En efecto, La Cámpora está hoy más fuerte que nunca. La organización maneja una caja jugosa y conforma una red vasta que controla los resortes del poder. Y, tal vez lo más importante, es el sostén fundamental del armado político de Cristina Fernández.
El problema para Alberto es que su relación con la agrupación no es sencilla, y se enturbia aún más de cara a las elecciones legislativas.
Tanto así que hace poco el mandatario salió a avalar a Máximo Kirchner para presidir el PJ bonaerense, en una suerte de abono al "equilibrio" que debe mantener con Cristina Fernández.
"La relación entre el Presidente y la vicepresidenta muestra tensiones, pero lo probable es que la influencia de Cristina se mantenga o incluso se acreciente, sin que esto llegue a una ruptura en el binomio que gobierna", afirmó hace poco el analista Rosendo Fraga.
Como fuere, la intención clara de la agrupación que conduce el hijo de la actual vicepresidente en el PJ es tener "un rol decisivo en el armado de las listas" de aspirantes a legisladores y legisladoras.
Es que si bien al principio, Cristina desarrolló una estrategia silenciosa de construcción de poder, esto es, se encargó de la designación de militantes en puestos claves, luego impuso al Gobierno su agenda y, después, se encargó de que esa agenda comenzara a realizarse, con la candidatura de su joven hijo Máximo para la presidencia del peronismo bonaerense da un paso fundamental de cara a las perspectivas de poder a futuro.
Mientras, Alberto hace equilibrio resistiéndose a los cambios en el gabinete que pide Cristina pero avalando a Máximo para la presidencia del PJ. ¿Evita la ruptura? ¿Baja las tensiones?
Pues, quizás no haya ruptura, pero la tensión, sin dudas, continuará por mucho tiempo en esta relación que parece condenada a la inestabilidad.