Fernández Barrueco posee otras 29 sociedades anónimas, para abrirse paso en el sector de la pesca. También ha expandido sus negocios en Ecuador. Todas esas operaciones causaban gran curiosidad, pero él, fiel a sus principios y tal vez a un viejo recelo con la prensa, hacía esfuerzos por ocultarse. No se conocen fotos de él. Puede subir a un carrito por puesto sin que nadie lo reconozca. Las compra de cuatro entidades financieras Bolivar Banco,Banpro y Banco Canarias y Banco Confederado , concretadas entre septiembre y octubre de 2009, potenciaron su exposición a los medios. La Superintendencia decidió intervenir a puertas abiertas los bancos y publicó en Gaceta Oficial la razón: el empresario, a pesar de ser el principal accionista, recibió préstamos superiores a los 700 millones de dólares de los bancos Confederado, Bolívar y Banpro, para adquirir certificados de participación de las empresas Inverfactoring C.A. y Activos Corporativos AG, pertenecientes a su grupo empresarial. Era cuestión de días que su rostro dejara de ser el signo de interrogación que fue hasta el pasado viernes.
Una paradoja resume la vida pública del empresario Ricardo Fernández Barrueco: la de acumular fortuna y pretender que nadie hable de él. El dinero, como la tos, no se puede disimular. La frenética carrera de Fernández Barrueco, de 44 años nacido en Caracas en 1965 y de ancestros españoles, por esquivar las preguntas de la opinión pública sobre el explosivo crecimiento de sus negocios se ha topado de pronto con un paredón alto. Desde el pasado viernes, cuando la Superintendencia de Bancos decidió intervenir cuatro entidades financieras en las que posee mayoría accionaria, sabe que no podrá jugar a las escondidas. Es la segunda vez que su nombre encabeza titulares de la prensa en Venezuela, donde es un personaje desconocido para las mayorías, a pesar de que cada uno de sus pasos modifica la vida de cientos de personas. En Estados Unidos, en Panamá y Ecuador, en cambio, sus inversiones llamaron la atención de la prensa. En 2007, por ejemplo, un avión de su propiedad, valorado en cinco millones de dólares, fue confiscado por la DEA debido a irregularidades en el registro de la matrícula estadounidense. Un año después sus abogados lograron un acuerdo con el Gobierno federal y cancelaron US$ 1,1 millón de multa para cerrar el caso. Hace tres años y medio Ricardo Fernández Barrueco había tenido que salir de ese voluntario anonimato después de que Hugo Chávez lo mencionara en la edición de Aló, Presidente, del 19 de marzo de 2006. En esa oportunidad, el primer mandatario dijo que Fernández Barrueco formaba parte "de un esquema concertado para establecer una estructura financiera secreta para contener fondos saqueados de Pdvsa y el Tesoro Nacional". Pero Chávez no lo acusó de formar parte de una banda de delincuentes. Más bien salió en su defensa y atribuyó el informe a una campaña de descrédito internacional contra Venezuela. No podía ser Ricardo Fernández un hombre contrario a los intereses del Gobierno. En 2002, cuando se detuvo la industria petrolera, fue uno de los empresarios que prestó la infraestructura de su negocio para superar la emergencia ocasionada por el llamado a paro apoyado por Fedecámaras y la CTV. Al igual que Wilmer Ruperti vio en ese lance la ocasión de establecer una relación provechosa en el largo plazo. Y no se equivocó. Fernández Barrueco pagó entonces un extenso remitido en el diario El Universal, publicado el domingo 26 de marzo de 2006, que pretendió aclarar las leyendas negras que se tejían a su alrededor. Los quince puntos resumían lo que siempre ha sostenido delante de los suyos: que no debía su éxito como empresario a la ayuda que había dado al Gobierno, sino al esfuerzo de sus empleados y las inversiones de sus socios. En efecto, en los registros mercantiles de Caracas se puede rastrear parte de esa actividad. Junto a Sarkis Arslanians Beyloune fundó el 5 de abril de 1995, cuando Chávez era nada o casi nada, la empresa Venezolana de Granos con un capital de 50 millones de bolívares antiguos y el 26 de junio de ese año estableció una sucursal en Araure, estado Portuguesa. "El tenía tres camiones y transportaba el arroz que sembraba. No tenía esa inmensa fortuna que hoy acumula", asegura un productor de la zona que lo conoció en aquellos años.Le fue muy bien en el negocio a la empresa. En 1997 aumentaron el capital a 1.927.694.282 de bolívares. La actividad principal de Venezolana de Granos era es- la recepción y procesamiento de arroz paddy a través de dos plantas en Las Majaguas, estado Portuguesa, comercializados por medio de la marca Arroz Doña Antonia y la venta de productos derivados. Fernández tenía su propia red de distribución. Jamás podrá ocultar, sin embargo, que la buena relación que forjó con el Gobierno le permitió aumentar exponencialmente su fortuna. En 2006, el Ministerio de Alimentación convocó a una licitación para ver quién le vendía la harina de maíz a Mercal. Y Ricardo Fernández fue el favorecido. Polar y Cargill no pudieron superar su oferta por el tipo de negocio que planteaba: no incluir en el precio final del producto el costo del empaque, ni de la distribución. El Minal sí se lo exigió a Polar y Cargill, aseguraron dos fuentes que conocieron la licitación. Fernández también se hizo de la empresa Fextum (Fábrica de Exquisiteces de Atún) el 27 de octubre de 2004, y abrió una sucursal en Panamá, país en el que Fernández Barrueco posee otras 29 sociedades anónimas, para abrirse paso en el sector de la pesca. También ha expandido sus negocios en Ecuador. Todas esas operaciones causaban gran curiosidad, pero él, fiel a sus principios y tal vez a un viejo recelo con la prensa, hacía esfuerzos por ocultarse. No se conocen fotos de él. Puede subir a un carrito por puesto sin que nadie lo reconozca. Las compra de cuatro entidades financieras Bolivar Banco,Banpro y Banco Canarias y Banco Confederado , concretadas entre septiembre y octubre de 2009, potenciaron su exposición a los medios. La Superintendencia decidió intervenir a puertas abiertas los bancos y publicó en Gaceta Oficial la razón: el empresario, a pesar de ser el principal accionista, recibió préstamos superiores a los 700 millones de dólares de los bancos Confederado, Bolívar y Banpro, para adquirir certificados de participación de las empresas Inverfactoring C.A. y Activos Corporativos AG, pertenecientes a su grupo empresarial. Era cuestión de días que su rostro dejara de ser el signo de interrogación que fue hasta el pasado viernes.
