Pasatiempo: Walter Molano siempre arma quilombo
Por Manuel Santelices (*)
Por Manuel Santelices (*)
¿Y quién es Walter Molano?", preguntó el Presidente. "Seamos serios. ¿Ok?". Y así, con dos frases, puso a este analista financiero del BCP Securities en la primera plana de la discusión nacional.
Para quienes, como el Presidente, no lo saben, Walter Molano es jefe de estudios y estrategia para América Latina de esta firma de inversiones instalada en el bucólico pueblito de Greenwich, Connecticut. BCP no es JP Morgan, Credit Suisse o Salomon Smith Barney. Es mucho más pequeña, pero su opinión pesa en Latinoamérica, y en Chile más ahora, con la inesperada notoriedad que le dio el gobierno.
Molano, que lleva estudiando la economía regional para distintas instituciones financieras durante más de una década, tiene la importante y, podría imaginar uno, desagradable tarea de "ponerle nota" a nuestros países y aconsejar a sus clientes, potenciales inversionistas, sobre las ventajas o desventajas de invertir en ellos. Chile, hasta ahora, había estado en un punto alto en sus informes, pero el último acusó una supuesta falta de solidez en las finanzas públicas del país. El Presidente no quiso escuchar sus razones y, por lo mismo, abrió la puerta para que otros lo hicieran.
Curiosamente, Lagos y Molano estudiaron Economía en el mismo lugar: Duke University, en North Carolina. "Yo sabía de él cuando entré a estudiar", cuenta el analista sentado en un restaurante en una de esas tranquilas y cuidadas calles de Greenwich, "pero nunca lo conocí. Estudiamos en décadas diferentes". Es difícil decir si los indiferentes comentarios del gobernante lo molestaron, y si uno le pregunta, responde encogiendo sus hombros y lanzando un simple: "Es cosa de él. No lo conozco, él no me conoce. No es nada personal".
Aunque es hijo de padres colombianos y pasa tres semanas al mes viajando por Latinoamérica, Molano poco y nada tiene de latinoamericano. Nació, creció y estudió en USA –su español va a veces de atrás hacia adelante, como una mala traducción, como lo hablan tantos americanos– y quizás por lo mismo la política de la región, y la forma cómo afecta la economía, no deja de sorprenderlo. Sin embargo, entiende sus viciosos laberintos.
Hay teorías que señalan que este economista sería parte de una conspiración política destinada a destruir la confianza en el manejo fiscal chileno. "Yo no soy chileno…", repite una y otra vez, tratando de explicar que en Connecticut, donde vive con su mujer y sus dos hijos, las divisiones que cruzan a Chile poco y nada importan.
Sus informes, que a veces han sido acertados y otras errados, pero casi siempre muy acertados, no tienen, asegura, una intención política. "Mi trabajo es aconsejar a mis clientes", señala. "Estudiar los índices económicos y determinar si es mejor comprar o vender. Eso es todo". Puede que así sea, pero no son pocos los que lo acusan de llevar sus opiniones mucho más allá de los ámbitos técnicos, y si uno lee el título de su último reporte sobre Chile, titulado "Donde hay humo, hay fuego", no cabe duda de que éste es un analista con opinión o, al menos, con cierta vena literaria.
–¿Lo sorprendió la reacción que provocaron sus comentarios en Chile?
–Sí, me sorprende y me preocupa. Yo he estado siguiendo a Chile desde hace casi 14 años, viajando al país frecuentemente y he aparecido bastante en la prensa, a veces con declaraciones a favor y otras con críticas. Pero mis proyecciones jamás habían provocado ninguna reacción a nivel político en el país.
–¿Cree que en esta ocasión la reacción se debe a que las críticas fueron especialmente duras?
–Yo he sido tan duro o tan positivo antes como ahora. He ido a reuniones del BID con el ministro Nicolás Eyzaguirre en momentos en que he tenido una posición muy crítica respecto a lo que sucedía en Chile, y nunca tuve problemas con él.
–¿Tiene algún tipo de relación con él? ¿Conversan a menudo?
–No. Lo conozco, he estado en conferencias con él, y definitivamente me conoce. A nivel personal, le tengo un respeto enorme y en lo profesional creo que es un gran economista. Durante el primer semestre de este año dije muchas cosas positivas sobre el Ministerio de Hacienda y su conducción.
–¿Por qué cambió su opinión?
