Esta vez el gasto no podrá ser mayor que los ingresos y es muy probable que estos bajen dada la recesión, los niveles de desempleo y de pobreza. En una palabra es lógico pensar que la recaudación caerá, en términos reales. Tampoco se conseguirá financiamiento externo, pese a que el peso de la deuda que importa es de alrededor de US$150 mil millones nominales y un valor real de USE$ 60 mil millones según la estimación de ese excelente analista financiero que es Claudio Zuchovicki.
Alberto Fernandez, con sus muchas a veces imprudentes declaraciones, está embarrando su propio futuro y el oficialismo con su miedo pánico colabora en esa masoquista y titánica tarea de espantar a eventuales inversores, en un mundo que no me canso de advertir tiene tasas de interés negativas, en el área del euro y neutras en el del dólar.
Manuel Trajtenberg es un economista argentino radicado en Israel y formuló declaraciones muy de sentido común y explicó una experiencia, la de Israel entre 1984 con una inflación del 445% anual que en 1997 se redujo a un digito y llegamos a un presente con inflación negativa, uso de la moneda propia y un desempleo de solo 3,7%.
Fundamentos que parecen imposibles para la Argentina.
Claro eso no lo logró un solo partido político y tampoco se logró el objetivo recurriendo a una mayoría propia, aislada de la sociedad y haciendo culto de ideologías que pueden tener fundamento en el mundo de la “academia” como dice Nassim Taleb, pero absurdas en el mundo real.
Por eso los ciudadanos argentinos necesitamos ponderar la situación y exigirles a “los seis candidatos” la necesidad de la negociación sobre datos de la realidad; la ideología no crea riqueza, los derechos tienen hoy día un alto costo, y vale un ejemplo el aire que respiramos, no es gratuito, mantenerlo limpio es muy costoso.
El empecinamiento y la rivalidad solo nos llevan a potenciar los problemas y las cuestiones y a desalentar la búsqueda de soluciones que obviamente serán cruentas.
Los candidatos y los gobiernos no pueden lamentarse de las respectivas herencias recibidas o pasar el tiempo distribuyendo culpas que siempre recalan en los pobres “chivos expiatorios”, deben asumir que los ciudadanos creemos que se lanzan a la competencia electoral para gobernar lo mejor posible y para resolver, no para generar problemas.
Tampoco se puede pensar que el agro, la ganadería o “Vaca muerta” serán los “abracadabras” de la política y la economía, porque si continuamos gastando más de lo que generamos, no habrá magia que alcance.
Ahora la Cámara electoral está organizado los dos debates obligatorios y los candidatos están más preocupados en ver que atril tendrán disponible y en qué orden expondrán sus “propuestas” o quien serán los moderadores, para poder pegar primero, buscarán más el “Knock out” que ganar por puntos. Siempre el concepto agonal de la política, en el que solo existen vencedores y vencidos, sin advertir que en política el objetivo es el convencimiento, convencimiento relativo, por el medio de la persuasión.
Las diferencias no se pueden eliminar, se deben respetar, pero es imposible encontrar la verdad de un solo lado, la verdad como tal es participativa, no es excluyente. Santo Tomas dijo que la verdad en boca del impío sigue siendo verdad.
A esta altura no creo que estos debates interesen al ciudadano “de la Argentina del medio”, no de Corea del centro, expresión a la que no le encuentro sentido, pero de profundo valor marketinero, una suerte de “low cost” político y periodistico, moda que se impone como las remeras del cocodrilo o del caballito.
El marketing ha vaciado a la política, la ideología condiciona a la economía al punto que nos quiere hacer creer que lo gratuito no tiene costo o que los costos solo los deben asumir “los otros”.
Ningún derecho es gratuito.
A esta altura de mi optimismo, estoy “persuadido” que el balotaje sería la única posibilidad cierta de obligar a los políticos a negociar sobre la base del sentido común y a persuadir a la sociedad y los demás factores de poder o presión de la necesidad de afrontar los tiempos difíciles que vendrán.
Hasta ahora nuestros tiempos han sido “tiempos perdidos” que son muy crueles porque agravan las enfermedades de la política, de la economía y de la sociedad.
Los tiempos difíciles son tiempo de “construcción” esa tarea humana que tiene principio y no tiene final…porque los humanos somos mortales y la vida es eterna.