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Apenas un puñado de gremios puede cantar las 40 en paritarias

Petroleros y camioneros se erigen hasta ahora, junto a los judiciales, en las excepciones que consiguieron saltar el cepo salarial en el que la aceleración inflacionaria, encima del 40% anual, dejó atrapado al medio centenar de convenios colectivos de trabajo celebrados este año. Habían arrancado en el tope oficial del 15% y en algunos casos lograron corregir al 25% a mitad de año. La recesión es una barrera infranqueable a cualquier intento colectivo de actualización de las remuneraciones, ya que la conservación de los empleos ha pasado a ser prioridad gremial. Hay grandes sectores que suman afiliados por millones, como la alimentación, estatales, textiles, metalúrgicos, construcción, comercio, que salieron perjudicados por acompañar por porcentajes establecidos por el gobierno y no disponen de cláusulas gatillo que les repongan los arriba de 10 puntos que llevan perdidos, cuando aún restan 2 meses para finalizarlo. Muy difícilmente puedan volver a sentarse este año con las representaciones patronales para rever los números, y queda por verse si prospera la iniciativa de algunas empresas de dar algún bono compensatorio no contributivo a fin de año.

“Dime en cuánto cierras paritaria y te diré a qué sector de la economía perteneces”, sería la versión en esta Argentina inflacionaria del proverbial dicho que alude a vincular cómo le va a cada uno con las compañías que tiene.

Petroleros, una de las actividades que mayor transferencia de recursos recibió durante la gestión macrista, rompe el chanchito y se despacha con un 45% ante la petición gremial.

Tiene con qué, porque la fórmula crudo internacional + devaluación trasladada a los surtidores ya superó en el promedio hasta setiembre ese porcentaje, y en el caso de la nafta premium hasta le llevaría sacado un 50% de ventaja.

Camioneros, liderados por los Moyano, donde aún es controlada la logística nacional altamente vialdependiente desde cuando se desactivó el ferrocarril, en franca desventaja aunque ahora haya recuperado algo de terreno.

Pero además se caracteriza por la delgada línea que separa los intereses patronales de los de los trabajadores, y ya es la 2da vez en el año que marca el camino de la recomposición salarial: venía con un retraso del 15% a mitad de año, corrigió la primera pauta acordada del 15 al 25 y ahora saltó al 40%, a tono con la tasa de inflación.

Y hasta Judiciales, que se hace valer como uno de los poderes fuertes del Estado y suele sostener privilegios sobre el resto de la sociedad, se pudo trepar al escalón del 40%.

Ninguna de estas 3 áreas de la economía está directamente inhibida por la recesión para impedir que las partes se puedan sentar a discutir remuneraciones, como sí sucede con casi todo el resto.

De los 9 grandes gremios que habían avenido a aceptar el tope oficial del 15% a comienzos de año, tras las corridas cambiarias entre mayo y agosto, especialmente, alimentación y Siniep (estatales) son los que más perdieron frente al alza de los precios, -17%. Textiles resignaron -15%, metalúrgicos -14%, construcción -13%, sanidad 11% y mercantiles 10%.

En casi todos los casos, las representaciones empresarias vienen mostrando que preferirían no tocar paritarias, aunque estarían abiertas a otorgar algún bono compensatorio no retributivo a fin de año.

En esas condiciones estaría la mayor parte de los 6,3 millones de trabajadores del sector privado que perciben promedio $34.830 (serían $42.398 si se incluye aguinaldo), de acuerdo con el cálculo de la cartera laboral. El tercio fuera de convenio quedó librado a la buena de Dios.

Golpe al salario

Para los que viven de un sueldo, 2018 pelea palmo a palmo con 2002 como el peor año para los bolsillos. En aquella oportunidad, la crisis le había extirpado 16,5% para recién en 2004 reintegrarle 10,3%.

Ahora no se le distingue el fondo al barril. El Observatorio de Derecho Social de la CTA calcula entre -10,1 y -13,8% el deterioro a partir de la 2da mitad de este año, que para todo 2018 estima en 6%.

Al tomar como referencia el índice de CABA (ya que el del INDEC estuvo suspendido por emergencia estadística al comienzo de la gestión de Cambiemos) y medir la evolución que tuvo el poder adquisitivo de los salarios de convenio desde octubre de 2015 hasta julio último, llega a la conclusión de que acumuló -9,9% de retroceso.  

Desde la óptica de costo laboral en aras de una mayor competitividad internacional, los salarios en dólares de la industria se siguen ubicando un 43,1 % por encima de los de Brasil, brecha cercana al promedio de los últimos 20 años, que compara con picos de 192,6 % (Argentina vs Brasil) en octubre de 2015 y de 173,1 % en octubre de 2001, de acuerdo con lo informado por IERAL de la Fundación Mediterránea.

También al efectuar comparaciones con los servicios (no transables, pero determinantes de los flujos turísticos, el salario neto del sector de hoteles y restaurantes a setiembre de 2018 se ubica algo por encima de las remuneraciones en dólares de Perú y Brasil, pero significativamente por debajo de Chile y Uruguay.

En setiembre de 2018 ocurriría lo contrario de marzo de 2017, según el reporte, cuando tomando una canasta amplia de productos y servicios, Argentina resultaba cara en dólares en la mayoría de los ítems, tanto contra países de la región como del resto del mundo

Actualmente, se abarataron desde el precio de la carne vacuna, los servicios de internet, el costo del transporte público, la leche, el agua, gaseosas, el menú McDonalds, hasta la indumentaria, zapatillas, combustibles e inclusive el alquiler de un departamento de un dormitorio.

La fotografía actual del tipo de cambio real bilateral contra el dólar se encuentra en un nivel comparable con el de 2007, cuando aún la Argentina conservaba superávits gemelos, fiscal y de cuenta corriente.

En la medición del tipo de cambio multilateral y el bilateral contra el real, el índice sería similar al de 2011.

Hasta cierto punto, la recesión puede frenar presiones sectoriales para recuperar posiciones salariales tras la devaluación dentro de la dinámica inflacionaria que el propio gobierno atiza con los precios regulados.

Ocurre con los tarifazos en los servicios públicos y, por caso, al autorizar un nuevo incremento a la medicina prepaga, que habilita al gremio de sanidad a justificar una demanda adicional en su paritaria: o sea que el carrusel sigue girando.

La política aplicada por la Administración Macri para modificar la estructura de precios relativos a través de las autorizaciones reguladas, empezando por los brutales aumentos en los servicios públicos de luz, gas y agua trasladados a los usuarios, terminó reavivando el circuito indexatorio y vuelven a entrar a tallar los subsidios (gasto fiscal): ya no se sabe si el perro se corre la cola, o la cola es la que corre al perro.  

El economista Damián Di Pacce calculó que desde que entró en acción la lapicera estatal en la estructura de los precios relativos, a partir de abril 2016, los aumentos autorizados llegaron a estar un tercio encima del nivel general y con la devaluación se proyectaron aún más fuerte en la estructura de costos de las empresas, si bien medidos en dólares, como en el juego de la oca, terminaron retrocediendo varios casilleros en el objetivo de recuperación de las tarifas al que se ha venido aferrando el gobierno.

Finalizado en el índice de octubre el traspaso a precios de la devaluación, pass-through, como prevé el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, empieza un nuevo capítulo de especulación con el carry trade, con el dólar enfriado por el desembolso del tramo ampliado del Fondo Monetario Internacional y las tasas por las nubes que dieron una ganancia del 8% mensual el mes pasado y en noviembre van por más en la medida en que la paridad se atrase.  

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