La acusación, que trascendió hace 10 meses, maneja la hipótesis de que Macarrón habría mandado a matar a Dalmasso “en acuerdo delictivo con personas aún no identificadas”, por “desavenencias conyugales” y “posibles razones económicas y políticas”.
El móvil sigue siendo la gran incógnita del caso así como la identidad del autor material del crimen.
En Río Cuarto se habla de los vínculos de Macarrón y su abogado con un importante político cordobés.
El periodista cordobés Hernán Vaca Narvaja contó que “Río Cuarto merece que este caso, tan emblemático de impunidad, de relaciones con el poder político, de mezquindades y abusos de la policía, del propio poder judicial, se ventile todo en un juicio oral y público. Eso sería fantástico para la ciudadanía de Río Cuarto”.
Y consideró que “es una locura pensar que Macarrón contrató a un sicario solo y no tuvo cómplices”.
“En Río Cuarto esto se conoció desde el primer día, hay nombres que sonaron desde el primer día, hubo políticos que intervinieron desde el primer día, hubo intereses económicos muy fuertes”, advirtió.
Otro periodista, Pablo Callejón, en una columna escrita en 2018 considera que Pizarro “apostó por la teoría de quienes consideran que a Nora la mataron por motivaciones políticas y económicas. Es la presunción de un crimen por encargo en medio de intereses que alcanzaban hasta las máximas autoridades provinciales”.
“Según surge de la acusación del investigador, Macarrón ‘presumiblemente unos meses antes del 25 de noviembre del 2006, en acuerdo delictivo con personas aún no identificadas por la investigación, por desavenencias matrimoniales de parte de Macarrón y con la intención por parte de sus adláteres de obtener una ventaja, probablemente económica y/o política del estrépito de su eventual muerte, planificaron dar muerte a Nora Dalmasso”. Demasiadas imprecisiones para poner de cabeza una causa que quedó a merced de la mirada discrecional de cada fiscal a cargo”, escribió Callejón en una columna que reprodujo el portal TelediarioDigital.
Macarrón está cerca de un juicio oral con jurados populares.
Mientras tanto, sigue viviendo en la misma casa en la que Nora fue asesinada. Continúa trabajando como traumatólogo, se lo suele ver en los partidos de rugby de Urú Curé y está de nuevo en pareja.
A lo largo del proceso sobre la muerte de Nora, fueron imputados y luego sobreseídos el por entonces asesor de Gobierno provincial Rafael Magnasco, el pintor Gastón Zárate y el hijo Facundo Macarrón.
A Zárate, quien se había desempeñado en tareas de pintura en la casa de la familia Dalmasso, lo apodaron públicamente "el perejil" y en febrero de 2007, durante los días que estuvo preso, se realizó una marcha denominada "el perejilazo" por la falta de pruebas en su contra que, en 2011, derivaron finalmente en su sobreseimiento.
Por su parte, Facundo también fue imputado en 2007 de abuso sexual gravemente ultrajante y homicidio calificado por el vínculo, a partir de un patrón genético encontrado en la toalla que se utilizó para asfixiar a la víctima, pero fue sobreseído en octubre de 2012.
Las sospechas hacia el hijo se basaron en que los peritos hallaron en la escena del crimen el patrón genético del linaje Macarrón (haplotipo Y) y ese elemento fue luego tomado en cuenta para apuntar al viudo.
Por la causa pasaron 5 fiscales y 12 sospechosos.