Una estadística más, sólo para molestar, porque los economistas serios la juzgan irrelevante: la inflación mayorista, esa que Milei dice que “adelanta” la tendencia de la minorista y que en agosto iba a empezar con 0, bueno, empezó con 2. Su Señoría, no más preguntas.
Y si los datos no acompañan, nada mejor que salir a desafiar la inteligencia del público, por decirlo de forma elegante, con algunas imágenes para sostener la historia oficial, pero sin el Oscar a la mejor ficción.
Fue lo que hicieron Milei y Caputo con el revoleo de un video en el que se veía mucha afluencia en la calle Corrientes y que pretendía ser la prueba irrefutable de que si alguien cree que hay malaria es porque se dejó engañar por algún periodista … (espacio reservado para un epíteto escatológico del Presidente).
Tuvo que salir Carlitos Rottemberg, que conoce la calle que nunca duerme como ninguno, a aclarar que, todo bien, pero justo fue el momento en el que se hacía el pase entre los que salían de la obra de Guillermo Francella -el más popular de todos- y los que entraban, pero que hay 15% menos de espectadores desde que llegó Milei. “Es una foto, no la película”, dijo Rottemberg que, curiosamente, no prefirió una metáfora teatral.
Contrariamente, Milei habla de “la mejor película de la historia”, aun cuando los datos no convalidan su relato. La reacción del Presidente ante eso es reforzar su narrativa. “Milei cuenta una historia diferente”, escribieron en la agencia Bloomberg, como si el líder libertario estuviera en un estado de negación.
Una suerte de dimensión desconocida, en la que por ejemplo, el Presidente repostea recortes de The Economist sin percatarse de que incluye pasajes con una mirada muy crítica del proceso que él lidera. Fenómeno barrial.
Esa dimensión desconocida, de todas formas, arroja sus propias contradicciones. Porque lo que ni Milei ni Caputo explican es por qué si anda todo tan genial, hay que profundizar el ajuste como si existiera una crisis que ellos se empeñan en desmentir.
El proyecto de presupuesto enviado al Congreso plasma esa presunción. Los gastos totales se incrementarán respecto de 2026 en un 10% en términos reales, pero quedarán más del 25% debajo de los de 2023, según un análisis de la iniciativa.
Uno de los sectores que el Gobierno tenía previsto que seguirá sufriendo la motosierra cual víctima de Leatherface es el de los discapacitados, que a esta altura parecen blanco de un ensañamiento difícil de explicar.
Pero la movida se encontró con la resistencia de los aliados del Gobierno, con la nota sobresaliente del malestar de Patricia Bullrich, que hasta dijo que ninguna de las modificaciones se expusieron en la mesa política de horas antes de que se conocieran. Le tiró el fardo al ministro Caputo, aunque también dejó tambaleando a Karina Milei, dueña del circo que se junta todas las semanas en la Casa Rosada.
Es la enésima vez que la jefa de los senadores libertarios deja pedaleando en el aire al Presidente. La frecuencia dispara especulaciones sobre cuál es su visión sobre el rumbo actual, que ella defiende pero al mismo tiempo pide “más velocidad” para que los resultados sean palpables; y cuál es el objetivo último de sus planteos. ¿Quiere salvar al Gobierno o se prepara para romper con él? No se mueva de su asiento…
“A mí no me tomen por tonta”, disparó Bullrich parándose a kilómetros de distancia del texto del presupuesto. Y por si no quedó claro, luego publicó otro videíto de esos con mensaje implícito (o no tanto) a los que nos tiene acostumbrados, esta vez musicalizado con la canción ‘No me importa’ de nada menos que Lali Espósito. No hay que ser lector de la revista 13/20 para saber que la artista es una de las más enfrentadas a Milei, quien la bautizó “Lali Depósito”.
Lejos de confrontar con la senadora oficialista, desnudando sus necesidades, el Presidente prefirió eludir el acto de rebeldía real para centrarse en la anécdota de la canción de Lali y hasta reconoció que le gustan algunas canciones suyas. Como diría el ‘Turco’ Asís, Milei resultó “un duro en el arte de arrugar”.
La patada del recorte en discapacidad del Presupuesto golpeó justo cuando oficialistas y aliados trataban de consensuar un proyecto “superador” de la emergencia que los opositores duros tratan de prorrogar. Sería un recorte, pero no tan draconiano como el que se diseñó en el delta del MECON, que tendría como destino el tacho de la basura.
Bullrich puso el grito en el cielo por el ajuste en discapacidad pero nada ha dicho aún del proyecto con el que Milei se propone defender la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.
Después de 2 semanas, ingresó el proyecto al Congreso con la sorpresa de que apenas uno de sus 8 títulos se refiere a las sanciones para las empresas que quieran explotar el petróleo en aguas del archipiélago. El resto es una serie de reformas en materia seguridad que ya disparó denuncias sobre cuáles serían sus verdaderos objetivos.
Entre otros puntos, la iniciativa contempla medidas que quedarían bajo la discrecionalidad del Ejecutivo y podrían vulnerar derechos constitucionales como la libertad de expresión y la presunción de inocencia (¿terroristas por portación de cara?) bajo la invocación de la “seguridad nacional”, algo que parece surgido de la paranoia ‘Guerra Fría’ style de Milei fogoneada por Santiago Caputo.
Habrá que ver si a Bullrich le hacen ruido alguno de esos puntos o si en este caso se encuentra dentro de la dimensión desconocida de Milei.
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