Descartando las deserciones totales o a medias (desocupación y subocupación, en la jerga lega), se nota también el retroceso salarial de la nómina registrada, pública y privada, del 12% y en ascenso.
El director ejecutivo de AFIP lo puso en palabras: "No se generó empleo durante el último año y el poder de compra del salario no logra empatar a la inflación. Noviembre no fue distinto. Eso por supuesto tiene su impacto en el consumo y en la actividad económica. Y a eso lo vemos en la recaudación del IVA impositivo, que también quedó algunos puntos atrás de la inflación", señaló.
La repercusión de que haya descendido la masa imponible de las remuneraciones y la inflación licúe su poder adquisitivo se sintió, asimismo, en que AFIP recaudó 4,6% menos de IVA, es decir, de la porción del consumo en blanco de la que nadie, o casi nadie, por las excepciones, se salva.
Alarma contante y sonante
Por 5to mes consecutivo, los números reales de la caja fiscal vienen para atrás, lo cual enciende las alarmas sobre la contracara negativa de la recesión por el lado de los ingresos, ya que, vista desde los gastos, banca la comodidad de evitar decir que no anke de no perseverar en la ejecución práctica de las políticas, y dejar que el trabajo sucio del recorte lo haga la inflación.
Es que nada más que con comparar la recaudación con el crecimiento del nivel general de los precios (de los pocos factores que se van para arriba, junto a las tasas de interés) se ve con claridad que el relegamiento supera los 14 puntos: 33,7 contra 48%.
La estacionalidad del fin de año y el estímulo adicional de las promociones primaverales de comercio digital (como el Black Friday extendido y antes el CyberMonday) le están dando una manito al alicaído consumo, de lo cual el ente recaudador registró, como aperitivo del IVA que entrará en diciembre, el incremento del 45,3% de las entradas del impuesto al cheque (débitos y créditos bancarios).
Como las tres cuartas partes del gasto público está indexada hacia atrás, obviamente, y la cobranza registra los niveles del día a día (sucede con tarifas de servicios públicos, combustibles, transporte, jubilaciones, ¿paridad cambiaria?), cualquier meta descendiente que se quiera aplicar tropieza con una espiral que viene en sentido contrario.
El counter del déficit 0 empieza así a girar y las miradas del equipo de gobierno se dirigen a los que no tienen voz en Argentina, como se ve que sí en Francia y cómo): los contribuyentes de siempre.
En el análisis que ensayó durante el anuncio de los resultados de noviembre, Cuccioli deslindó responsabilidades: "En un contexto de debilidad económica, la recaudación se defendió bastante bien. Con la caída de la actividad debería haber algún salto hacia la informalidad y no lo estamos viendo. La fiscalización está sosteniendo a una recaudación que se tendría que haber visto más afectada”.
Y lanzó una advertencia digna de ser tenida en cuenta acerca de los límites que tiene una desmedida presión impositiva: “La capacidad de la fiscalización para combatir al efecto de la recesión llega hasta un punto. Vemos que hay mucho uso de nuestros planes de pago y eso da la idea de que algunos contribuyentes, incluso queriendo hacerlo, no pueden cumplir".
La incógnita de cómo sigue la película del ajuste reside en el verdadero comportamiento que tendrá la actividad económica. Hay un abismo entre el cálculo de un leve retroceso del -0,5%, como el que consta en el sancionado por ley (y acordado con el FMI) Presupuesto 2019, y estimaciones opositoras de -2,2%, como la brindada a BAE Negocios por el director de PxQ y ex viceministro K, Emmanuel Álvarez Agis.
La diferencia se verá expuesta en la recaudación faltante, con lo cual entre ambos extremos de PBI esperado, anida un mínimamente 1% de déficit primario, que habrá que ver de dónde y a qué tasas se consigue financiar.
Cuando ocurren estos desajustes fiscales, como el que asoma, la cátedra desempolva la reforma previsional como receta milagrosa tan nuestra para bajar el gasto, como lo suelen ser las cosechas para salvar una languideciente economía.