"En realidad, este incremento de la cantidad de insultos y de las descalificaciones hacia terceras personas en el discurso político tiene que ver con un proceso más amplio de polarización creciente. Y la polarización tiene diversas formas", describió el experto, en referencia a los insultos y agravios de los que hacen uso los políticos argentinos de manera cada vez más recurrente.
En ese sentido, explicó los diferentes tipos de la polarización que se están viendo en la política Argentina, y consideró que una de ellas es la que intenta descalificar al otro por quién es o por lo que piensa, "con lo cual lo anula como interlocutor", sentenció.
"Es difícil establecer un mensaje político maduro o un debate político maduro entre dos actores que no reconocen al otro como un interlocutor válido. Y eso es lo que está sucediendo cada vez más en un contexto en el que, además, la ciudadanía espera este tipo de reacciones", agregó.
Sobre esa teoría, de que la ciudadanía efectivamente está esperando este tipo de reacciones violentas de sus líderes políticos hacia los opositores, Aguiar describió:
"Hay una mejor mirada a este tipo de reacciones (los insultos o descalificaciones de dirigente a dirigente) antes la ciudadanía penalizaba esos actos. Y ahora, algoritmos de redes sociales, y otra serie de elementos, como molestia de la ciudadanía respecto de los resultados que da la democracia, etc. Hace que muchos busquen ser expresados en esa bronca a partir del insulto, que es lo que algunos políticos hacen, y les permite mantener el centro de la agenda pública".
Javier Milei como impulsor
De todos modos, no es casualidad que ahora buena parte de la dirigencia haya elegido ese camino en sus discursos, redes sociales o entrevistas periodistas. El antecedente más reciente que tienen es el de Javier Milei, que con un discurso sumamente agresivo y repleto de descalificaciones a quienes no pensaban como él, terminó ocupando el sillón de Rivadavia.
En esa línea, consultado por Urgente24 sobre si la figura de Javier Milei ayudó a esa degradación del debate político argentino, Maximiliano Aguiar respondió:
"Sí, claramente. El proceso de surgimiento de la figura política de Javier Milei tiene que ver con el desencanto de la ciudadanía respecto de las soluciones tradicionales que daba la política o, al menos, la política tradicional y también con una enorme molestia ciudadana, una bronca ciudadana respecto de los actores políticos tradicionales que llevó a que sectores importantes de la ciudadanía se sientan identificados con ese lenguaje de Milei".
Y agregó: "Con esas formas heterodoxas de Milei, pero también con esa especie de paladín de la denuncia respecto de que el otro es o un 'ensobrado' o es 'casta' o debe ser eliminado, etc. En ese contexto fue capaz de expresar esa molestia ciudadana de manera eficiente y lo llevó nada menos que a la presidencia".
La vara está baja
Por último, el analista político dio su mirada sobre el bajo nivel que hoy por hoy manejan buena parte de los legisladores nacionales que forman parte del Honorable Congreso de la Nación, que se ve reflejando no sólo en el ámbito discursivo y de debate, sino también en la pobrísima formación político-parlamentaria.
"Sí, por supuesto que -descalificar o agraviar- baja la calidad del debate político, porque el debate político debiera tratarse de debatir ideas e intereses, no respecto de la capacidad que tiene el otro para estar en el lugar en el que se encuentra. Y eso empieza a suceder en estas situaciones, lo cual empobrece la calidad del debate democrático, porque es difícil sacar alguna idea superadora de un debate donde las personas no se reconocen", lamentó.
En esa misma línea, consideró que si la dirigencia en general continúa eligiendo esos modos para hacer política, "en el mediano plazo puede aumentar el nivel de descrédito de la política, de desafección de la ciudadanía hacia la política, de gente que diga que la verdad que no está bueno estar cerca de la política, ni participar, etc., porque uno debe comerse insultos, o porque los otros no son dignos de estar en ese lugar".
"Eso genera procesos que no mejoran, que no aumentan la participación ciudadana, sino que más bien alejan a la ciudadanía. A una ciudadanía que, por otra parte, está ya muy alejada de la política en términos de su cotidianeidad, muy molesta con ella y que la está consumiendo cada vez más como una especie de show, como si fuese un vodevil de peleas entre actores. Y lo ve entre fascinados y espantados respecto del show que la política establece", cerró.