En sus inicios, en el siglo XIX eran los suscriptores los que sostenían económicamente a los periódicos. Para 1900, los principales ingresos de los diarios provenían de la publicidad. Entonces, la política y el partidismo dejó de ser lo central. Los hechos y los "datos" se convirtieron en lo más importante.
Fue entonces cuando la radio y la televisión irrumpieron en el mercado, brindando una inmediatez que el periódico no podía dar. Así fue que los periódicos se volcaron a los informes más contundentes e investigativos. Un ejemplo: El Watergate. Las personas que simplemente querían averiguar qué sucedió podían ver la televisión, por lo que los periódicos tenían que ofrecer algo más.
Unos años después irrupió Interrnet y aún no se sabe qué va a suceder. A finales de los '90, algunos medios estadounidenses comenzaron a indagar en plataformas informáticas. Las companías tecnológicas obligaron al periodismo a modificarse. Los trabajos de investigación comenzaron a perder valor: Cuando el Times publicó una historia exclusiva y profundamente informada sobre WikiLeaks, que llevó meses de trabajo de investigación y una gran cantidad de dinero, el Huffington Post publicó su propia versión de la historia, usando el mismo titular, y eliminó la historia del Times en los rankings de Google.
Ahora, muchos sitios de noticias se financian con la conocida como "publicidad nativa", anuncios que parecen artículos. Muchas veces, este tipo de publicidad es difícil de distinguir. Ahora, muchos medios, como The New York Times y The Guardian, buscan financiarse a través de sus lectores. Algunas opciones son la suscripción o "muro de pago" o una "membresía voluntaria", que permita mantener el sitio gratuito.
Muchos dicen que, durante la campaña electoral de Donald Trump del 2016, el periodismo estadounidense volvió a sufrir un cambio rotundo. Un candidato polémico, auge de noticias falsas y una mayor demanda de medios "serios". Entonces, el Times sumó ciento treinta y dos mil nuevos suscriptores. Trump sigue atacando a la prensa, y esta se sigue fortaleciendo.
Sin embargo, el futuro es incierto. La mayoría de las personas no están dispuesta a pagar por información de calidad, al mismo tiempo que los formatos quedan obsoletos. Ya casi no importa si un periodista sabe de política o de economía, sino si conoce herramientas de diseño interactivo, edición de video y programación. Muchos medios exploran nuevos horizontes: Videos breves, podcast, infografías interactivas. Al mismo tiempo, el problema de la financiación: ¿Quién pagará por todo este trabajo si los anunciantes están en Facebook y Google? Aún no hay respuestas definitivas y el abanico de posibilidades es extenso.