Sobre la evaluación, Hugo Pardo Kuklinski y Cristóbal Cobo, de Outliers School, nos advierten- en su nuevo libro de expandir la universidad más allá de la enseñanza remota de emergencia - que “en la pandemia, la prioridad no es el proceso de calificación, sino la adaptación de los actores a la situación de crisis, garantizando pequeños éxitos permanentes de aprendizaje”.
Una vez más, leemos entre reconocidos autores, la importancia de una evaluación basada en las capacidades de colaboración, en el trabajo en equipo (aun con los alumnos reunidos de manera virtual), habilidades de comprensión lectora, de pensamiento y de comunicación al elaborar una monografía, realizar un comentario sobre un comic leído, un podcast escuchado, o una comparación de fuentes históricas se presentan como herramientas ideales para una evaluación formativa del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Donde sí pareciera haber consenso es en la mejora del manejo de la tecnología por parte de los docentes. Como señala el modelo “70:20:10”, el aprendizaje más efectivo es aquel que se lleva a cabo en el mismo trabajo, por lo tanto, no sorprende saber que los educadores han logrado transformar esta cuarenta en una oportunidad de aprendizaje propio.
El 60% de los encuestados cree que la “nueva normalidad” en la educación llegaría en septiembre y aunque todavía no sabemos con certeza esto, vale la pena sostener la continuidad de la escuela mientras pensamos en los próximos pasos a dar.
La Organización CASEL (Collaborative for Academic, Social and Emotional Learning) es experta en aprendizaje social y emocional, y recientemente ha elaborado un documento que sirve como Guía Inicial para la reapertura de la comunidad educativa donde señala 4 recorridos de acción que pueden ser de utilidad para reflexionar ahora y a su vez prepararnos a las situaciones futuras:
1. Diseñar oportunidades para que los adultos se conecten, sanen y cultiven sus propias competencias y capacidades del aprendizaje social y emocional.
2. Crear un aprendizaje emocional y físicamente seguro, de apoyo y con entornos atractivos que promuevan el desarrollo social y emocional de todos los estudiantes.
3. Utilizar los datos como una oportunidad para profundizar las relaciones y mejorar continuamente.
4. Brindar apoyo para los alumnos para estudiantes, familias y personal.
Los educadores no solo enfrentan el desafío de repensar sus próximas clases (presenciales o bajo un modelo híbrido), sino también planificar las actividades lúdicas y sociales para mejorar la convivencia escolar luego de tanta ausencia presencial: ¡una nueva construcción de vínculos será necesaria!