A eso se le sumó otro rumor: que Aracre podría asumir el lugar de Massa. Surgió después de una reunión en la que exSyngenta le presentó al Presidente una serie de propuestas, que algunos llamaron ‘plan económico’. Se trataba, en síntesis, de las mismas iniciativas que Aracre comentó de forma pública antes de sumarse al Gobierno: desdoblamiento cambiario, congelamiento de precios y el pago de una suma fija para recomponer salarios, entre otros. “Aracre calienta motores”, dijo el periodista Carlos Pagni en su programa de LN+ y se desató un nuevo cruce entre la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda con la tormenta cambiaria de telón de fondo. Aracre salió eyectado y Fernández y Massa se sacaron una foto para mostrar distensión después de acusaciones cruzadas que incluyeron a Malena Galmarini, titular de Aysa y esposa del ministro, presagiando -retuit mediante- “el final” del Gobierno si su marido lo abandonaba.
Massa, por su lado, pareció exhibir en estos días cierta abstracción de las urgencias. No hizo pronunciamiento alguno respecto del 7,7% que arrojó la inflación en marzo y que volvió una ficción un índice “que comience con 3” en la medición de este mes. Prefirió, en cambio, una agenda feliz, con chichoneos con el jefe de la AFA, Claudio ‘Chiqui’ Tapia, en la oficialización de la elección de la Argentina como sede el mundial Sub-20 de fútbol, o una reunión con retrato incluido con los vencedores de las elecciones de Neuquén y Río Negro. No faltaron las interpretaciones respecto de que el ministro parecía desconectado de, como él suele decir, “los problemas de la gente”.
Como nunca, Massa insinuó moverse como candidato. Es curioso, porque no está en el mejor momento de su gestión. La inflación en abril amenaza con mantenerse en los niveles del mes previo, el Banco Central se queda sin dólares (el déficit comercial de marzo fue el más pronunciado desde agosto de 2018) y las previsiones apuntan a una caída de la actividad, que podría ser de hasta el 3% en el año producto del impacto de la sequía en el agro. Por otra parte, en el primer trimestre del año la canasta básica que determina el nivel de pobreza en las familias se incrementó un 30%. La CGT advirtió en un documento sobre la posibilidad de un “deterioro social” y pidió “acciones urgentes”.
Esas dificultades no se resuelven con el apartamiento de Alberto Fernández de la competencia electoral. De hecho, la presión cambiaria no cedió: el blue y los dólares financieros volvieron a subir el viernes, a pesar de que el Presidente comunicó su decisión antes de que abrieran los mercados.
En ese marco, dotar al FdT de competitividad asoma como una tarea titánica. Otro eje del mensaje presidencial fue la insistencia en que el candidato oficialista se decida en una PASO y no por la decisión unilateral de Cristina Kirchner. La Vicepresidente se autopercibe proscripta y reiteró que no competirá. En la Casa Rosada deslizan que esgrime esa condición para arrogarse la facultad de definir al postulante. CFK reaparecerá el próximo jueves en un teatro en La Plata en el que se lanzó para las elecciones de 2005 y 2007. En ese simbolismo recaen las esperanzas de muchos dirigentes que la siguen y que la quieren en la boleta en octubre.
Aunque Fernández ratificó su deseo de una elección primaria oficialista, al término de la reunión del PJ del viernes esa posibilidad no era excluyente. Agustín Rossi, jefe de Gabinete, habló de que “2 o 3 listas” pudieran competir, pero no descartó que surja un candidato de “síntesis”. Rossi se anotó en la carrera interna una vez que el Presidente confirmó que se bajaba. Daniel Scioli, en cambio, no esperó esa señal y desde hace semanas que se presenta como precandidato. Ambos responderían al lado albertista de la vida, más allá de la postal del embajador de Brasil con la camporista Mayra Mendoza. Del lado del kirchnerismo aparecen Eduardo ‘Wado’ de Pedro y Juan Grabois.
¿Y Massa? El ministro de Economía preferiría ser ese candidato de la unidad que tal vez aparezca a último momento. Cuenta con el apoyo de Cristina Kirchner, con quien habla de forma permanente y lo defiende en privado. Pero, otra vez, el devenir económico sería el condicionante último. “Si no baja la inflación, no creo que llegue a ser candidato”, comenta bajo reserva un consultor político.
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