Para el kirchnerismo duro, Guzmán es un "fiscalista ortodoxo". El ministro se defiende y sostiene que los niveles de emisión que convalidó durante la pandemia demuestran lo contrario.
No está clara cuál es la posición de Alberto Fernández en todo este asunto, aunque el Presidente sostiene a su ministro.
Pero Kicillof y Guzmán hablan más de lo que se sabe. El fin de semana trascendió que antes de la postal en el despacho del ministro, ambos dirigentes se encontraron el lunes 24/05, durante el feriado largo, reunión de la que no resultó una foto. Allí habrían quedado expresadas sus diferencias y no está claro si hubo algún nivel de acuerdo.
De hecho, nuevos chispazos asoman. Esta vez respecto a la prolongada y crispada negociación que el gobernador tiene con los acreedores de la provincia con títulos bajo ley extrajera. Kicillof lanzó el canje en abril de 2020 y todavía no cierra un acuerdo. Es más, algunos bonistas amenazan con pegar el portazo y dirimir la cuestión en los tribunales. La provincia está en default desde mayo del año pasado.
Guzmán estaría viendo con preocupación esa dilatación. Y -dicen- teme que el conflicto de Kicillof salpique de alguna forma a Nación. Los antecedentes de Kicillof (negociaciones largas en las que termina pagando demasiado o conduciendo a un default) inquietarían al ministro, quien ya padece los avatares del acuerdo que el entonces ministro de Economía de CFK cerró con el Club de París.
¿Por qué se demora tanto un acuerdo con los bonistas? En La Plata aseguran que la intransigencia de los acreedores complotan contra su propuesta de "buena fe". Los tenedores de deuda dicen que es lo contrario. En medio, se cuela una versión tal vez mal intencionada: que Kicillof estira la negociación para anunciar un acuerdo lo más cercano posible a las elecciones y utilizarlo como recurso de campaña.