Sin embargo, el Otro existe. La diversidad se construye sobre la tolerancia. Y la tolerancia se basa en el respeto hacia los demás o hacia lo que es diferente a lo propio. Y esto fue lo que vulneró, curiosamente, la propuesta del Teatro Colón.
A veces, el colectivo LGBTQ+, tan presente en lo que sucedió en el Teatro Colón, es intolerante con la tolerancia, en supuesta revancha de la intolerancia recibida en el pasado. Pero, en su nuevo rol de empoderamiento sociocultural, se comporta con formas que obligan a temer qué sucedería si fuese algo más que un movimiento sociocultural.
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Papa Francisco: en 2004 él reclamó, y logró, cerrar la muestra de León Ferrari en Recoleta.
Teología Indecente
Ya que Tantanian expuso el tema, ¿qué es la Teología Indecente?
Fue un ensayo de la ya citada Marcella Althaus-Reid, y se encuentra agotada la edición local de 2014. Para abordar la Teología Indecente habría que ir a la Teología de la Liberación a la que adhirió y luego reinterpretó Althaus-Reid, de acuerdo a su necesidad de darle un marco teológico a lo que realmente le importaba, que era la trascendencia y legitimación de la comunidad 'queer'.
En realidad, bastante antes que Althaus-Reid esto lo planteó Stéphane Lavignotte: la dominación cultural del patriarcado y del heterosexismo enfrentada por la perspectiva feminista, gay, lesbiana o 'queer', reclamando una nueva sexualidad y una nueva relación de poder al interior de las iglesias cristianas.
Althaus-Reid tiene 2 conceptos que marcan su enfoque:
- “La teología es contextual”, y
- “La teología es un acto sexual.
A esto le suma su adhesión a lo 'queer', que entiende que establece una sexualidad “en movimiento”, es decir que no encuadra ni fija la sexualidad en categorías cerradas, interpela la bisexualidad, el transgénero y la transexualidad. En palabras de Althaus-Reis, el movimiento 'queer' es un “arco iris de identidades sexuales”.
Para la mayoría esto no tiene mucho que ver con el Cristianismo, o al menos con lo que debería entenderse como Cristianismo, sino que es una articulación de algo así como 'nuevo poder' humano, al que le endilgan mucho ego y también resentimiento. Todo esto es posible de comprender aunque se critique pero Alejandro Tantanian no puede 'sorprenderse' por lo que ha sucedido. Mucho menos declararse 'inocente'.
Cuando él menciona la 'Teología Indecente' tiene que conocer el resto de la frase de Althaus-Reis: "La teología es un acto sexual, una ideología sexual realizada en pauta sacralizada (...) y los teólogos indecentes han de ser actores sexuales de una praxis comprometida con la justicia social y la transformación de las estructuras de opresión económica y sexual en la sociedad."
Por lo tanto, Alejandro Tantanian no llevó a escena en el Colón una acción cultural sino un manifiesto político cultural, con obvias consecuencias en el ámbito religioso convencional. Sí, podría hablarse de provocación.
Y la obra 'Theodora', en su versión original, no tiene relación con la idea de Tantanian: es un oratorio dramático en 3 actos, de George Frideric Handel, con libreto de Thomas Morel, que no fue muy exitoso en su tiempo. En verdad, 'Theodora' fue un fracaso de público y su autor solo la interpretó 3 veces.
Aparentemente, Tantanian quiso reconvertir el oratorio en una ópera. Si los católicos no hubiesen reaccionado con tanto enojo, la obra habría pasado sin pena ni gloria porque Tantanian no logró su objetivo desde un punto de vista estrictamente artístico.
El escándalo
Pero ¿quién fue la rosarina Marcella María Althaus-Reid?
Fue una teóloga metodista -iglesia convulsionada por la cuestión LGBTQ+, que ya provocó su división institucional en USA-, formada en el Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET), ya obsoleto porque se encuentra en disolución, según una propuesta de la propia Iglesia Evangélica Metodista Argentina.
En sus días en esa entidad, Althaus-Reid se aferró intensamente a la Teología de la Liberación, reivindicó el feminismo y tuvo una obsesión contra lo convencional más que contra lo ortodoxo.
Luego, ella incursionó en la prédica de Paulo Freire, sumándose al Método de Concientización, que practicó en proyectos comunitarios y sociales en el Gran Buenos Aires. Un día llegó a España con su novio gay, luego pasó por Londres y así fue como llegó hasta Escocia, en donde mantuvo un matrimonio heterosexual, trabajó en barrios pobres, presentó su tesis doctoral sobre la influencia de Jean Paul Gustave Ricœur en la metodología de la Teología de la Liberación, y se inició en lo que se llamó 'Teología Queer'.
¿Quién podría explicar mejor esto? Iván Petrella, teólogo de la liberación y, por lo tanto, agnóstico, quien fue legislador PRO en la Ciudad de Buenos Aires, y secretario de Cultura con Mauricio Macri; hoy él es profesor en la Universidad Torcuato Di Tella.
Petrella, quien fue director académico de la Fundación Pensar -ombligo del PRO- trabajó con Althaus-Reid -publicaron juntos, en 2007, 'Teología por Otro Mundo Posible'- y aquí sí que se plantea un problema enorme de tipo electoral para quienes fueron al Teatro Colón a reclamar contra la puesta en escena.
Marcella Althaus-Reid propuso “quitarle la bombacha a la teología heterosexual”, y es autora de esta frase que deslizó a Dolores Curia, en Página/12:
Nuestros dioses son queer porque son lo que queremos que sean. No hay definiciones ni modelos finales sino sólo identidades maleables. Nuestros dioses son queer porque son lo que queremos que sean. No hay definiciones ni modelos finales sino sólo identidades maleables.
Es cierto lo que escribio Curia: "Cuando Marcella murió, en 2009, a los 57 años, en Escocia se declaró un luto nacional. En Argentina, casi nadie se enteró porque casi nadie sabía de su existencia."
También es muy interesante una frase de Althaus-Reid en aquella entrevista:
La Iglesia Católica tiene un problema con la definición de la vida: tiene que ver con el feto, pero no con las mujeres que mueren en camillas de aborto. Tiene un concepto de vida extraña y selectiva. Es misógino. La mujer es el enemigo, es la tentación de caer. La Iglesia dice que el aborto no se discute porque Dios lo dijo. ¿Dios dijo qué cosa? Dios no dijo nada. El debate del aborto no le incumbe a la Iglesia, tiene que darse en la esfera de los derechos humanos. La Iglesia Católica tiene un problema con la definición de la vida: tiene que ver con el feto, pero no con las mujeres que mueren en camillas de aborto. Tiene un concepto de vida extraña y selectiva. Es misógino. La mujer es el enemigo, es la tentación de caer. La Iglesia dice que el aborto no se discute porque Dios lo dijo. ¿Dios dijo qué cosa? Dios no dijo nada. El debate del aborto no le incumbe a la Iglesia, tiene que darse en la esfera de los derechos humanos.
Por lo tanto, reivindicar a Althaus-Reid era un riesgo, inevitable. El problema es que Alejandro Tantanian no fue sincero. Todos o casi todos los que fueron concurrieron a escuchar a Frederic Handel, ni conocían a Althaus-Reid. Fue una trampa.