A Cristina le enfurece la buena relación que viene manteniendo la Casa Rosada con la Jefatura de Gobierno porteña. En ese sentido acusó días atrás al fiscal General de la Ciudad, Juan Bautista Mahiques, de formar parte del supuesto "lawfare", como así también a Emiliano Blanco, quien conduce el Sistema Penitenciario Federal, y que a su vez Losardo quiere como Subsecretario de Asuntos Penitenciarios. Esta designación se encontraría vetada por el secretario de Justicia, Juan Martín Mena.
Cabe destacar que Mena es muy cercano a CFK, mientras que Losardo es de extrema confianza de Alberto Fernández, de quien es amiga y fue socia en el estudio de abogados.
CFK acusaría a Blanco de ser un operador de Angelici, ya que durante las elecciones en Boca encontraron en el padrón a socios del club del Servicio Penitenciario, y por eso lo involucraron en esa maniobra y el cristinismo no lo quiere como subsecretario de Asuntos Penitenciarios
En definitiva, según resume Valdez, Cristina, más que gradualismo, quiere una "política de shock" en Tribunales, como una venganza.
Cabe recordar que en el motín en el penal de Devoto ya había quedado en evidencia un cortocircuito entre el cristinismo (Mena) y el albertismo (Losardo).
Es que Mena inició una negociación reservada con los presos del penal de Devoto que piden ser liberados por la pandemia, sin que su superior, Losardo, estuviera -aparentemente- al tanto.
Lo cierto es que Mena tuvo un rol clave en las conversaciones con los presos durante los primeros dos días de la protesta, cuando los ánimos estaban caldeados. Pero luego se corrió de las negociaciones, justo cuando irrumpió la titular de la cartera, Marcela Losardo. De hecho, los reclusos hicieron notar su disconformidad por la ausencia del secretario de Justicia y pidieron su intervención.
También se notaron las internas en el episodio Ricardo Jaime, cuando el secretario de Derechos Humanos del Gobierno, Horacio Pietragalla -que responde a CFK-, pidió el beneficio de la prisión domiciliaria para el ex secretario de Transporte, sin que Alberto Fernández lo supiera.
El Presidente dijo haberse enterado de la decisión por los medios, cuando ya estaba tomada, y luego citó a Pietragalla para que dé explicaciones. Pero el asunto no pasó a mayores.