El 24 de abril de 2010, Walter Torrén, otro de los hermanos del jugador de fútbol, fue asesinado de un disparo en una canchita de fútbol barrial ubicada en Qompi y Aborígenes Argentinos, de Rosario. Walter había comenzado a pelearse a golpes con otro hombre cuando un tercero se acercó al lugar del conflicto y le disparó en un omóplato, provocándole una herida a la que no sobrevivió. Miguel Torrén se encontraba en ese momento jugando al fútbol en Paraguay, y tuvo que volver de urgencia para poder despedir a su hermano.
El año pasado, Gabriel Francisco Torrén de 36 años, apareció muerto a golpes en la medianoche del jueves 21 de mayo, en el pasaje Rolla al 4000, también en la ciudad de Rosario, a unas 3 cuadras aproximadamente del lugar donde Luis fue baleado semanas atrás.
La muerte de Gabriel Francisco no estuvo clara desde un principio. Primero, se barajó la teoría de que había sido asesinado por un familiar luego de una discusión. Luego, una vecina denunció que el hombre había sido agredido por agentes del Comando Radioeléctrico. Finalmente, y luego de realizarle una autopsia al cuerpo, los investigadores concluyeron que ninguna de las heridas que había sufrido era mortal, por lo que concluyeron que la muerte se debió a un “delirio agitado”, un estado producido por patologías preexistentes.
La tragedia que vive la familia de Miguel Torrén es un indicador de la calidad de vida que tienen los rosarinos, expuestos todo el tiempo a las olas de violencia narco.