Y esto es lo que intenta reflejar el trabajo de CEOP, tan cuestionado por el neolibertarismo criollo.
CEOP
"La imagen de Milei sigue marcando el pulso del deterioro: 35,1% positiva contra 64,9% negativa, un saldo neto de–29,8 puntos, el peor registro desde la asunción. La serie no deja lugar a dudas —desde marzo de 2026 el rechazo quedó clavado por encima de los 60 puntos y en agosto toca 65—. Pero este informe muestra que el problema del gobierno ya excede el bolsillo: hay un segundo frente abierto, y es el de las credenciales patrióticas y la argentinidad.
Durante meses el flanco del gobierno fue la economía. Lo que revela esta encuesta es que se le sumó otro, de naturaleza distinta y quizá más difícil de revertir: la percepción de que Milei está a contramano del sentir nacional. No se discute aquí gestión ni resultados, sino pertenencia; no es un problema de qué hace el gobierno, sino de qué lado está.
Cuando lo económico se vuelve identitario
Dos temas terminan de dibujar el mapa, y ambos tienen la particularidad de mezclar lo económico con lo simbólico.
El primero es la inmigración. Sectores del oficialismo vienen difundiendo una idea de nación de fronteras más cerradas, que asocia parte de los males económicos a quienes llegan de afuera. La sociedad rechaza ese marco de plano: el 74,3% está en desacuerdo con que los problemas económicos se deban en parte a los inmigrantes.
No es solo un dato sobre migración; es el rechazo a un tipo de nacionalismo —el de la frontera y el chivo expiatorio— que no prende. Es uno de los consensos más nítidos de todo el estudio.
La Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada apunta en la misma dirección, y con un agravante para el gobierno: es un tema instalado, que el 80,1% conoce mucho o algo. No se trata de una opinión improvisada sobre algo ajeno. Y sobre esa base de conocimiento, el 58,3% la lee como una entrega de soberanía sobre el territorio, contra 33,3% que la ve como defensa de la propiedad y atracción de inversiones. Como con Malvinas, cuando lo económico roza lo soberano, la sociedad se aleja del gobierno.
Un Presidente al que no se ve patriota
Todos los hilos convergen en un dato que sintetiza el informe: para el 66% Milei no es patriota, contra apenas 32,8% que sí lo ve así. No es una impresión aislada, sino el techo de una estructura sólida —6 indicadores que van en la misma dirección:
- el rechazo a alinearse con Estados Unidos (69,8%),
- la imagen negativa del FMI (64,4%),
- el desacuerdo con su cercanía (60,7%),
- la lectura de la ley de tierras como entrega de soberanía (58,3%),
- el rechazo al argumento antiinmigrante (74,3%) y
- la percepción, ya medida en julio, de que a Milei no le importan las Malvinas (68,6%)—.
Es un flanco distinto al económico y, en cierto sentido, más profundo.
Frente al rumbo económico el gobierno todavía puede defender un modelo, prometer resultados, pedir tiempo. Frente al patriotismo no hay modelo que defender: hay un consenso emocional del que la sociedad lo percibe ausente. En un país donde lo nacional funciona como piso de legitimidad, ser visto como poco patriota no es un problema de política exterior ni de comunicación: es una grieta identitaria. Y sobre un gobierno ya golpeado en lo material, esa grieta agrega un desgaste que no se paga con crecimiento, sino con pertenencia."
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