Menos mal que este gobierno tiene un dios aparte. Uno de unos 100 kilos, peluca soldanezca y muy mal humor. Sí, Donald Trump.
Y así como ayudó a Milei cuando se le complicó con el dólar justo antes de las elecciones, ahora el presidente de USA le tiró a su par argentino (no sabemos con cuánto cálculo) una soga de la cual agarrarse y buscar congraciarse con la gente, y que lo quieran un poco más.
Trump confirmó (porque ya se había filtrado antes) que en su menú para presionar a Inglaterra para que incremente su presupuesto militar (cosas de ellos…), y porque no le dio una mano en Irán, está romper la histórica neutralidad de su país en el conflicto por las Islas Malvinas.
Esto, se entendió, podría significar un apoyo explícito de Washington al reclamo por la soberanía que la Argentina mantiene desde hace casi dos siglos.
Trump, sin embargo, no dijo nada de eso. Pero lo que sí dijo fue suficiente para que a Santiago Caputo, como a Della Nata, se le ocurriera una genialidad para otra maldad.
El ‘Mago’, entonces, programó una cadena nacional para denunciar las operaciones petroleras en aguas de las Islas que, en realidad, se conocen hace años. Para eso, mostró a un Milei tan malvinero al que solo le faltó descolgar del despacho el cuadro de su admirada Margaret Thatcher.
La imagen de Margaret Thatcher que Milei tiene en su despacho.
El Presidente pasó de reconocer la autodeterminación de los kelpers a tratarlos de población “implantada”; y de validar el “derecho” de funcionarios británicos a visitar las Islas a calificar a Inglaterra como una nación “en declive” que mantiene “usurpado” el archipiélago.
Con este giro nacionalista, Milei hizo parecer a Victoria Villarruel como una cipaya.
¿Las Malvinas son argentinas? Más que eso: ¡las Malvinas son de Milei! Una bandera que diga.
Así, el ingeniero del caos Caputo intenta crear para Milei una ola malvinera a la que se pueda subir después de que le pasara por encima la que generaron los jugadores de la Selección tras vencer a Inglaterra en el Mundial. Muy mal surfista el Presidente.
Son detalles que las sanciones contra las empresas que se involucren en la explotación petrolera en las Islas que se apuró a anunciar, Milei las pudo haber ejecutado desde el primer día, porque la ley que las habilita data de 2011; y que la base naval integrada que dijo iba a construir en Tierra del Fuego se inició en 2022, pero cayó en la volteada de la suspensión de la obra pública bajo la doctrina del topo que quiere destruir el Estado desde adentro.
Milei también anunció la creación de un Consejo de Seguridad Nacional para el que espera que el Congreso le dé amplias facultades, lo que ya dispara algunos mieditos sobre cuál será su alcance. ¿Los periodistas pasarán de ser considerados “mierdas mal cagadas” a terroristas plausibles de alguna sanción severa? ¡Qué nervios!
En su alumbramiento malvinero por cadena, Milei hizo además un llamado a la unidad nacional, para que todos los sectores se tomen de las manos y canten juntos el himno de la soberanía.
Parecía —sigue pareciendo— una trampa, en la que cualquier reparo opositor va a ser presentado como el Bond de George Lazenby: al servicio de su majestad.
Con la misma mano con la que escribió el discurso de la “unidad nacional”, el joven Caputo ya señala a los supuestos “agentes británicos” locales. No podemos decir que estamos sorprendidos.
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