Una de las reacciones más evidentes surgió de la pluma del conocido periodista financiero británico Ambrose Evans-Pritchard, quien en su columna del diario The Telegraph escribió: “El FMI nos regaló un gótico show de terror. El sistema financiero internacional está más tenso, inestable y peligroso que en vísperas de la crisis de Lehman Brothers. El alivio cuantitativo (es decir el respaldo de los mercados con ayuda de la impresión de moneda), las tasas 0% y las represiones financieras empujaron por todos lados a los inversores – y en el caso de los fondos de pensión o aseguradoras de vida en la práctica los obligaron- a tomar riesgos cada vez mayores. Hemos creado un monstruo”.
El término “represiones financieras” que utiliza el autor de The Telegraph se relaciona con todo el conjunto de decisiones administrativas y económicas que hacen imposible la defensa ante la inflación de los ahorros de los ciudadanos de a pie, las propias empresas y los fondos de pensión.
Las “represiones financieras” resultan el horizonte hacia el que marchan los bancos centrales de USA, la Unión Europea y Japón, para obligar a los inversores a colocar su dinero en proyectos cada vez más riesgosos en la esperanza de que esto va a estimular la economía.
En la práctica, resulta que una considerable parte de este dinero le queda a las llamadas compañías-zombi, que pueden existir solamente endeudadas, no pueden ganar dinero y desarrollarse y en cuanto a pagar los préstamos tomados, lo más probable es que nunca lo hagan.
Durante la pasada crisis de 2008, el epicentro de los problemas financieros se hallaba en el ámbito de los créditos hipotecarios “tóxicos”, concedidos en USA a tomadores que en principio no tenían chances de pagar por ellos.
Ahora, y es a esto a lo que apuntan el FMI y Ambrose Evans-Pritchard, un problema análogo se extiende prácticamente a toda la economía mundial, y en calidad de deudores irrecuperables ahora aparecen no los pobres y desocupados estadounidenses, sino empresas (inclusive muy grandes) con múltiples activos y empleados, pero carentes de beneficios y con una enorme carga crediticia.
Hay que dar el mérito a los analistas del FMI, que no sólo encontraron en sí la audacia de apuntar a la existencia de grietas en el fundamento de la economía mundial, sino que además calcularon en cifras concretas cuánto dinero puede volatilizarse de ella ante la 1ra. recesión.
Es posible que, para no asustar demasiado al auditorio (o al revés, para demostrar cuán duras serán las consecuencias incluso al realizarse el escenario no más terrible), ellos calcularon partiendo de la suposición que la ralentización de la economía será “la mitad menor” del shock de 2008. Esto es lo que obtuvieron:
“En los 8 países líderes (de la economía mundial) las obligaciones de la deuda de las empresas aumentan y su capacidad de servirla empeora. Nosotros consideramos la incidencia potencial en el caso de un severo retraso del crecimiento económico, del orden de la mitad de reducción de ritmos ocurrida durante la crisis financiera mundial de 2007-2008. Nuestra conclusión sirve de clara advertencia: la deuda de las empresas incapaces de cubrir los gastos porcentuales a cuenta de sus ingresos, a la cual definimos como ‘confirmada deuda-riesgo de las empresas” puede aumentar hasta US$ 19 billones. Esto es casi el 40% de la deuda total de las empresas en los países observados por nosotros, entre los que se encuentran USA, China y algunos de Europa”.
Los defaults corporativos incluso de parte de esta gigantesco iceberg de deudas serán simplemente tumbas de piedra no sólo en el crecimiento económico sin incluso en la economía global o en considerables partes de la misma.
Para comprender las dimensiones del problema es posible citar otra cifra más: la deuda estatal federal oficial de USA es aproximadamente de unos US$ 22 billones. En manos de los gobiernos de los principales países del planeta hay una bomba de deuda, cuya detonación por su efecto puede equipararse con un default de USA.
Es importante comprender que las compañías que adquirieron estas deudas (en esta categoría ingresan incluso tales “favoritas” de los medios mundiales como Uber, Tesla, WeWork, entre otras) tienen chances microscópicas para que de repente comiencen a obtener suficientes ganancias para pagarlas (precisamente pagarlas y no saldar intereses).
Además, las oportunidades de que, en las actuales condiciones puedan aparecerles algunos beneficiosos competidores son cero ya que competir con compañías que con frecuencia pueden utilizar los dineros de los créditos para vender sus servicios a pérdida y luego tomar nuevos créditos (como hacen Uber o WeWork) es una tarea imposible.
Como resultado de todo esto, una parte cada vez mayor de la economía mundial transcurre por un proceso de “zombificación”: las empresas se transforman de productores de mercancías y servicios en devoradores de créditos y esto no puede terminar bien.
En el campo informativo aparecen con frecuencia cada vez mayor voces (y son voces de la tendencia principal de las finanzas mundiales) que llaman a los bancos centrales a terminar con el inflado de empresas improductivas.
El telecanal de negocios CNBC cita al doctor Yuwa Hedrick-Wong, profesor, investigador científico de la Universidad de Singapur y ex líder del grupo de consejeros económicos de Mastercard, quien en la conferencia Forbes en Singapur declaró: “Estoy firmemente convencido de que las tasas cero o negativas realmente acarrean un enorme daño a la economía en una perspectiva a largo plazo. Comencemos del hecho que las tasas cero envenenan el ámbito corporativo de negocios. La afición a los dineros baratos es un problema, no una solución”.
El problema radica en que ningún político occidental o dirigente de banco central adoptará las duras pero imprescindibles decisiones que permitirán sacar a la economía global de la aguja de los dineros fáciles en tanto que el tiempo para resolver problemas puede en cualquier caso resultar insuficiente.
La nueva directora ejecutiva del FMI, Kristalina Gueorguieva, comenzó su primera conferencia de prensa con una alusión poética a que pronto la economía mundial tendrá dificultades. “Cuando venía para aquí –dijo- sentí que la temperatura había bajado. Pensé entonces en mi amado poeta ruso Pushkin. Por eso quería comenzar con sus versos: ‘Sopló el frío otoñal, el camino se congela’. Por desgracia, es la mejor comparación con lo que ocurre en la economía mundial”.
Si el cálculo de sus colegas sobre la dimensión de la bomba dela deuda bajo la economía mundial es correcto, para la dirección del FMI pronto serán actuales otros versos pushkinianos: algo vinculado a “pesares” y “círculos”, así como la búsqueda de optimismo en condiciones de depresión.
Es curioso: ¿cuál es el beneficio de un banquero, inclusive grande, en dar a las empresas créditos que de antemano son irrecuperables?
Está claro que algún beneficio debe existir. La respuesta surge sola: los banqueros comenzaron a practicar métodos de “retornos”. Los banqueros incrementan su capital personal, sin gravámenes impositivos, entregando a alguien un crédito sin devolución y recibiendo por esto sumas de buenos porcentajes en efectivo.
Invirtiendo este efectivo en una mercancía más sensible, ocupándose no de la rentabilidad bancaria sino sobre su capital personal. Es difícil presuponer otra explicación a la conducta de los banqueros en los mercados financieros. La corrupción avanza.