Misiles, energía e instalaciones nucleares
Los escenarios analizados incluyen nuevos ataques contra objetivos militares y políticos dentro del territorio iraní. También contemplan instalaciones energéticas y nucleares, según informes publicados por The New York Times y ABC News. Entre los posibles blancos figura Pickaxe Mountain, una instalación subterránea vinculada al programa nuclear iraní.
Harrison Mann, exfuncionario de la Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense, planteó dos posibles vías de escalada: volver a atacar instalaciones militares y políticas iraníes o ampliar las operaciones contra infraestructura civil y energética, especialmente si Israel participa de manera directa.
La segunda alternativa elevaría el riesgo para la población y podría extender las consecuencias económicas y humanitarias del conflicto. No obstante, ABC News informó que una fuente israelí sostuvo que los planes analizados por Washington y Jerusalén no contemplaban atacar centrales eléctricas civiles. Los objetivos concretos de una eventual operación siguen sin confirmación oficial.
El Pentágono evitó confirmar las operaciones. Un funcionario declaró a la fuente que la función del departamento es presentar opciones militares al presidente y que no especula sobre escenarios hipotéticos ni acciones futuras.
Teherán advierte que responderá con más fuerza
Irán sostiene que una nueva ofensiva estadounidense o israelí tendrá consecuencias regionales. Entre los objetivos que podrían quedar expuestos figuran bases militares estadounidenses, buques de guerra, instalaciones petroleras y refinerías de países aliados de Washington en el Golfo.
El analista Gregory Brew, especialista en Irán de Eurasia Group, advirtió que las autoridades iraníes anticiparon una respuesta «mayor», «más agresiva» y «diferente» de la desplegada en fases anteriores del conflicto.
La amenaza incluye también infraestructura tecnológica. Según Brew, funcionarios iraníes señalaron que los cables submarinos de comunicaciones, los centros de datos de inteligencia artificial y otras instalaciones vinculadas a la tecnología podrían convertirse en blancos. Un ataque de ese tipo afectaría no solo a los países de la región, sino también a redes de conectividad y servicios digitales internacionales.
La tensión coincide con una advertencia de la inteligencia estadounidense. En un memorando fechado el 23 de octubre y conocido por Reuters, el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, informó que los esfuerzos iraníes para atacar a personal estadounidense habían aumentado de manera sustancial y que algunas conspiraciones habían alcanzado etapas avanzadas. La información no establece públicamente cuándo ni dónde podrían concretarse esos ataques, confirmó Reuters.
El petróleo, otro frente de la escalada
El conflicto también amenaza con profundizar la inestabilidad energética. El bloqueo naval estadounidense, las restricciones comerciales y los ataques contra el transporte marítimo presionan sobre una región clave para el suministro mundial de hidrocarburos.
El estrecho de Ormuz constituye un punto estratégico para el comercio internacional de petróleo. Una ampliación de las hostilidades que afecte buques, puertos o infraestructura de exportación podría reducir los flujos de crudo y elevar los costos de transporte y seguros.
Las consecuencias no se limitarían a Oriente Medio. Un aumento sostenido de los precios energéticos podría trasladarse a los combustibles, el transporte y los costos industriales de numerosas economías, en un contexto de incertidumbre sobre la duración de la guerra.
Más tropas y menos margen diplomático
Washington refuerza su presencia militar en la región mientras mantiene formalmente abierta la posibilidad de un acuerdo. Al mismo tiempo, las advertencias de seguridad llevaron al Departamento de Estado a ordenar la salida de personal no esencial y familiares de empleados estadounidenses en Arabia Saudita. Reuters vinculó la decisión con el aumento de las amenazas de los hutíes, aliados de Irán, y con las alertas sobre posibles ataques contra ciudadanos estadounidenses.
La nueva planificación militar no garantiza que Trump ordene una ofensiva ni que los ataques produzcan concesiones iraníes. Las operaciones anteriores dañaron capacidades militares y depósitos de misiles, pero no eliminaron todos los recursos de respuesta de Teherán.
La decisión de Washington definirá el próximo escenario: una nueva campaña aérea, una escalada regional o una negociación bajo presión militar. Mientras el Pentágono prepara alternativas y ambos gobiernos endurecen sus advertencias, la principal incógnita sigue siendo si Trump elegirá reanudar los ataques o buscará un acuerdo antes de que el conflicto se extienda.
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