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Alberto Fernández, el candidato que los K no tienen

Sin apoyo parlamentario, el presidente Alberto Fernández intentó recordar su desastrosa gestión y terminó a los gritos.

El presidente Alberto Fernández dio un extenso y aburrido discurso en cadena nacional dedicado a su desastrosa gestión y a la vicepresidente Cristina Kirchner, generando un apagón en la audiencia, que miraba cómo "se matan entre ellos" sin estar en agenda las demandas más urgentes, como la baja de la inflación por ejemplo.

Catarata de números, frases hechas, reconocimiento a personas que lideran instituciones públicas -en muchos casos, acomodadas-, tono bajo y una larga sarasa generó que la audiencia huyera de la TV y la radio, agradecida por el avance de las nuevas plataformas como Spotify, Netflix y las redes sociales.

La pandemia, la guerra, los medios y la Justicia formaron parte de la lista de excusas por las que, se supone, la gestión de Fernández fue un desastre hasta acá, muchas medidas acompañadas y apoyadas por Juntos por el Cambio y los gobernadores. Tan aburrido fue que la gente cercana a Sergio Massa empezó a difundir el discurso completo cuando todavía no había llegado a la mitad.

La gran pregunta es: ¿Quién ayudó a Fernández a armar este y otros discursos en los que dice tantas pavadas juntas? La vocera Gabriela Cerruti forma parte del equipo cada vez más reducido.

El militante Ricardo Forster -llamado mediáticamente como intelectual- dio una entrevista en IP Noticias en la que se corrió: "De eso se ocupaba más Alejandro Grimson", quien ya renunció. "Yo simplemente doy mi opinión pero, en general, Alberto es una persona de un caracter fuerte, discutíamos y luego él hacía lo que quería", dijo tras hacer muchas críticas a su forma de comunicar y devaluar la palabra presidencial en largas entrevistas radiales, en las que habla mucho y dice poco.

Fuentes de la Casa Rosada confirman a Urgente24 que hoy por hoy Gabriela Cerruti es la única persona que está en diálogo permanente con él para dar un paso y la que "soporta sus gritos". ¿Tal vez por eso renunciaron otros, además de su pasividad en la gestión y falta de rumbo?

Lo cierto es que hoy se volvió a ver a un presidente en extrema debilidad en el Congreso, un marco de mucha tensión tanto interna como en la oposición y una falta de recursos de Fernández para sobreponerse a la grieta.

Se podría resumir: su única misión fue demostrarle al kircherismo que él puede ser el candidato en 2023 que el propio kirchnerismo hoy no tiene. Algunos esperaban olor o tono a reelección en Alberto Fernández, pero eso quedó claro que no va a suceder. El destrato de CFK es irreversible. Ordenó a su hijo Máximo Kirchner a ausentarse. El tono fue a despedida y fin de ciclo.

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Mientras tanto, el ministro de Economía, Sergio Massa, lo miraba desde uno de los palcos juntos a Julián Domínguez y Eduardo Camaño, quienes también fueron presidentes de la Cámara de Diputados y la noticia terminó siendo la discusión de Fernández con el diputado Fernando Iglesias y los gestos hacia el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Horacio Rosatti, y su vicepresidente, Carlos Rosenkrantz. Un bochorno y demasiada falta de pericia para llegar a un objetivo concreto. Un montón de nada.

¡Menos mal que Cerruti es periodista!

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