Aumentan las críticas al FMI luego de sus diferencias con la Argentina
Por Pascual García (*)

Por Pascual García (*)
La actuación del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la crisis económica argentina ha vuelto a abrir la caja de los truenos respecto a la eficacia de las políticas que impone este organismo a las maltrechas economías que solicitan su ayuda. Las voces críticas sobre las recomendaciones-imposiciones que exige este singular prestamista, y los resultados de las mismas, se vienen escuchando desde hace años.
El debate de fondo sobre el Fondo no radica en qué es, que ya lo sabemos, sino en cómo funciona, en qué podría o debería ser. Dos líneas de pensamiento, dos concepciones sobre la economía y sobre la política vuelven a confrontarse en este asunto. El hijo de Guillermo Tell hubiera salido corriendo si Francis Fukuyama hubiese sido el encargado de atravesar la manzana que ¿engalanaba?, ¿amenazaba? su cabeza en una justa para determinar si los países ricos están o no obligados a ¿ayudar?, ¿devolver? a los menos ricos algo de lo que, en su día, se llevaron de allí.
Que hay niños que se están muriendo de hambre en la Argentina es una evidencia que atraganta las lentejas a cualquier bien nacido que se siente a comer a la hora del Telediario. De quién o quiénes sea la responsabilidad de que un país como la Argentina esté atravesando la crisis que padece es otro cantar.
Lo cierto es que, teóricos y demagogos al margen, cada reunión anual del Fondo Monetario Internacional, a la que asisten los ministros de Economía de los más de 140 países miembros del FMI, convoca, a su vez, a miles y miles de manifestantes antiglobalización que consideran que las cosas deberían ser de otra manera.
Enrique Palazuelos, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, se muestra muy crítico con el papel que ha desempeñado el FMI en las dos últimas décadas, en las que, en su opinión, ha ido ampliando su poder en la escena internacional. Opina que el Fondo ha utilizado este poder para imponer a muchos países no desarrollados una serie de medidas que, en muchos casos, "han resultado perjudiciales para esos países y sólo han beneficiado a los grandes inversores financieros internacionales".
Prestamista especial
.
"El FMI", dice Palazuelos, "es un prestamista especial, ya que condiciona qué es lo que hay que hacer con el dinero que presta. En los últimos 20 años, las recetas económicas que ha impuesto el Fondo han sido siempre las mismas, sea cual sea la situación del país que solicita la ayuda, sean cuales sean sus problemas, sus desequilibrios, siempre se ha aplicado la misma receta: liberalización, mercado, control de la inflación, control de los salarios, control del gasto público, privatización, apertura del mercado financiero...".
En su opinión, estas políticas han provocado, en demasiadas ocasiones, estancamientos económicos de los países en crisis, más pobreza y mayores desigualdades sociales, ajustes de caballo que han perjudicado, siempre, a los sectores más débiles de la sociedad.
Distinta es la visión de Javier Morillas, profesor de Estructura Económica de la Universidad San Pablo-Ceu, que considera que lo que no se puede pretender es que el FMI se convierta en una organización benéfica.
En su opinión, lo que no se puede, ni se debe, es considerar que el FMI, que el Banco Mundial, es una ONG. "Estamos hablando de un banco que recoge dinero de inversores y se lo presta a determinados países. Es un intermediario. El auténtico problema del FMI es que, a día de hoy, no hay financiación internacional suficiente para poner en marcha todas las demandas que requieren los países con problemas en sus economías".
Morillas subraya que el FMI se limita a exigir a los países solicitantes de las ayudas una política económica rigurosa. En su opinión, en la mayoría de los casos el problema se centra en la necesidad de ajustar un gasto público que no suele estar vinculado a políticas sociales, sino a despilfarro administrativo y a situaciones de clientelismo político.
