Circulan denuncias de destrucción de carteles de Hartfield, y desde el espacio libertario acusan directamente al radical Martín Arjol. “¿Por qué al radical Arjol que se presenta por el ‘partido libertario’ no le rompen los carteles pero a Diego Hartfield de La Libertad Avanza sí?”, se preguntó un usuario en X que milita el espacio oficialista. Y agregó: “Se nota mucho quién es el topo de la casta y quién es el libertario real”.
En paralelo, el Partido Libertario impulsa como candidato a Arjol, un dirigente con recorrido institucional, pero que también carga con la sospecha de haber mutado de bandera ideológica para subirse a la ola mileísta. Desde los sectores más duros, lo acusan de ser funcional al oficialismo provincial. Sin embargo, su postulación cuenta con un apoyo que sacude aún más el tablero: el del principal estratega presidencial, Santiago Caputo. En esta elección, Caputo decidió respaldar al rival interno del candidato de Karina, en una muestra clara de que la interna nacional también se juega en la Tierra Colorada.
El conflicto no es nuevo, pero toma temperatura con cada elección: mientras Karina Milei y los Menem apuestan por el 'purismo' y las listas propias, Caputo insiste con una táctica pragmática de alianzas territoriales. En Misiones, todo indica que el asesor presidencial ha sellado un entendimiento de gobernabilidad nacional y provincial con el rovirismo. Esto explicaría el armado paralelo de Arjol y el tibio desembarco de Karina, quien finalmente no participó del cierre de campaña en la provincia.
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Javier Milei y Martín Arjol, que ahora no es el candidato de Karina ni Martin Menem.
No es ideología
Lo curioso es que ni Hartfield ni Arjol pertenecen orgánicamente al mundo libertario: son figuras importadas, funcionales al armado verticalista que Karina viene tejiendo a nivel nacional. Y esto no cae bien en los militantes de la primera hora, como Ninfa Alvarenga o Samuel Doichele, que ven con desconfianza —cuando no con abierto rechazo— la candidatura de outsiders que no resistirían un test de pureza doctrinaria. El hashtag #HartfieldEsRovira refleja hasta qué punto el termómetro digital se ha vuelto ácido. La política 3.0 ya tiene su correlato territorial. (…)
La situación se agrava por la intromisión nacional en la interna local. Medios porteños, operadores PRO y figuras del streaming con camisas libertarias han decidido jugar fuerte. Algunos, como Eduardo Feinmann, toman partido explícito por Arjol; otros, como Adorni o Martín Menem, respaldan el armado Karina-Hartfield. Se está disputando mucho más que una elección provincial: está en juego la arquitectura del mileísmo nacional, que aún no resuelve su dilema fundacional entre ser un movimiento o un partido.
El PRO, resentido por la caída de Ficha Limpia y con la herida abierta de CABA, también mete la cuchara. Sin chances de liderar el espacio, busca al menos incidir en su armado. No les conviene que Karina consolide estructura propia: eso debilita su capacidad de negociación dentro del gobierno nacional. De ahí los guiños a Arjol y los ataques sistemáticos a la renovación misionera desde medios afines. (…)".
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