En un plano político, esa diferencia se traduce en un dominio absoluto de representación legislativa en el Congreso, teniendo en cuenta el criterio de representantes por cantidad de habitantes. En la Cámara de Diputados, por ejemplo, Buenos Aires aplasta a todos los distritos con 70 legisladores.
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Argentina y su radiografía.
Eso claramente empujó a que las administraciones sucesivas se hayan concentrado fuertemente en el desarrollo de esa zona, dejando de lado otras con menor peso político. El dato del Censo no son solo personas, sino también cantidad de votos concentrados.
Desde un punto de vista económico, se produce un fenómeno similar. Con la actividad mayormente concentrada en una zona, el resto del territorio federal sufre una lentitud de progreso mucho mayor, sobre todo en las provincias más pequeñas a nivel de población.
El desempleo y factores como la inflación suelen golpear incluso más fuerte en provincias del interior. Con un tejido económico más débil, los ciudadanos del resto de los distritos tienen una pelea mucho mayor con la pobreza y la indigencia ante la dificultad de conseguir empleo o sueldos dignos.
Todo ello deriva a un deterioro a nivel social. Dicho eso, es notable que la migración hacia la zona del AMBA se ha seguido apuntalando con el correr de los años, generando una densidad demográfica que conduce al deterioro de las condiciones de vida de los habitantes.
De esta forma, Argentina demostró una distribución poblacional fuertemente desigual, y sumamente concentrada en un área en particular. Todo ello basado en un modelo de país centralizado, que tiene aspiraciones federales pero cuenta con pocas políticas que realmente busquen el desarrollo en todo el territorio común.
No obstante, cabe destacar que Argentina es el octavo país del mundo en extensión territorial. Eso, claro, supone un desafío respecto a otros territorios más posibles de ser dominados a conciencia a través de políticas de desarrollo.
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La pobreza, uno de los resultados.
Canadá, el espejo contrario
Con un territorio mucho más indomable, Canadá ha logrado repartir más equitativamente los números poblacionales, logrando un desarrollo que podría alcanzarse en Argentina. Con un tamaño poblacional no tan lejano (35 millones), el país de América del Norte es el segundo más extenso del mundo.
En todo ese territorio, principalmente dominado por el hielo, Canadá tiene distribuida el 86,28% de su población entre cuatro de 13 provincias. Mientras que en Argentina el 54,52% de la población está concentrada en tan solo tres jurisdicciones de 23.
Con las diferencias socioeconómicas entre Argentina y Canadá sobre la mesa, es claro que el modelo de desarrollo le gana a la improvisación. Aunque, claro, ese no es el único problema nacional.