Otro logro de la gestión que finaliza este año, según apunta Giacomini, ha sido que se disminuyó la distorsión en los precios relativos, y que los niveles alcanzados en la energía y el transporte pueden ser considerados más razonables.
Por el lado de la balanza de pagos, la eliminación de los cepos y la depreciación cambiaria contribuyeron a una mejor performance comercial, aunque el saldo favorable que trae en 2019 obedece más a la reducción de las importaciones por recesión que a un incremento de las exportaciones.
También la cuenta corriente, gracias al leve repunte comercial, un poco a que cedió el turismo al exterior y al financiamiento institucional obtenido, alcanzó a virar algo el perfil ultra-negativo que traía de arrastre, pero aún así no logra bajar en rojo de los 5,4 puntos del PIB.
Tarifazos, devaluación, hipertasas y freno de la actividad económica constituyeron el elixir de la Administración Macri para exhibir números fiscales, monetarios y de sector externo superadores de la herencia kirchnerista, aunque a costa de una inflación indómita que motoriza la mayor parte de las consecuencias indeseadas que enumeró Giacomini en el scorer construido.
Los rojos subidos a púrpura o bermellón golpean de lleno en el acápite que señalizó como economía real: menor nivel de actividad, peor poder adquisitivo del salario, PIB per cápita más bajo, menos empleo y mayor desempleo y más pobreza e indigencia tienen que ver directamente con las mismas personas a las que se les piden el voto.
Sequía de inversiones
La otra herencia que dejará peor que la recibida dentro de la economía real es que la inversión sigue siendo tan insuficiente como la concitada por la anterior Administración y que el capital es más costoso.
En estos 4 años, el gobierno de Cambiemos batió el récord de presión tributaria sin que el gasto público baje en serio y los subsidios no variaron lo suficiente en relación con el déficit primario, que si bien es menor aún permanece lejos del necesario para la sustentabilidad de la deuda, que cada vez resulta más elevada e impone urgencias financieras mayores.
La incertidumbre y la volatilidad han sembrado tantas dudas entre los tenedores de bonos que el riesgo país pelotea en la línea de los 1.000 puntos y llena de dudas el cumplimiento del plan financiero.
Es que los mercados de capitales, abiertos en el primer tramo de la gestión, se cerraron y complican la evolución de los cortos plazos.
Al Banco Central le subieron los pasivos no monetarios remunerados y, lo más grave, perdió la reputación y la credibilidad por la suma de fracasos en 4 años.
Más inflación, mayor repudio por el peso por parte de los ahorristas dolarizados y empobrecimiento del país reflejado en el tipo de cambio real cierran la lista de las cuitas fiscal, de deuda y monetaria que pasaran al que siga.
En producción, inversión, empleo, poder adquisitivo del salario, pobreza e indigencia la brasa candente que legará Macri al que lo suceda, o el autopase que se dará si es él mismo, le gana por goleada, pero en contra, a la que viniera del 2015.
El sacrificio al consumo que esta combinación de efectos trajo aparejado y el sobreendeudamiento que, principalmente, alimentó la timba financiera, causaron una victoria pírrica en la balanza comercial, porque fue la merma en las importaciones por la recesión la que amasa un saldo positivo que se acercará a los US$10.000 millones este año y posiblemente a la mitad en el que viene.
Tasa de interés internacional más alta y términos del intercambio más bajos son una combinación letal para la cuenta corriente de la balanza de pagos y obligarán a quienes entren en diciembre a la Casa Rosada para gobernar hasta 2023 a una dramática renegociación de la deuda.