Sin embargo, en Wall Street ven que los plazos comienzan a hacerse más largos. De acuerdo a un reporte de Bank of America Merrill Lynch, el acuerdo podría firmarse en mayo, sostenido por "la reciente austeridad fiscal" del país y las "mejoras en el tipo de cambio".
En sintonía, el JP Morgan estimó que las partes podrían estrechar sus manos "antes de mediados de año".
No obstante, hay versiones que aseguran que las negociaciones podrían dilatarse hasta, incluso, después de las elecciones de medio término a celebrarse en octubre.
"Hubo un cambio de retórica en las últimas dos semanas en Wall Street. Pasaron de hablar de un done deal con el Fondo, algo inevitable, a un escenario más de zafar, de patear la pelota y de llegar a octubre sin ajuste", cita lanación.com de un "banco de inversión". "El riesgo de que pospongan el programa subió. Lo más obvio es pagar (los vencimientos previstos para este año), y posponer hasta noviembre. Van a tener un programa lavado, pero un programa al fin", coincidió otra fuente, de acuerdo a ese mismo medio.
Pero en el mercado ven otro "riesgo" y es que el acuerdo no apunte a corregir los desequilibrios macroeconómicos y sólo se agote en soluciones de corto plazo. En el reporte que consignó la agencia Reuters, JP Morgan no era optimista de que el próximo programa apoyado por el Fondo aborde las "fricciones" clave que pesan sobre la inversión, las exportaciones y, por lo tanto, la actividad económica, lo que consideró un plan de "baja calidad".
"Además, existe un riesgo creciente de un programa de baja calidad, implicando simplemente la eliminación de las presiones de corto plazo sobre las cuentas externas (de Argentina) derivadas de los debidos reembolsos de los (anteriores) Acuerdos Standby del FMI", dijo el banco de inversión.
En cuanto a los plazos, en la plaza local también creen que habrá demoras en arribar a un acuerdo. "Mi sensación es que las negociaciones quedaron algo estancadas", dice Adrián Yarde Buller Economista Jefe del Grupo SBS.
"Los manuales indican que el Fondo tiene que pedir un sendero de consolidación fiscal, contracción monetaria, metas de reservas y un gradual levantamiento de los controles de capitales, lo que implicaría acelerar la tasa de devaluación. El problema es que esta receta entra en clara tensión con la estrategia política de cara a la elección legislativa de este año. Conseguir financiamiento externo para cubrir el elevado déficit fiscal primario de este año sin excederse con la emisión sería una forma de resolver esta tensión y poder enfocarse en los objetivos económicos a partir de 2022, aunque hoy Argentina no tiene acceso al mercado externo", consideró en declaraciones al portal El Economista.
Consultado sobre cuáles serían los efectos de que no hubiera definiciones sobre las negociaciones en los próximos meses, Yarde Buller respondió: "Ante todo, se postergaría la llegada del esperado plan de estabilización que Argentina tanto necesita para poder anclar las expectativas de inflación, estimular la inversión y recuperar la sostenibilidad de la deuda. Esto aumentaría la incertidumbre y podría afectar la recuperación de la economía. Sumado a esto, en mayo tenemos un importante vencimiento con el Club de París por US$2.410 millones y, para poder reestructurarlo, los acreedores demandan que Argentina tenga un acuerdo cerrado con el FMI, por lo que si las negociaciones no se definen podría haber que cubrir ese pago con reservas".