Tampoco se trata de reforma laboral, la cosa no pasa por un mes más o menos de indemnización ni días más días menos de vacaciones, sino de pensar en un nuevo y distinto sistema que, y por ir a un muy simple ejemplo, legitimice el uso de las “app” para generar nuevas modalidades laborales que poco o nada tienen que ver con la legislación vigente, que sólo está diseñada para fomentar la industria del juicio laboral como fuente de trabajo, un increíble oxímoron.
Además, es causa de la marginalidad laboral, de ese 30% que trabaja en negro ya que el costo de esa legislación hace inviable muchas actividades que solo permiten vivir de modo honesto eludiendo su aplicación. Otro oxímoron del sistema.
Es un negocio muy lucrativo de pocos, y para pocos.
En épocas de conflictividad tal como las que vivimos es posible que a nadie se le ocurra pensar en la creación de tribunales judiciales arbitrales con capacidad para intervenir y resolver los conflictos sociales disminuyendo lo que aún se llama “derecho de huelga” o paro al mínimo posible.
Esta es una cuestión a la que nadie se anima y que facilita el “matonismo” que se nutre en la indignidad de la pobreza y en la insatisfacción de la gente.
Por el contrario, se mantiene esta cultura “agonal” en la que la fuerza se convierte en razón y la extorsión en justicia.
¿Esto es lo máximo que puede ofrecer “Cambiemos y sus súbditos” para hacer lo que hay que hacer?
¿O solo piensan que las mayorías son zonzas y algunos de estos 10 puntos nos pueden despertar algún sentimiento solidario, cuando ni llegan a ser un creativo sonsonete....?
El culto a la obviedad es una prueba de estupidez y de falta de estilo, esa cualidad que nos debería distinguir de aquellos de los que no queremos diferenciar, no por supremacías o inferioridades, sino más bien para mostrarnos como realmente distintos con propuestas atractivas, audaces y por supuesto legítimamente esperanzadoras.
Tal como aquel viejo dicho de nuestras tías abuelas que ya eran viejas a los 50 años, como aun lo creen muchos “PRO”, “Para bien no pueden para mal se esfuerzan”
Tampoco la llamada oposición se luce.
Cristina edita un libro que, según Ignacio Zuleta, habría escrito una tercera persona llamada Maria Seoane, lo que de por sí sería más que, una feroz prueba de hipocresía y cinismo, una triste picardía sin gracia. Motivo suficiente para ignorarlo.
Roberto Lavagna, devenido en sagaz oraculador, por Dios no confundir la palabra con otra que podría sonar como muy parecida con solo cambiar una letra, cada vez nos hace añorar mas a la revista “Billiken” y no me extrañaría que de llegar a algo dispusiera su reapertura, bajo su excluyente dirección.
Sus 10 puntos conocidos recientemente en una suerte de contrapunto a los propuestos por el gobierno, son otra muestra de elocuencia inútil, de picardía tardía, en definitiva de mediocridad.
Está muy claro, ya lo competencia electoral no será para elegir el menos malo sino al más mediocre.
Sergio Massa, Rolando Rivas de la política, se cree digno de cortejar a Monica Cristina Paz y nos ofrece ese estilo pegajoso de lenguaje blando y flácido que solo provoca rechazo y nauseas.
Poco más nos queda, pero asumamos que tampoco nosotros como sociedad tenemos y somos mucho más.
Un edificio no se construya con un solo gran ladrillo, sería imposible, tampoco se construye desde un piso intermedio hacia arriba, tampoco se construye rezando en una templo, marchando hacia cualquier lugar o cortando un camino o una calle.
Si nuestro futuro dependiera de lograr acuerdo alguno sobre esos 10 puntos, comenzaría a creer en el arte del birlibirloque y que era cierto aquella estupidez de que estamos condenados al éxito…