Así, entre mediados de 2018 -meses previos al inicio de la siembra de la campaña en curso- y mayo de este año, el precio FOB de la soja argentina disminuyó en promedio US$40 la tonelada (-12%), según datos de la Bolsa de Cereales.
El comportamiento del Intercambio Comercial Argentino en abril, dado a conocer por la consultora Abeceb, refleja los primeros indicios de este reacomodamiento: el peso se devaluó 19% por encima del resto del vecindario y se despachó al exterior 10,3% más cantidad de bienes, pero con precios 7,7% más bajos, las divisas provenientes de las exportaciones sólo crecieron un 1,7% interanual.
Asimismo, la marcha de la balanza comercial esboza un recambio de destinos: los usuales, como el MERCOSUR y la Unión Europea, que representan el 33,6 % del total de lo que se coloca afuera, compraron 7,6% y 5,8% menos, respectivamente.
La compensación estuvo por el lado de los mercados asiáticos (ASEAN, China y Corea del Sur) y de Medio Oriente (Magreb y Egipto). La República de Corea fue el más dinámico, al mejorar 322% la factura, y luego vinieron los 5 miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN): Tailandia, Indonesia, Malasia, Singapur y Filipinas, con un 40%. Esta cartera de clientes no tradicionales en ascenso se completa con Medio Oriente y Magreb-Egipto, que adquirieron 20,1% y 15,6% más, respectivamente.
En un trabajo titulado “Fuentes de incertidumbre en el mercado mundial: análisis de impacto de la Peste Porcina Africana”, el Instituto de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales y la Fundación INAI analizaron las posibilidades a favor y en contra que se le abren al país en este contexto para el posicionamiento agroindustrial exportador, a partir del nuevo escenario de precios bajos que se empieza a hacer sentir este año en la contribución del sector a la economía.
De acuerdo a estimaciones de la Bolsa de Cereales, el Valor Bruto de Producción de las 6 principales cadenas agrícolas (Soja, Maíz, Trigo, Girasol, Sorgo y Cebada) resignará más de US$2.300 millones respecto de las estimaciones de inicio de campaña, y el monto de las exportaciones disminuiría en US$1.344 millones.
El vaso medio lleno que ofrece la especial coyuntura china es la oportunidad a la que invita: exportar carne de cerdo en lo inmediato que ayude a cubrir el transitorio déficit alimentario que causó el desastre sanitario porcino, lo cual a la vez consolidará el acceso para el largo plazo a los mercados asiáticos de proteína animal (incluida la vacuna y avícola) producida en las pampas australes.
Precisamente, el estudio técnico apunta a advertir que, una vez controlada la PPA, podrían pasar años hasta que China recobre su producción, lo cual ofrecería distintas ventanas de oportunidades y perjuicios, que deberían ser evaluados en el marco de que, al mismo tiempo, los aranceles aplicados por China continuarán en vigor tanto para soja como para cerdos mientras duren las negociaciones de la llamada guerra comercial.
Por más que estas especulaciones sobre la marcha de los precios internacionales no tengan efecto sobre el área y las cantidades de grano de la cosecha en la actual campaña 2018/19, sí encienden señales de alarma para la que viene, que se inicia en estos momentos con la siembra de cultivos de invierno (trigo y cebada).
En tal sentido, previene que los menores precios internacionales debidos a la guerra comercial, en combinación con la medida oficial de eliminar el diferencial arancelario entre el poroto y los subproductos de la molienda de soja (aceite y harina), junto al aumento en las alícuotas de derechos de exportación, ocasionan una importante disminución de los precios domésticos y de los márgenes al productor comparados con campañas anteriores.
El crushing local, principal fuente de exportaciones del país, sufrirá las consecuencias, pone de relieve el informe.
Recuerda que Argentina había experimentado tres campañas consecutivas con un significativo crecimiento del área sembrada y la inversión en tecnología por hectárea tras haber sido suprimidas las restricciones a las exportaciones y disminuidos los derechos de exportación a fines de 2015.
La guerra del cerdo
La Peste Porcina Africana agregó a este panorama sus efectos negativos en la producción de cerdos en China, que constituye la principal fuente de demanda de harina de soja de ese país.