–Me preocupa mucho que se haya politizado el tema económico en Chile y la conducta de ciertas personas. Ahora se habla de una conspiración de la que yo estaría formando parte, una colusión entre grupos políticos… Me sorprende mucho que gente a ese nivel tenga ese tipo de dudas.
–¿Cuáles son sus fuentes de información para crear un informe como el que hizo sobre Chile?
–Mis fuentes de información son las fuentes públicas. Uno tiene tasas de crecimiento, tasas de interés, tipo de cambio, balanza de pagos, etc… Y de acuerdo a eso forma su propio modelo.
–Pero si sus conclusiones provienen de cifras oficiales, ¿cómo puede entonces acusar de falta de transparencia al gobierno?
–Uno estudia todas las variables que influyen en la economía y que el propio gobierno publica. Así se puede observar una economía que tiene un comportamiento deprimido. Las proyecciones del gobierno para el año entrante son mucho más altas de lo que podría esperarse, y no han explicado cómo llegarán desde los índices actuales a los que prevén para el próximo año. Todas las proyecciones tienen algún margen de error. Quizás ellos se están basando en el optimismo, pero uno, como analista de mercado, debe decirle a sus clientes que existe una posibilidad de que lo que se promete no se dé, y que si eso sucede habrá algunos efectos negativos.
–Pero tener fallas en la proyección es muy distinto a la falta de transparencia de la que usted acusa al gobierno…
–Lo de la falta de transparencia salió del informe de Dan Tiletson, de Prudential & Financial. Yo no he dicho que haya falta de transparencia.
–¿A usted le parece que sí hay?
–Lo que he dicho es que la situación fiscal del país es mucho peor de lo que Chile reporta inicialmente. Si uno agrega todos los elementos del sector público Banco Central, empresas públicas y gobierno central, y suma todo eso, aparece un déficit fiscal mucho más alto que lo que se ha informado en los discursos del gobierno. En la presentación del Banco Central de hace un tiempo, comparaban sus cifras de déficit fiscal con las posiciones consolidadas de los otros países latinoamericanos, señalando que ellos estaban mucho mejor. Eso no es justo. Es como comparar peras con manzanas. Lo de la transparencia comenzó a salir ahora, después de ese discurso, cuando salió el informe de Tiletson.
–¿Cuál es su principal preocupación, entonces?
–En mi informe trato de explicar por qué Chile no está creciendo al nivel de su potencial, que es, como dice el gobierno, de un 3% ó 4%. Eso sucedería si todos los motores de la economía estuvieran encendidos, pero no es el caso. El motor de exportaciones está muy encendido, aun con un precio del cobre más bien reprimido. Pero los motores de la demanda interna están muy apagados. La pregunta es por qué, y la respuesta a la que he llegado es que el consumidor chileno ha perdido confianza en Chile. Esto tiene que ver mucho con la comunicación que sale del sector público hacia el sector privado, especialmente en temas como la reforma laboral, la reforma fiscal, la privatización de Enap y ese tipo de cosas. Hay falta de comunicación, de coordinación, el mensaje es confuso y eso tiene a los chilenos preocupados.
–Pero en tiempos de crisis, la falta de confianza es un fenómeno compartido en toda la economía mundial.
–Sí, claro. Pero yo creo que Chile podría estar creciendo a su potencial. Si miramos a los países asiáticos, Corea, China, Tailandia, vemos que su economía está creciendo fuertemente porque hay un incremento en la demanda interna. En Chile la demanda interna también debiera estar funcionando muy bien, porque hay una política fiscal expansiva, un crecimiento en el gasto, las tasas de interés están bajas, pero eso no está sucediendo. Y la única respuesta es la falta de expectativa de los chilenos.
"¿Quién es Lagos?"
–¿No siente responsabilidad sobre los efectos que sus juicios tienen sobre nuestra economía?
–Mi informe no está hecho para difundirlo a toda la sociedad. Este es un informe para nuestros clientes, que son los inversionistas, que deben decidir si comprar o no los bonos chilenos. No es una recopilación para influir en el ánimo de la sociedad chilena ni es un informe político. El papel de los analistas de mercado es alertar sobre los riesgos que existen. Nosotros no somos voceros de un país o una empresa; no es nuestro papel decir: "Salgan a consumir, todo está bien". Eso lo tienen que hacer el Presidente y el ministro de Hacienda. La queja es que esa conducción no se está llevando bien. Si se anuncia que van a privatizar Enap un lunes, y el miércoles lo niegan en medio de un lío político, ¿qué deben pensar los inversionistas o los consumidores chilenos? ¿Qué va a pensar un empresario con los cambios que ha sufrido la reforma laboral? Yo no soy el que ha creado esas condiciones, sino el que pone la señal de alerta para nuestros clientes. Y también he hecho lo contrario, señalando lo positivo cuando, por ejemplo, sube el precio del cobre o los partidos se alinean detrás de la conducción del ministro.
