Pero esa medida, que es tan solo un pequeño ejemplo de un universo de personas que abordar, seguro comenzará a replicarse en otros ámbitos de la vida a modo de “incentivo” para vacunarse. Además de la mencionada, Córdoba ya comenzó a vacunar a un espectro de personas que van desde los 30 años en adelante, y se espera que baje en las próximas semanas hasta los 18 años, además de liberar de turnos a los mayores de 60.
Esa baja en la edad de vacunación devela una gran disponibilidad de dosis. De hecho las autoridades cordobesas estiman que faltan al menos 1 millón de inscriptos en toda la provincia, entre los que resaltan las personas jóvenes, al cual el coronavirus ha atacado especialmente en la segunda ola.
Cabe destacar que el flagelo del rechazo a la vacuna es un fenómeno muy observado alrededor de los países con vacunaciones muy avanzadas. La extensión de las ideas antivacunas y la velocidad de aparición de estas últimas han generado un gran nivel de desconfianza en las mismas.
Estados Unidos, el país que parece haber dejado atrás al coronavirus por el momento, tiene casi un 30% de rechazo entre su población. Y este problema implica que existe un riesgo de “auto sabotaje” contra la verdadera solución a la pandemia.
De hecho, existen poblados norteamericanos que viven realidades diferentes en cuanto a lo epidemiológico por las diferencias en las tasas de vacunación. Y la imposibilidad de tornar la vacunación en algo obligatorio pone en jaque la estrategia sanitaria.
En el polo opuesto, Rusia también sufre de falta de voluntad para la vacunación. Como medida, el gobierno ruso implementó la vacunación obligatoria para ciertos sectores laborales, aunque su presidente Vladimir Putin, no estaría dispuesto a extender la medida a toda la población.