Morillas considera que no se debería exigir al FMI niveles de implicación que no se exigen los propios ciudadanos. "En la Argentina, son los propios argentinos los que han colocado en otros países sus ahorros. No se puede pedir al FMI que tenga confianza en la economía de un país cuando no la tienen sus propios ciudadanos".
Este profesor advierte del riesgo que supone la permanente crítica que una parte de la opinión pública ejerce sobre el FMI en los últimos años. "Lo cierto es que, al final, lo peor sería que el FMI desapareciera y no se pudieran llevar a cabo las tareas de ayuda y ajuste que actualmente se aplican".
Sea cual sea el color del cristal con que se mire, lo cierto es que, a 30 de junio de 2002, el FMI mantenía créditos y préstamos pendientes de reembolso a favor de 88 países por un monto total de US$ 88.000 millones.
Según un extenso trabajo de Michel Aglietta, profesor de la Universidad París X-Nanterre (el FMI, del orden monetario a los desórdenes financieros. Editorial Akal), el Fondo se ha convertido, a partir de la globalización financiera de los años '90, en un "prestamista de última instancia".
Según Aglietta, en los años '90, el Fondo se ha visto obligado a revisar las condiciones de su intervención en un contexto completamente cambiado por la globalización financiera. "Con respecto a los países que han entrado en la globalización financiera", se dice en el libro, "el problema para el FM no es proporcionar recursos que los mercados de capitales no aportarían, sino regular el funcionamiento de los mercados, que pueden llegar a ser tanto más perturbadores cuanto más frágiles sean los sistemas financieros que engloban".
En opinión de Aglietta, cuando numerosos países emergentes parecían liberarse de la ayuda del Fondo, logrando un amplio acceso a los mercados internacionales de capitales, las crisis financieras de los últimos años han frenado bruscamente esta tendencia. "Este nuevo tipo de crisis ha dado lugar a planes de salvación muy ambiciosos, en los que el FMI ha jugado un papel fundamental, pese a que sus dispositivos de ayuda financiera estaban concebidos para afrontar déficits corrientes y no bruscos desequilibrios de la cuenta de capital".
La panorámica última que se hace en el libro dibuja una América latina que comenzó la década de los '90 con deudas importantes, secuela de la "deuda soberana" de los años '80, y con un importante acuerdo ampliado, logrado por México, de 1989 a 1993. A partir de ese momento, la crisis mexicana de 1994, se produce un salto espectacular de la ratio compromisos/cuota (lo que un país puede recibir de ayuda en función de su aportación al FMI).
"El perfil de Asia", se afirma, "es muy diferente. La dependencia de estos países con el FMI ha sido muy débil e, incluso, decreciente con la entrada de capitales privados hasta el estallido de la crisis de 1997, cuando las ayudas llegaron a un nivel respecto a la cuota jamás alcanzado".
El caso ruso
También se hace referencia a la situación de Europa del Este y Rusia, uno de los principales deudores del FMI. "En julio de 1998", se recuerda, "el FMI intervino en Rusia, que se beneficiaba ya, desde marzo de 1996, de un acuerdo ampliado de US$ 9.200 millones. En 1998, el F0ndo se comprometió a desembolsar US$ 11.200 millones adicionales, de los que la mayoría tomaron la forma de prórroga y extensión de este acuerdo, completado con US$ 2.900 millones del Servicio de Financiación Compensatoria para paliar la caída de las exportaciones. La crisis brasileña de diciembre de 1998, concluye el trabajo, dio lugar a otro compromiso a gran escala, por parte del Fondo, de US$ 18.100 millones en el marco de un plan multilateral más amplio, del orden de US$ 40.000 millones".
El trabajo concluye aquí. No se alude a la dramática situación que atraviesa la economía argentina ni a la negativa del FMI a seguir financiando la debacle financiera de aquel país. Si se revisan las cifras, el problema no es la cuantía de la inversión necesaria, sino la credibilidad económica del país y, también, la posición que desempeña en el contexto político y económico mundial.
