Arnedo era prosecretario letrado a cargo del área penal del ministro Lorenzetti desde 2006. Y es profesor adjunto en la cátedra de Derecho Penal de Slokar en UBA, creada por Zaffaroni, del que Arnedo fue ayudante, como consta en su currículum vitae. Compartió trabajos con el ex juez de la Corte y aportó en sus libros “La palabra de los muertos” y “Estructura Básica del Derecho Penal”.
Arnedo llegó con el voto de Loreznetti, Elena Highton y Maqueda y con la oposición de Rosatti y Rosenkrantz. El corrimiento de Arnedo pareciera una jugada preventiva antes de la eventual llegada de Ariel Lijo a la Corte, otro penalista que tiene chances de ingresar al tribunal de la mano de Lorenzetti, que fue quien persuadió a Javier Milei de las bondades de su postulación.
Desde lo formal, los jueces de la mayoría Rosatti, Rosenkrantz y Maqueda, señalan que hay 7.000 causas pendientes de decisión en la secretaría. El incremento de expedientes penales ha provocado importantes demoras. Ello, a pesar de que desde 2019 hasta ahora incorporaron 14 empleados a esa dependencia.
Más alla del funcionamiento de la secretaría penal, el enfrentamiento entre Lorenzetti y sus colegas existe desde que el primero perdió la presidencia del máximo tribunal. Ahora, con la posibilidad de que ingresen dos nuevos jueces a la Corte -uno de ellos avalado por él- Lorenzetti está más cerca que nunca en los últimos cinco años de que cambien las mayorías y de regresar al poder del tribunal.
Abogados constitucionalistas con vocación por el derecho penal cercanos a Lorenzetti pusieron la lupa sobre las consideraciones que hizo el juez en su disidencia. Señalaron que algunas de ellas podrían transformarse en denuncias penales, lo que sería toda una novedad: jueces de la corte denunciándose entre ellos en momentos en que la Justicia está en lo más bajo de la consideración de la ciudadanía. (...)".
Claudio Savoia en el diario Clarín:
"(...) El expresidente de la Corte denunció que "en todos los casos se designa personal con cargos de funcionarios, sin concurso, en base a la amistad o el parentesco y contrariando las expectativas de austeridad que la sociedad argentina exige. Además, esas medidas no se basan en necesidades concretas, ni en urgencias".
En su dura respuesta, Lorenzetti encendió la primera bengala que ilumina la clave política del texto: "siendo público y notorio que se han nominado dos jueces para el ingreso en esta Corte Suprema, es de buena fe esperar a escuchar su opinión y no consolidar situaciones de hecho para condicionarlos." En estas pocas palabras se cifra el desvelo central del ministro en los últimos meses: que el plan de sumar a su ahijado Ariel Lijo a la Corte no se vea limitado por un set de acciones preventivas que minen el terreno.
Revelada entonces la clave en que debe leerse el desahogo del viernes, Lorenzetti explicó que las demoras en los fallos y su acumulación se deben a la falta de gestión en los acuerdos de ministros, cuya responsabilidad es del presidente Rosatti. "Había casi trescientas causas trascendentes y casi sesenta mil expedientes sin resolver en el Tribunal, lo que es inédito", disparó.
"Es cierto que muchas veces no hay mayorías, pero ello justifica la integración inmediata de la Corte, y no la designación de nuevos funcionarios." Clarísimo. (...)".
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