También aprovechó la red social para responderle al periodista Carlos Pagni por un comentario en su programa Odisea Argentina. En la reproducción de ese editorial, lanación.com resume el contenido y señala que el nuevo jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el flamante ministro de Seguridad están "sospechados de fraudes" (en rigor, Pagni sólo lo mencionó en el caso de Manzur, referido a las elecciones en Tucumán de 2015).
Aníbal contraatacó: "¿Sospechados? ¿Por quien? Pagni piensa que todos son como su amigo Pepin Rodríguez Simón o su columnista Dujovne? Sospechas hay sobre quién es su empleador. Lo han dicho Esmeralda Mitre y Jorge Fontevecchia: Macri invirtió 15 millones de dólares en LN".
Tanta actividad mediática en las 1ras horas de Fernández en el Gabinete da sustento a aquella afirmación de que su arribo obedecería más a recuperar espacio para el Gobierno en el terreno discursivo, comunicacional, antes que avanzar en materia de seguridad. Después de todo, como sostienen algunos, hay muy poco tiempo de aquí a las elecciones como para que se aprecie la gestión, por más brillante que esta pueda ser.
Aníbal se maneja como pez en el agua ante los micrófonos. Tiene habilidad para escabullirse si se le plantea una encerrona, además de que explicita sus posiciones con contundencia.
De eso carecía el gobierno de Alberto Fernández con voceros que languidecían y se fagocitaban en su intrascendencia comunicacional.
Aníbal trae de vuelta su personalidad avasallante, muchas veces reclamada por la militancia.
Nadie espera demasiado de la gestión. La expectativa está puesta en la contundencia con la que Aníbal se planta para defender a su gobierno, como lo ha hecho antes con Duhalde, con Kirchner, con Cristina. Aníbal, siempre Aníbal...
Resta saber si este regreso -que no queda eximido de algunos cuestionamientos- hace su aporte para sacar del atolladero a un presidente debilitado.