Sorpresivamente -y contra lo que pensaba- llegó Guillermo Dietrich, soy de los que no lo pueden llamar “Guillo”, en una imaginaria bicicleta blanca que lo depositó en el balcón de mi piso 19.
Se lo veía tenso y lo invitó a que deje el casco de ciclista sobre mi escritorio, “la reunión será pacífica”.
Los invité antes de comenzar la reunión con una copa de champagne que es la bebida apropiada para hacer un brindis que es una forma de encuentro entre las personas como rezan esos versos de Vinicius de Moraes, “la vida es el arte del encuentro”.
Como imaginario anfitrión les expliqué el motivo del encuentro y les propuse como condición un principio de justicia libertario expuesto por John Rawls que debía ser la referencia de la conversación que dice más o menos asi: “las desventajas sociales deben acomodarse de modo que favorezcan a los menos aventajados”.
Aceptado el principio, Pablo Biró pidió iniciar la conversación y explicó los graves perjuicios que causa la política aérea implementada por el gobierno, y dio como ejemplo que LASA apenas pudo funcionar unos pocos días, que Andes despidió gente, que Latam reduce el cabotaje porque su objetivo de negocios es otro, que las “low cost” buscan devorar a Aerolíneas Argentinas, que el nuevo convenio con los EEUU de liberalización total perjudicará a las empresas argentinas, entre las que incluyó a Latam, pero a su vez la inculpó por pretender usar para sus vuelos a EEUU aeronaves matriculadas en otro país y, finalmente, dijo que el transporte aéreo lo diseña el actual secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, ex LAN.
Biró también le reprochó a Julian Cook que Flybondi intenta romper el gremialismo al tener su propio “gremio”. Finalizó su charla que se extendió por unos veinte minutos diciendo que el “defiende el trabajo y la fuente de trabajo de los aeronáuticos argentinos”.
El Sr. Ministro, Guillermo Dietrich, al que se advertía incómodo y como molesto de haber aceptado la invitación, diría que parecía arrepentido, al principió con bastante mal modo le dijo a Biró, “…pasa que vos sos K y tu objetivo es echarnos del gobierno…”, luego de un breve silencio agregó “…con vos no se puede hablar…”.
Mi intención era la de no participar, pero me pareció oportuno hacer una advertencia y dirigiéndome al ministro le dije que, quizás, en su lugar yo también estaría enojado y que entendía que la presencia de Pablo, por Biró, podría resultar irritativa o inoportuna, pero que aunque lo consideráramos un impío, debíamos escucharlo y responderle con respeto.
Pablo, quizás con un relato algo incoherente, señaló verdades, tal como lo de LASA, los despidos de Andes y devolución de aviones, el achicamiento de la operación de cabotaje de Latam y alertó sobre la fuente de trabajo del personal aeronáutico, lo que es, de algún modo, preocupante ya que los balances de Aerolíneas Argentinas y Austral daban pérdidas de casi US$ 600 millones para 2018 y que mi sospecha es que todas las aerolíneas que operan con matricula “LV” por lógica habrán cerrar sus balances con pérdidas, lo que también era un signo de alarma.
Le señalé a Pablo que la Argentina tiene más de un 30% de pobreza y que ante las necesidades insatisfechas de un segmento importante de la sociedad, no parecía justo ni razonable que el Estado tuviera que poner millones de dólares en Aerolíneas Argentinas y Austral cuando, además, la mayoría de las líneas aéreas del mundo son privadas y obtienen resultados positivos y que las que pierden dinero, cierran o quiebran, pero que, de todos modos, pese a cierres y quiebras la oferta de personal aeronáutico en el mundo es insuficiente.
Biró me reprochó diciendo que no era de ellos la culpa de la pobreza y que ganaban más o menos bien porque son técnicos y de cada piloto depende la vida de los pasajeros transportados.
Sin pretenderlo, le respondí que toda profesión y oficio de algún modo tiene que ver con la vida del prójimo, un gasista que hace mal una instalación puede causar la muerte de decenas de personas…
El ministro Dietrich hizo mérito de la “revolución de los aviones” y de sus beneficios; comparando con 2015 dijo: “… Hay más tripulantes de cabina, hay muchísima más gente en los aeropuertos. Hoy trabajan mil personas en las low cost, gente que no trabajaba en el país porque no había trabajo".
“Es trabajo precario", retrucó Pablo.
En ese punto, Julian Cook, quien había permanecido callado le dijo a Pablo que no confundiera “trabajo precario” con "trabajo digno”, y que la gente de su empresa (por Flybondi) trabaja dignamente el máximo de horas que permite la reglamentación, que todos son trabajadores argentinos y que su personal constituyó su gremio porque los gremios aeronáuticos se oponían a que se crearan esas fuentes de trabajo…
Pablo, con bastante dogmatismo, le respondió de mal modo, por eso evito transcribir sus dichos, pero admitió que hay más gente trabajando, personas que no se afiliaron a los gremios tradicionales y que esos trabajadores son precarios porque carecen de los beneficios del resto de los trabajadores aeronáuticos…
Pablo, le dije, te recuerdo lo que había explicado en la reunión del taller del PIUBAT: "todo derecho tiene un costo y respetando un piso mínimo, el derecho que no se puede financiar no es derecho."
"El personal de Aerolíneas Argentinas y Austral tiene muchos beneficios gracias a los contribuyentes que soportamos una presión fiscal, contando la incidencia de los impuestos directos e indirectos de alrededor de un 60%, y te recuerdo que los pobres también pagan los impuestos indirectos, a Aerolíneas Argentinas la financia también ese 30% de pobres e indigentes", agregué.
El ministro Dietrich admitió que podían existir ciertos desajustes y me di cuenta que está convencido y cree muy sinceramente que está protagonizando “una revolución de los aviones”.
Debo decir que los otros dos gremialistas se limitaron a escuchar y en algún momento dijeron que durante el gobierno “K” las cosas estaban mucho mejor, "incluso en al gestión de Isela" (Costantini), dijo uno de ellos, comentario que compartió Pablo.
Si bien esta reunión se hizo “fuera de hora”, igual se hizo tarde y propuse una agenda de temas para que se discutan en un ámbito de imparcialidad, incluso algunos ante algún juez de la Nacion, tal como la cuestión del artículo 99 del Código Aeronáutico y el decreto 52/94 que lo modifica, la necesidad de promover ante el Congreso de la Nación la derogación de la Ley N°19.030.
También solicité que se debía poner fin a la práctica de “paros sorpresivos”, dado que la defensa de lo que se consideran derechos políticos no se puede hacer lesionando los derechos del resto de la gente.
Quedaron en responderme, y en ese punto recordé mi aporte en el año 1985 cuando contribuí a levantar el paro decretado por APLA que llevaba mas de 20 días de duración, respondiendo a un llamado que me había hecho mi amigo Aldo de Petris, a la sazón director nacional de Transporte Aéreo; y que mi otro amigo, Mario Massolo, presidente de Apla, también aportó lo suyo para terminar con el conflicto.
Reitero, los personajes son reales, pero la reunión no existió y cualquier coincidencia con la realidad es mera casualidad.