En otras palabras, en el balotaje, lo que ocurre con el voto en blanco es que sí recorta la base sobre la que se contabilizan los porcentajes; al achicarse el número de votantes, los porcentajes de los candidatos crecen. En estos comicios no hay diferencia entre el voto en blanco, el nulo y el impugnado, ya que ninguno será considerado un voto afirmativo ni se contabilizarán en los porcentajes de los candidatos.
Se le llama voto en blanco cuando la boleta no tiene inscripciones o imágenes, o cuando el sobre está vacío. Se computa como sufragio nulo cuando hay boletas superpuestas de diferentes partidos, cuando el papel no corresponde a la elección o cuando la papeleta tiene alguna tachadura. También se considera nulo al añadir algún elemento ajeno al sobre.
Por último, el voto impugnado se refiere a aquel sufragio que presenta dudas o irregularidades y algún fiscal de la mesa cuestiona su validez. El indeciso debe fundamentar la causa en un volante especial que más tarde se anotará en el acta de cierre como “voto recurrido”.
Antecedentes
El voto en blanco se ha acercado históricamente, en Argentina, al 3% de los sufragios en las últimas elecciones presidenciales, muy lejos del 19,42% de la elección de 1963 en que Arturo Illia (UCR) resultó presidente. En las presidenciales de 1999, que ganó Fernando de la Rúa, apenas alcanzó el 3%, lo que lo ubicó en cuarto lugar después de la Alianza, el PJ y Acción por la República. Se registra la expresión más baja de su existencia en las elecciones en las que Juan Domingo Perón accedió a su primer mandato, en 1946: fue el 0,84. En 1983, que ganó el radical Raúl Alfonsín con el 51,74% de los votos, hubo un-2,34% de sobres vacíos. Fueron terceros, detrás de la UCR y el PJ. En 1989, el voto en blanco ocupó el octavo. Un 1,20% de los votantes lo prefirió. En 1995, se triplicó: pasó al 3,60% de los votos totales.
El voto en blanco es una opción válida en las elecciones, pero no es la única. Sin embargo, votar en blanco puede tener un impacto en los resultados de las elecciones. Al ser incluidos los votos en blanco como votos válidos, las candidaturas más pequeñas necesitarán más votos para lograr escaño. Ya que si el número de votos en blanco es elevado, al ser tenidos en cuenta para el recuento ese 3% necesario se incrementa. Por eso esta modalidad puede perjudicar a los partidos minoritario. Además, el voto en blanco no es una forma efectiva de protesta.
La democracia exige compromiso legítimo.
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