–¿Cómo hace para que sus informes no se tiñan con sus propias opiniones políticas?
–Es difícil que eso suceda, porque yo no soy chileno. Hay otros analistas de mercado que si lo son, y cuando uno va a Chile escucha sus nombres y siempre hay comentarios… "Bueno, tú sabes que su papá era tal, o que estuvo participando en algún gobierno…". Yo no soy chileno. De hecho, casi ni soy latino, como lo demuestra mi castellano. Yo estudié toda mi vida en Estados Unidos, y si tengo algún alineamiento político es aquí, no allá.
–¿Y cuál es su alineación aquí?
–Bueno, ahora estoy molesto con los dos partidos. Pero lo importante es decir que en ocasiones he sido muy positivo en mi análisis de Chile. Los mercados son así, suben y bajan.
–¿En este momento está aconsejando a sus clientes que no compren bonos chilenos?
–Mi consejo es que "vendan Chile", porque dadas las condiciones actuales creo que la ganancia no está compensando los riesgos que se están corriendo. Yo no creo que la economía vaya a crecer al 4% el próximo año…
–¿A cuánto cree que crecerá?
–1,5%.
–¿Tanta diferencia?
–El año pasado dije el 2%, cuando ellos estaban diciendo el 4%. Pero ésa es mi opinión, que no es infalible. Si yo tuviera una bola de cristal me dedicaría a otra cosa.
–Andrés Lederman, de Salomon Smith Barney, dijo que no le aconsejaría a sus clientes que dejaran de comprar bonos chilenos, que eran menos rentables que otros, pero era "plata segura". ¿No está de acuerdo?
–Sí, sí es segura, claro. El precio del bono, cuando empezó todo esto, era de 170 puntos básicos sobre la curva. Ahora está a 250. Todo tiene un precio relativo. Lederman es un economista que ha hecho un análisis económico; el mío incluye, además, un análisis del precio de mercado. Para mí, Chile era muy caro a 170 puntos. Ahora, lo que hay que tener en claro es que el precio no cambió cuando yo hice mi informe, sino cuando le dedicaron tanta atención después de que el Presidente dijo: "¿Y quién es Molano? Seamos serios".
–¿Le molestó el comentario?
–No… Me pareció bastante brusco para una persona seria como él. Pero no me molestó. Como no lo conozco, no lo tomo a título personal. Si pregunto a la gente aquí en la calle quién es Ricardo Lagos, le aseguro que el 95 por ciento no tiene la menor idea. La declaración "¿Quién es Molano? Yo no lo conozco" es la verdad. Nos movemos en mundos distintos: él en lo político, en lo multilateral, y yo en lo financiero.
–Hay rumores en Chile de que usted tiene contactos cercanos con la oposición. ¿Es verdad?
–Yo tengo contactos con todo el espectro. Tengo contactos con gente de derecha, pero también con gente de izquierda. Lo que sí he notado, y es algo que me ha sorprendido, es que la guerra fría no ha acabado en Chile. Es una sociedad muy polarizada, la más polarizada de Latinoamérica, donde todo se divide en derechas e izquierdas. Yo no marco así mis contactos, ni me limito a hablar con gente de tal o cual sector.
–El tono de su informe se contradice con la imagen de Chile, que aparece como el mejor posicionado entre los Latinoamericanos. ¿Por qué?
–Ese es el trabajo del analista, que no tiene que aceptar todo tal y como se le presenta. Aquí se da un conflicto natural en los bancos de inversión, que son los que hacen las colocaciones de los bonos de los países. Ellos tienen sus analistas. Viendo la alarma que se ha generado en Chile, ¿cree usted que alguien en alguno de estos bancos que tiene la esperanza de lanzar el bono, como el Salomon Brothers, van a dejar que su analista haga una crítica de Chile? Ni locos.
–Pero no ha respondido la pregunta.