¿Por qué unos países merecen un esfuerzo y otros no? Para algunos analistas, es una cuestión de credibilidad. Esto es, la Argentina no ha cumplido sus compromisos con el FMI y nada indica que, a partir de ahora, lo vaya a hacer. Para otros, la cuestión se reduce a cuestiones políticas. El peso de Argentina en la comunidad internacional no es el de Rusia.
La Argentina
Según el informe del Instituto de Estadísticas y Censos, la deuda externa bruta de la Argentina ( incluyendo intereses) asciende a unos US$ 140.000 millones.
El Banco Central de la República Argentina y el sector público están debiendo en bonos y títulos públicos US$ 44.558 millones. A los organismos internacionales se les debe pagar US$ 31.849 millones, siendo el FMI el acreedor principal con un 43% de la deuda.
Las obligaciones contraídas con los bancos comerciales del extranjero se sitúan en los US$ 568 millones. A otros acreedores oficiales se les debe US$ 6.203 millones, con lo cual, la deuda pública se sitúa en el orden de los US$ 83.178 millones. Sumando intereses acumulados, la cifra llegaría a los US$ 112.616 millones.
El sector privado financiero está fuertemente endeudado: con obligaciones de US$ 4.607 millones en concepto de bonos y títulos. El endeudamiento derivado del uso de líneas de crédito asciende a US$ 7.329 millones y se vuelve inconmensurable si le sumamos los US$ 432 millones que habría que cancelar a los organismos internacionales y otros US$ 2.530 millones a otros prestamistas.
En cuanto al sector privado no financiero, el panorama es el siguiente: las obligaciones contraídas con organismos internacionales son del orden de los US$ 1.000 millones y a los acreedores restantes se les deben otros US$ 30.247 millones. La Argentina ha incumplido un pago de US$ 850 millones al Banco Mundial.
El caso mexicano
La economía mexicana está lejos de crecer al 7% prometido por el presidente Vicente Fox (el 3er. trimestre de este año se situó en un tímido 1,8% interanual), pero su relativa estabilidad contrasta con la crisis que, a excepción de Chile, sufre Latinoamérica.
La deuda externa de México es una de las más bajas de la región en términos relativos. Ronda los US$ 70.000 millones, lo que supone el 12% del PIB. Además, las reservas monetarias en divisas no paran de crecer. A finales de octubre, el colchón financiero en divisas era de US$ 45.000 millones. Hace dos semanas, en una gira por Europa, Fox subrayó que, este año, el país ha reducido en US$ 3.000 millones su deuda externa y se congratuló de "no deber un centavo al Fondo Monetario Internacional".
En los primeros días de su Administración, hace ahora dos años, este organismo ofreció a México una línea de crédito contingente por US$ 20.000 millones, pero el Gobierno mexicano declinó la oferta del Fondo.
Con la inflación controlada por debajo del 5%, un déficit público del 0,65% del PIB y un crecimiento esperado para este año del 1,7%, la evolución económica de México ha sido aplaudida hasta por Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal estadounidense.
Esa estabilidad macroeconómica ha provocado mensajes tranquilizadores por parte del FMI. Su director, Horst Koehler, elogió hace unas semanas la política económica del país, a pesar de la renqueante recuperación de Estados Unidos, país al que México destina el 87% de sus exportaciones.
Recomendaciones a Lula
El director asistente del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Lorenzo Pérez, estuvo en Brasil, al frente de una misión de técnicos del Fondo, entre los días 11 y 22 de noviembre. Antes de abandonar el país, se preocupó de dejar claro que, durante su visita, había descubierto "muchas afinidades" entre la manera de pensar del FMI y el futuro gobierno de Brasil. "Este primer contacto ha sido muy animador", declaró Lorenzo Pérez antes de dejar el país.
