ver más
POD 5 360X280 amarillo

"Si me equivoco, el ministro va derecho a chocar con una pared a fines del 3er. mes"

Los economistas y financistas son cada vez más escépticos con la renegociación de la deuda pública argentina tal como la planteó el ministro Martín Guzmán. El presidente Alberto Fernández sigue respaldando a su colaborador aunque algunos de sus allegados ya le preguntan si no debería buscar una 2da. y hasta una 3ra. opinión. Ocurre que gran parte de la estrategia del Frente de Todos se apostó a una renegociación que abruptmente ha pasado de amistosa a virulenta, con un triunfo del relato según Cristina Fernández de Kirchner cuando se suponía que Alberto Fernández tenía un enfoque diferente al de 12 años en default. Esto provoca cambios entre los acreedores que, además, observan que la obsoleta infraestructura productiva argentina y el escenario global limita muchísimo las posibilidades del deudor. Martín Tetaz se suma a la lista de quienes observan rumbo de colisión. El oficialismo responde que Tetaz se encuentra muy relacionado con la visión económico-financiera de la Administración Macri. Es más: dicen que fue condescendiente, y apuntan una cantidad de recortes periodísticos al respecto. De todos modos, más allá del pasado, es interesante leer este texto editorial de la newsletter del citado economista:

CIUDAD DE BUENOS AIRES (ClaseMedia). El mismo ministro que pocos días antes había dicho que no había ningún problema con la deuda en pesos y que el problema del país era que no fabricaba todos los dólares necesarios para pagar los compromisos en moneda extranjera, se sentó el miércoles en el Congreso y descubrió la fungibilidad del dinero; explicando que si un acreedor pretendía cobrar un bono en pesos y llevarse el dinero, debía comprar primero dólares y por lo tanto un bono emitido en moneda local, acababa siendo equivalente a uno en moneda extranjera si el bonista no aceptaba quedarse en el país.

El reperfilamiento de esa deuda en pesos tenía, no obstante, una lógica; la patinada de Kicillof con el PB21 y la baja participación en los canjes y licitaciones que siguieron, eran prueba suficiente de que al gobierno le estaban tomando el tiempo y si no se plantaba, incluso a riesgo de pagar un costo en términos aumentar la percepción de un eventual default del mercado, perdían credibilidad sus amenazas. El decreto que pateó el pago a fines del septiembre fue un correctivo.

El mismo ministro que metió un impuestazo en el Congreso en diciembre y que presentó la semana pasada una hoja de ruta en la que plantea cerrar la reestructuración de la deuda a fines de marzo, dijo que no habrá superávit fiscal hasta 2023, sugiriendo que pensaba poner sobre la mesa una propuesta de quita muy agresiva, que no contempla pagar un solo peso hasta entonces. Así lo entendieron los mercados que en la semana cayeron 6,1% (Merval), 5,8% (AY24) y 7,1% (TC20), lo que hace entrar a las paridades en un terreno compatible con una reestructuración peor a la ecuatoriana de 1999, como muestra este grafico de la gente de SBS

Cuarenta y ocho horas después, sin embargo, el Director de la ANSES Alejandro Vanoli, anunciaba un fuerte recorte en el aumento que a los jubilados y pensionados les tocaba por fórmula, que del mismo modo que ocurrió con el paquetazo de diciembre, se disfraza de solidario redistribuyendo migajas en los sectores bajos, aumentando 1,4% más a los retirados que perciben la mínima y a los receptores de asignaciones por hijo, pero al mismo tiempo recortando las prestaciones superiores a los $16.130, de suerte tal de producir un ahorro de 1,7% en el total de los beneficios que debía actualizar la suspendida fórmula de movilidad. Así, el aumento promedio en vez de ser del 11,56% como correspondía por Ley, acaba siendo del 9,8%.

El modelo que parece emerger claramente de esta contradicción es: Ajuste + Redistribución + Relato. Lo primero para calmar a los acreedores y hacer posible la reestructuración. Lo segundo y tercero, para sortear la restricción política que limita cualquier ajuste.

Si estoy en lo correcto, todavía hay alguna chance de que el gobierno haga una propuesta razonable en marzo y consiga el consentimiento de los bonistas para llegar a disparar las cláusulas de acción colectiva, despejar el default e iniciar el camino de la recuperación de la economía.

Si me equivoco y el relato se hace carne, el ministro va derecho a chocar con una pared a fines del tercer mes, no alcanza las mayorías necesarias y la economía entra en default, enterrando la posibilidad de recuperación en 2020 y empujando al gobierno a una radicalización de sus políticas. 

Más Leídas

Seguí Leyendo