–Sí, Chile tiene una buena reputación, y en comparación al resto de los países es muy bueno. Pero tampoco acepto el argumento de las autoridades chilenas, que dicen que si no fuera porque están situados en un mal vecindario estarían mejor incluso de lo que están. Ellos culpan mucho a la región del bajo nivel de actividad económica dentro de Chile, y no quieren aceptar que los problemas, muchas veces, se deben a sus propias acciones.
–¿No es un poco iluso pensar que lo que suceda en Argentina o Brasil no afectara a la economía chilena?
–Los inversionistas no son tontos. El hecho de que Chile estaba cotizado a 170 puntos básicos sobre la curva, mientras que Argentina está a cuatro mil, Brasil a dos mil y Perú a 800, te dice de inmediato que el mercado está haciendo la distinción y que la situación en Chile está mejor que en otras partes. Pero cuando Chile empieza a actuar como un país clásico latinoamericano, con un discurso tan brusco como el del Presidente, hablando de conspiraciones y todo eso, el mercado lo va a castigar. El escándalo que han armado respecto a mis opiniones ha provocado mas preocupación y dudas respecto al país que las que existían antes. Ahora está todo el tema de la transparencia, de la deuda chilena… El informe último que presentaron sobre la deuda creó más dudas que respuestas.
–¿Por qué?
–Porque agregan deuda interna contra deuda externa, y hablan de cifras que son dudosas, especialmente cuando se habla de posiciones netas. Uno necesita ver el desglose, los activos y los pasivos del país, de otra forma es muy difícil llegar a una conclusión real sobre el estado de la economía. El resto de los países de la región informa sobre sus pasivos y sus activos, no sus cifras netas. ¿Por qué el gobierno chileno no hace lo mismo? Eso es lo que ha levantado acusaciones de falta de transparencia. Si Chile está tan bien como dicen, entonces no habría nada que ocultar. Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela, Colombia, México muestran sus obligaciones brutas. ¿Por qué a Chile le cuesta tanto?
–¿Usted qué se responde frente a esa pregunta?
–Yo no soy chileno, aunque he aprendido mucho del país en estas semanas.
–¿Cómo ve la colocación del bono de US$ 800 millones en 2003?
–Yo creo que están preocupados, y por eso vienen a Nueva York en estos días a reunirse con los bancos interesados en vender el bono. Pero es difícil hacer una proyección, porque es un bono que va a ser colocado en unos seis meses más y muchas cosas pueden pasar hasta entonces. Lo mejor que el gobierno chileno podría hacer es parar la controversia. Si se callaran la boca, en tres semanas todo el mundo se olvidaría de este lío y podrían lanzar su bono a los niveles que tenían pensado.
–¿No habría que esperar a ver qué pasa con ese bono antes de aconsejar vender, como lo ha hecho usted?
–Es que si la economía chilena no crece a su potencial, el déficit fiscal, que ya es grande, seguirá creciendo y será financiado con más bonos. Y lo que se está financiando es gasto. Un bono es un capital para ser usado a largo plazo, y si uno sale a financiar su gasto a largo plazo, va a acabar muy mal. Lo que habría que hacer es tomar una hipoteca para cubrir una inversión también de largo plazo, que es lo que hace cualquier empresa. Chile está cometiendo los mismos pecados de todos los países latinoamericanos. Tiene un nivel de gasto que el gobierno sabe que no es sostenible con su nivel de ingresos. El incremento en el gasto para el año entrante será de un 3.8%, en circunstancias que la economía no crecerá a un 4%, que es lo que necesitarían para cubrirse. Entonces, dicen: "Bueno, salimos y lo financiamos". Y bien, la situación en Chile está estable ahora, y si hacen lo mismo el año que viene, las cosas van a estar un poco peor, pero no horribles. Pero así, cada año será peor y peor, hasta que en cinco o siete años se encontraran en verdaderos problemas.
–¿Usted recortaría el gasto?
–Ese es el tema político. El gobierno no quiere reducirlo, y por eso se ha politizado la discusión. No quieren aceptar la privatización como una forma de financiar el gasto. Prefieren hacerlo con emisión de bonos. Pero son los extranjeros los que tienen que comprar los bonos y los que tienen que pensar si ésa es una buena movida, si Chile va a ser un mejor país después de esa táctica. En mi opinión, no es así.
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(*) Cosas, Santiago de Chile.