Tal es el caso del último informe de IDESA, que se sumó a las voces de reclamo por las consecuencias económicas de la pandemia, citando el caso de Italia, con el cual afirma que allí sin coronavirus, las muertes se hubieran producido igual dado que es un país muy envejecido y por tanto con mucha población con enfermedades preexistentes que complican el cuadro.
Sostiene que las muertes por coronavirus difícilmente superen el 10% del total de los fallecimientos; que ligar la expansión del virus al conteo de muertos lleva a una evaluación poco objetiva, y que el confinamiento como única salida trae mayores costos económicos y sociales.
Si bien es cierto que el virus afecta de manera más agresiva a personas de 80 años, sector pasivo de la sociedad que ya viene siendo un problema para Italia, donde además, la tasa de nacimientos es muy baja, lo que provoca una relación desfavorable, en términos económicos, entre trabajadores activos y pasivos, lo cierto es que no por ello se los debe dejar morir.
Por otro lado, no toca el verdadero problema que dejó al descubierto este virus a nivel mundial: los deficientes sistemas sanitarios.
Pues, la gravedad del virus no es tanta como el peligro de saturar los sistemas sanitarios de casi todo el mundo.
Las consecuencias se ven, claramente, en dos imágenes que se vieron en los últimos días: por un lado, en Ecuador con infectados muriendo en las calles, y en el otro extremo, en Estados Unidos, apilando cuerpos en los camiones frigoríficos.
De encontrarse una vacuna, la solución sería tan instantánea como efectiva. Pero no llegará, con suerte, hasta fines de este año, mientras, la única manera de combatir estos sistemas de salud insuficientes (y no el Covid-19 en sí), será el aislamiento...
Porque, sin un control de la diseminación de la viremia, esto es, de la circulación comunitaria del virus, no habrá sistema de salud en el mundo que evite el colapso. Más allá de la infraestructura que posea, la cantidad de camas, respiradores recursos humanos, entre otros.
Ningún país estaba preparado para lo que venía, al punto que hoy ni siquiera puede ser rentable el negocio funerario.