La postura empezó a hacerse más visible en las últimas semanas, cuando distintos dirigentes del kirchnerismo endurecieron públicamente sus planteos hacia el interior del PJ.
Uno de los primeros en expresarlo sin rodeos fue Oscar Parrilli. El dirigente aseguró que uno de los principales objetivos políticos del peronismo hacia 2027 debería ser revertir el fallo de la Corte Suprema que confirmó la condena contra Cristina Kirchner.
En la misma línea avanzó la senadora bonaerense Teresa García, quien sostuvo que un futuro gobierno peronista tendría que asumir como prioridad política la libertad de la exmandataria.
Máximo Kirchner reforzó esa posición durante un acto realizado en Santa Fe.
“Para nosotros, Cristina es la primera candidata porque no hay quién le gane en una interna”, afirmó.
Y agregó:
“Si no logramos romper la proscripción, tendremos que buscar un dirigente que exprese esos intereses”.
La frase fue leída dentro del peronismo como una señal hacia aquellos sectores que buscan construir una alternativa opositora con mayor autonomía política respecto del kirchnerismo duro.
Las diferencias con Axel Kicillof
Mientras el cristinismo intenta consolidar la consigna “Cristina Libre” como eje ordenador del peronismo, el gobernador bonaerense Axel Kicillof intenta construir otra estrategia opositora.
En su entorno reconocen que existe una situación de “proscripción” contra Cristina Kirchner y admiten la centralidad política que mantiene la expresidenta dentro del peronismo. Sin embargo, rechazan que toda la agenda opositora quede subordinada exclusivamente a esa discusión.
Los sectores cercanos a Kicillof sostienen que el foco debería estar puesto en los problemas económicos, la caída del poder adquisitivo, el empleo y el impacto social del ajuste impulsado por el gobierno de Javier Milei.
Pero detrás de esa diferencia también aparece una discusión más profunda vinculada al liderazgo futuro del espacio.
En el entorno del gobernador repiten que no quieren reeditar un esquema similar al de Alberto Fernández: un dirigente sostenido electoralmente por Cristina Kirchner, pero luego sin capacidad real de ordenar políticamente el poder.
Esa tensión empezó a generar cuestionamientos internos hacia los dirigentes que buscan despegarse discursivamente de la expresidenta.
Uno de los que apuntó en esa dirección fue el diputado Eduardo Valdés, cercano al Instituto Patria.
“Hay dirigentes que no quieren nombrar a Cristina por marketing”, lanzó en una entrevista.
Además, defendió las PASO como mecanismo para resolver las diferencias dentro del peronismo y reclamó un acuerdo político entre Cristina Kirchner y Kicillof.
“Los liderazgos no se inventan”, sostuvo.
“Cristina Libre” como bandera política permanente
Dentro del kirchnerismo también buscan ampliar el significado político de la consigna “Cristina Libre” y vincularla con otras discusiones sociales y económicas.
Una de las dirigentes que más impulsa esa estrategia es la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza.
Durante la marcha universitaria de esta semana, la dirigente publicó un mensaje en redes sociales donde relacionó el conflicto educativo y el ajuste en universidades con la situación judicial de Cristina Kirchner.
“La libertad de Cristina Kirchner es en sí misma un programa de gobierno”, escribió.
El planteo refleja cómo el ala dura del kirchnerismo intenta convertir la defensa de la expresidenta en un paraguas político más amplio desde el cual discutir distintos temas de la agenda pública, desde la economía hasta el financiamiento universitario y el modelo político del oficialismo libertario.
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