Podría suceder también que las condiciones climáticas adversas en USA, que demoraron la siembra de maíz, hagan que parte de la superficie destinada pase finalmente a engrosar el área prevista para el cultivo de soja, lo que también pegará de lleno en los precios.
China es el mayor productor y consumidor de cerdo del mundo. Con una producción que supera las 54 millones de toneladas, representó en 2017 el 48% del total mundial, el doble que la Unión Europea y cuatro veces más que EE.UU. En dicho año consumió 56 millones de toneladas, requiriendo importaciones por 1,6 millones, de manera que es también el principal importador de esta carne (un 20% del mercado internacional), por encima de otros grandes compradores como Japón (19%) y México (14%).
Por otro lado, la carne porcina representa una parte importante de la ingesta de proteína de origen animal, unos 30 kgs per cápita, ubicándose en segundo lugar luego de los 43 kgs que representa el pescado.
El faltante por la propagación de la peste podría redundar en una demanda insatisfecha que no sería fácil de reemplazar con importaciones debido a los grandes volúmenes implicados.
Según el Rabobank, se necesitarían cubrir 4 millones de toneladas, así como también un incremento en el consumo de carne aviar.
De modo que parte del consumo no satisfecho de cerdo se podría desviar hacia otras carnes, rondando las 600 mil toneladas de carne bovina importada en el escenario central, y 375 mil toneladas de carne aviar. Se estima que podría incrementarse también la demanda de productos de la pesca y acuacultura, según la proyección de la Fundación INAI.
Dada la importancia del sector para el crecimiento de la economía y la generación de divisas, los impactos de este nuevo escenario mundial adquieren para nuestro país significativa importancia, y invitan a repensar las decisiones adoptadas en materia de política agropecuaria.
Sobre todo porque el fenómeno no se limita a China: la expansión del virus es tal que se han informado brotes en países vecinos: en enero de este año en Mongolia (11 brotes con 3.115 animales sacrificados), en febrero en Vietnam (89.600 sacrificados) y en abril en Camboya (2.400 cerdos).
La situación es más compleja si se considera que las compras desde USA., el 2do exportador después de la UE, enfrenta aranceles adicionales producto de la guerra comercial.
A pesar de esto, el precio mayorista de la carne de cerdo en USA. se incrementó en abril un 16% con respecto al mes anterior y un 23% con respecto al año anterior.
La imposición del arancel a la soja estadounidense no sólo prácticamente paralizó las importaciones desde ese origen y disminuyó las compras totales chinas de poroto presionando las cotizaciones a la baja.
Por la estructura del mercado mundial, genera una prima en favor de los precios de la soja proveniente de Argentina y Brasil, que se ubican por encima de la soja de USA.
Al disminuir, de esta manera, los márgenes de molienda en Sudamérica y aumentarlos en USA., la medida afecta negativamente la industrialización del poroto al interno de Argentina.
Según un trabajo de la Bolsa de Cereales y la Fundación INAI, la molienda de soja podría ubicarse esta campaña en niveles históricamente bajos, en torno a las 38 millones de toneladas, al tiempo que aumentarían en contrapartida las exportaciones de poroto sin procesar.
La situación, lejos de haberse resuelto, acumuló nuevas medidas. El 10 de mayo se activó un incremento de aranceles por parte de USA., a lo que China reaccionó anunciando aumentos similares a una serie de productos que se aplicará a partir del 1ro de junio.
Adicionalmente, Donald Trump anunció un programa de ayuda a los productores agrícolas de su país por US$ 15 mil millones, superior a los US$ 12 mil millones otorgados en 2018.
Existen analistas que interpretan que la situación China podría implicar un balanceo favorable hacia USA. en la disputa comercial.
El argumento es que los precios más altos de cerdo que enfrentarían los consumidores chinos incrementarían la presión política de llegar a un acuerdo, especialmente al considerar que se trata de un producto con impacto relativamente elevado en el costo de la canasta de consumo.
Sin embargo, el mapa es más complejo, dado que también resulta afectada la demanda china de porotos de soja, y existe además el riesgo de que la enfermedad llegue a USA.