En términos similares se manifestó Anne Krueger, subdirectora gerente del FMI, quien también formaba parte de la misión."Me voy con una buena impresión y convencida de que, si el nuevo Gobierno mantiene el conjunto de las acciones que están en marcha para sanear la economía brasileña, el país volverá a la normalidad gradualmente. Y tengo muchas razones para pensar que eso va a suceder", dijo.
Esperemos que piense así también el director-gerente del Fondo, Horst Kohler, tras la reunión que mantendrá en São Paulo el próximo día 7 con el presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. De ser así, coincidiría con las opiniones ya manifestadas, entre otros, por los presidentes del Banco Mundial, William Wolfensohn, y por el del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias.
De momento, el FMI palmea la espalda de Lula. Si sus promesas electorales de carácter social tienen o no encaje con las recomendaciones de ajuste que sugiere el Fondo, será una cuestión que habrá que dilucidar en unos meses.
Volviendo a Moscú
Superado el socavón financiero de agosto de 1998, que hizo rodar cuesta abajo al rublo hasta perder en pocos días tres veces su valor frente al dólar, la economía rusa parece encarrilarse mal que bien por los raíles fijados por el Fondo Monetario Internacional (FMI). No en vano, desde el acceso de Vladimir Putin al poder en 2000, el país ha registrado sus primeros dos años consecutivos de repunte desde la caída de la URSS en 1991 (9% de crecimiento del PIB en 2000, 5,1% en 2001, y una previsión para 2002 del 4,4%).
En 1998, Moscú negoció con el FMI un adelanto de las ayudas por valor de 22.600 millones de dólares para los siguientes dos años. Desde entonces, Rusia parece haber aprendido a andar sola gracias a los precios elevados del petróleo (dependencia que el FMI insta a reducir) y a una reducción de la inflación que, según el Gobierno, no debe sobrepasar este año el 14%.
El reconocimiento de Rusia como economía de mercado por parte de la UE y USA el pasado mes de junio deja a Moscú a las puertas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Sin embargo, antes de integrar sus productos en el circuito económico internacional, Moscú debe liberalizar sus mercados energéticos. Además, el FMI ha reprendido a Moscú por relajar su política fiscal (basada en un impuesto único sobre la renta del 13%) respecto al ejercicio anterior.
El organismo exige también la liberalización del sistema bancario y de los monopolios de recursos naturales, así como la reducción de la burocracia, que colapsa a la Administración Pública.
Final: Asia
Calificada como el "alumno estrella" del FMI, Corea del Sur ha cumplido la mayoría de sus compromisos financieros.
Tras recibir, en 1997, US$ 58.000 millones por parte del FMI, Seúl ha saneado las finanzas, puesto la economía del país en la senda de la reactivación y el crecimiento y saldado todas sus deudas.
La banca ha reducido los impagados de un 13% del total de créditos, en el momento de la crisis, al 2,4%. La tarea pendiente del Gobierno de Kim Dae Jung es la privatización del banco Chohung, una de las medidas incumplidas que el FMI incluyó en su paquete de reformas estructurales. Pese a todo, la deuda de las familias coreanas suma ya el 40% de todos los créditos emitidos por la banca, lo que representa un peligroso 70% del PIB.
Por su parte, el archipiélago indonesio es la "oveja negra" del FMI. Recientemente, el Gobierno se ha visto obligado a complacer públicamente a este organismo a cambio de la promesa de un crédito fresco de US$ 5.000 millones.
El Gobierno de Yakarta se ha comprometido a entablar demandas judiciales contra los banqueros que aún no han amortizado la deuda en la que incurrieron durante la crisis de 1997. La receta del FMI continúa incluyendo la privatización del banco nacional Niaga y la venta de deuda pública. Yakarta se apresta a vender el 51% del patrimonio del banco, pero la salida a bolsa se complica debido a la muy precaria situación en la que se encuentra el mercado de valores indonesio.
----------
(*) Suplemento Nueva Economía, diario El Mundo, Madrid, España.