Es que, a pesar de ser el jefe de la diplomacia, Quirno se comportó en virtud de las afinidades ideológicas y no de las relaciones institucionales que demanda su cargo, un rasgo distintivo de la política exterior del gobierno mileista.
Quirno había expresado públicamente su deseo de que en Brasil se produjera un giro hacia la derecha. "Tenemos diferencias ideológicas, la región está cambiando y así también esperamos que sea en Brasil", dijo en una conferencia de prensa antes de las elecciones.
Y tras la primera vuelta, consumada la victoria de Bolsonaro, derribó cualquier atisbo de diplomacia cuando sugirió que Lula debía bajarse de la segunda vuelta.
“Lula debe estar pensando: ‘¿Me quiero meter en este baile?’ ¿Habrá segunda vuelta?”, dijo, Quirno, en un comentario fuera de lugar.
"Si los candidatos que siguen a los 2 primeros son todos favorables a Bolsonaro, ¿le va a regalar el triunfo contundente a Bolsonaro?”, agregó en aquella entrevista en LN+. Se trató de un pronóstico más que fallido.
Lula no sólo revirtió el resultado y le ganó a Bolsonaro, sino que lo hizo incluso con migración de votos que inicialmente se creía que iban a ir al candidato de la derecha.
La derrota para Quirno fue brutal.
Cabe recordar que durante la gestión del canciller libertario se deterioraron al máximo las relaciones con Brasil por las agresiones de Milei a Lula al punto que el ministerio de Relaciones Exteriores del vecino país retiró a su canciller y redujo el vínculo al encargado de negocios.
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