Con ese “susto” en el pasado, Llaryora comprendió uno de los principales reclamos de la ciudadanía cordobesa y avanzó sin demora en la planificación de un nuevo esquema de seguridad. El encargado de diagramarlo fue el por entonces opositor y ahora ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros.
El plan de Llaryora y Quinteros comprende varios cambios. Uno de los principales es la aparición de la figura de la “policía metropolitana”, como escuadrones de control urbano sin poder de fuego pero equipados con armas no letales, para todas las ciudades cordobesas.
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Martín Llaryora cambió la cúpula policial.
Por otra parte, estaba programada la remoción de los jefes policiales. La renovación de la cúpula responde también a un nuevo paradigma, centrado en la prevención del delito para evitar el combate directo.
Además, el plan del nuevo gobernador tiene un punto central: la lucha contra el narcotráfico. Ese ítem habría sido un fuerte motivador para el ingreso de nuevos jefes.
Para Llaryora, la posibilidad de una infiltración directa de redes narco en Córdoba podría derivar en una deplorable realidad que se vive a pocos kilómetros: Santa Fe. El nuevo gobernador querría evitar a toda costa el crecimiento de un flagelo que podría inundar fácilmente la provincia.
Por eso, además de los nombramientos, Llaryora avanzó en la creación de múltiples nuevas sedes del Ministerio Público Fiscal, incrementando el número de fiscales y funcionarios judiciales dispuestos a las causas por narcotráfico. Así, el gobernador espera cubrir buena parte del territorio con la presencia judicial, sobre todo en la frontera con Santa Fe.
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