El resultado confirmó lo que los libertarios anticipaban en sus proyecciones: el voto del interior y la caída del voto tradicional del conurbano reconfiguraron por completo el mapa político argentino.
El batacazo bonaerense
El triunfo de Milei en la provincia de Buenos Aires fue la gran sorpresa de la jornada. Con el 94% de las mesas escrutadas, La Libertad Avanza se impuso con el 41,53% frente al 40,84% de Fuerza Patria. Una diferencia mínima, pero suficiente para romper una hegemonía de décadas en el distrito más populoso del país.
“Es un batacazo”, reconocieron al canal TN desde el equipo de Diego Santilli, primer candidato de LLA en la provincia. “El interior se movilizó como nunca y logramos dar vuelta la primera sección”, festejaban entre los libertarios, sorprendidos por la magnitud del cambio de tendencia.
Del otro lado, en el entorno de Axel Kicillof, las caras largas lo decían todo. El gobernador no encontraba explicación al resultado: “Pasamos de ganar por 14 puntos a perder por uno, con un candidato cuestionado y en medio de una corrida del dólar. Es insólito”, admitió un dirigente cercano al mandatario.
Cristina y Macri, los grandes ausentes
En esta elección, la presencia de los dos expresidentes fue más simbólica que real. Cristina Kirchner intentó reactivarse con mensajes de audio desde su departamento, donde cumple prisión domiciliaria, pero su figura no logró movilizar al electorado peronista. En el caso de Macri, su apoyo fue prescindente: Milei y su espacio ganaron sin necesitar del exlíder del PRO, que esta vez quedó relegado a un segundo plano.
“Ni Cristina suma ni Macri ordena. La política argentina entró en otra etapa”, resumió un estratega libertario.
El golpe de las urnas no solo reconfiguró el Congreso: también marcó el final de un ciclo político. La polarización clásica entre kirchnerismo y macrismo cedió terreno frente al nuevo eje que impuso Javier Milei.
Una nueva etapa
La Libertad Avanza buscará ahora consolidar su poder legislativo con la renovación de 127 diputados y 24 senadores. Pero, más allá de los números, el dato político de fondo es que el país eligió dejar atrás a los viejos líderes. Las urnas fueron claras: Cristina Kirchner y Mauricio Macri ya no encarnan el futuro.