El marco normativo plantea además aceptar como biocombustible a cualquiera que cumpla los requisitos de calidad que establezca la autoridad de aplicación, siguiendo estándares internacionales, y cuyo origen sea agroindustrial y/o provenga de desechos orgánicos. Así podría ampliarse el catálogo de cultivos capaces de producir biocombustibles.
La intención de Llaryora es que se acerque el marco normativo a los países avanzados en la materia. Un ejemplo de ello es Brasil, donde existe una amplia variedad de combustibles derivados del agro como el etanol, que son utilizados en autos particulares y que le ha brindado al país una gran independencia energética.
“EEUU transforma casi el 80% de su producción de maíz y Brasil el 60% porque tienen una política industrial. Sin reglas claras no se puede. ¿Quién va a invertir si no hay un corte en los combustibles garantizado a largo plazo? El promedio regional es del 25%, y en Argentina no llega al 12%”, reclamó Llaryora. Además, lo hizo en presencia de empresarios brasileños que fueron invitados al evento.
La receta brasileña
Para Córdoba, un rumbo energético a lo “brasileño” ampliaría no solo las posibilidades productivas agropecuarias sino también las industriales. En ese sentido, la provincia produce actualmente variantes flex de vehículos que son exportados a Brasil pero no vendidos en Argentina.
Esos vehículos admiten carga de biocombustibles como el etanol pero no pueden ser comercializados localmente por la normativa vigente. y como ese caso, hay otras oportunidades que se diluyen en la provincia.